viernes, 26 de mayo de 2017

LO MÁS PREOCUPANTE DEL REGRESO DE SÁNCHEZ

La contundente, y ciertamente meritoria, victoria de Pedro Sánchez en las denominadas primarias del PSOE, frente a todo un "aparato", si bien venido a menos, en contra y basándose en un discurso tan simplista y sectario como la mera insistencia en el "no es no" a Rajoy y a la malvada derecha, cabía enmarcarla, aun con todas las peculiaridades que pudieran apuntarse, en la actual coyuntura política en Europa. Como en Francia, como en Gran Bretaña., los militantes socialistas españoles también han querido contribuir a ponerle la puntilla a una socialdemocracia europea que sufre sus horas más bajas. Al igual que socialistas franceses y laboristas británicos, han elegido a su líder cegados por un discurso extremista y de tendencia antisistema, tan en boga en estos tiempos de "posdigestión" de la crisis económica, que asimilan hasta el punto de llegar a desnaturalizar a la misma tradición socialdemócrata y, con ello, llevar al suicidio electoral a su propio partido.

Ha resultado muy significativo que las "bases" del PSOE hayan rechazado a la candidata apoyada por ese mismo "viejo testamento" que cosechaba amplísimas mayorías absolutas en las urnas, y que en cambio hayan respaldado de manera entusiasta a quien ha pasado, como decía un mediático político socialista madrileño, del peor resultado de la historia al peor resultado de la historia. Apenas 190.000 afiliados, o la mitad de ellos, pues, han decidido inmolarse, pero no deberían imponerse sobre millones de votantes y, ni mucho menos, llevarse por delante a España.

Porque lo más preocupante, con serlo, no es la "podemización" del PSOE tras la elección de Pedro Sánchez por una militancia escasa y radicalizada, sino su posición ante la nueva vuelta de tuerca del desafío golpista del separatismo catalán. Cabe preguntarse si va a actuar con la firmeza que cabría esperar de un partido hasta ahora garante del sistema constitucional y la unidad nacional, o si procederá con una ambigüedad tacticista con tal de ganarse, por si es preciso en algún momento, el respaldo independentista y, de paso, dejar solo a su odiado Rajoy con tal de intentar contribuir a su desgaste.

Tras llegar a definir en pleno debate de primarias la nación, no como concepto discutido y discutible como hiciera su más nefasto antecesor, sino como "un sentimiento", todo cabría esperar de semejante veleta político transmutado en extremista.

viernes, 19 de mayo de 2017

¿COMO FELIPE O COMO HERNÁNDEZ MANCHA?

Presentar propuestas, proposiciones de Ley, enmiendas, controlar la misma acción del Gobierno... Todo lo que tenga que ver con un parlamentarismo burgués-liberal en el que no creen, devanarse los sesos y trabajar para sacar adelante ideas concretas para intentar mejorar la calidad de vida de los españoles, les cansa y les aburre. Es superior a sus fuerzas. Lo suyo es el "agit-prop" permanente y el circo mediático, así que, tras el rotundo fracaso de ese "odiobús" que iba a sembrar la zozobra en todos los rincones de España, necesitan montar el gran y definitivo espectáculo al que no se puedan resistir unas cámaras de televisión cuya presencia siempre aspiran a acaparar.

Por tanto, y al albur de un río convenientemente revuelto desde variadas e inimaginables instancias que están logrando que la consolidación de la recuperación económica pase prácticamente desapercibida, presentemos una moción de censura contra un Ejecutivo que apenas lleva seis meses en el poder, sí, pero a qué esperar. No solo se trata de paralizar la vida parlamentaria para, al menos durante un tiempo, dejar de trabajar en minucias como leyes, iniciativas o enmiendas (uf, qué aburrimiento) y ponernos en lo que sabemos, nos gusta y nos entretiene, esto es, en el "postureo" y el "posemos" de altas dosis; además, ha de coincidir con las primarias de un PSOE que puede salir de su bronco proceso de elección interna peor todavía de lo que está, y contra el que en realidad va dirigida la moción de censura para ponerle la puntilla de sus irreconciliables enfrentamientos y contradicciones intestinas, y seguir así comiéndole terreno electoral hasta dejarle en el mismo estado de gran parte de la socialdemocracia europea: en el chasis.

Así pues, que la moción, como es absolutamente previsible, termine derrotada (no porque no haya suficiente animadversión hacia el PP y Rajoy en un Congreso con una mayoría entregada a su desgaste, sino porque votar a Iglesias Turrión como presidente del Gobierno supondria, además de un dislate desde un punto de vista democrático, la muerte política para muchos) no tiene para la extrema izquierda chavista la menor importancia: todo lo que permita centrar la atención mediática se da por bien empleado. Aunque al Mesías, al que increíblemente se nos sigue presentando como un brillante y casi infalible estratega político, le puede salir el tiro por la culata, ya que ha generado una oportunidad de oro para que quede claramente patente que su discurso abusivamente populista y demagógico solo esconde la ausencia de una alternativa de Gobierno mínimamente seria y concebible, al menos para una sociedad abierta y libre. Sin ir más lejos, los "revolcones" dialécticos y parlamentarios que han sufrido él y su ilustre compañera, Irene "Kruspkaya" Montero, a manos de los portavoces del PP, miembros del Gobierno y el propio Rajoy son ya incontables, y además de los que hacen época.

Y es que tirar por la calle de en medio puede llevar directamente al suicidio. Esto es: quien aspira a emular al Felipe González de 1980 puede terminar como el Antonio Hernández Mancha de 1987.

miércoles, 17 de mayo de 2017

HACIA LA CAZA DE BRUJAS

Me viene a la memoria una agradable tarde de la primavera murciana, en la que, sentados en una terraza, unos amigos con inquietudes intelectuales y políticas comunes, mantuvimos una interesante tertulia sobre los límites de la asunción de las responsabilidades políticas. Entre nosotros, un joven, sin duda bienintencionado y atraído por los cantos de sirena de la "nueva política" (sector "naranja"), defendía que la mera imputación (o investigación) debía llevar irremisiblemente a la dimisión, por el bien de la ejemplaridad política y la necesaria "regeneración" de nuestra democracia. Otro contertulio, alguien a quien además admiro personalmente tanto por su amplísima cultura y altura intelectual como por su forma de ser humilde y cabal, le respondió con absoluta contundencia que, de convertirse esa apreciación en regla, esta época pasaría a la historia, no por la exigencia de limpieza y firmeza contra la corrupción, sino por dejar en mantillas a la mismísima caza de brujas de McCarthy.

En aquel momento me pareció una afirmación algo exagerada, pero he de reconocer que el tiempo me ha hecho ver que no andaba nada desencaminado mi amigo. Porque cierto es que hemos llegado a un extremo en que, so capa de unas supuestas demandas de ejemplaridad (siempre ajenas) que solo esconden hábitos de persecución política pura y dura, la presunción de inocencia ha dejado virtualmente de existir, sobre todo si el "objetivo" de la "depuración" es un cargo del PP. Y que, con tal de desacreditar al adversario político, absolutamente todo vale, hasta hacer un uso torticero e infame de instituciones que precisamente deberían ser garantes del Estado de Derecho y de los derechos y libertades fundamentales de cualquier ciudadano, sea cual sea su profesión u ocupación.

Tras el grotesco sainete de los fiscales que acusaron de un "chivatazo", pero "sin atribuir ningún delito", al Secretario de Estado de Seguridad, hemos asistido al espectáculo lamentable de la publicación de un informe de la UCO (o eso parece) que solicita investigar a la presidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes... ¡por la adjudicación del contrato de la cafetería de la Asamblea, como si tal decisión la hubiese podido tomar ella individualmente! Algo tan de aurora boreal, tan bochornoso, que ha tenido que saltar a la palestra el mismísimo y autoproclamado "juez del pueblo" (sí, el mismo que en otros casos atribuye hasta "delitos de pensamiento") para desmentir que tuviera intención alguna de investigar (o imputar) a Cristina Cifuentes.

Pero el daño ya está hecho: el difama, que algo queda, ya ha cumplido su papel. Cabe preguntarse una vez más dónde queda la honorabilidad de las personas, quién resarce en este caso a Cristina Cifuentes (como a tantísimos cargos y políticos del PP literalmente perseguidos) del sambenito que se le ha llegado a imponer de manera tan injusta. Es momento de ser absolutamente claros y contundentes: si algunos quieren dedicarse a la política, que den la cara y se presenten a las elecciones, aunque corran el riesgo de que no les vote ni el Tato. Pero que dejen de utilizar y pervertir unas instituciones que son, o deberían ser, de todos para hacer politiqueo sucio y de la peor estofa con tal de intentar lograr de esa muy corrupta manera aquello que niegan las urnas. Ya está bien: que no desacrediten más nuestro sistema de libertades y nuestra democracia.

viernes, 12 de mayo de 2017

LA JUSTICIA Y LAS IZQUIERDAS: CREE EL LADRÓN...


Resulta curioso que la oposición de las izquierdas acuse al Gobierno de Mariano Rajoy de utilizar a jueces y fiscales para proteger a presuntos corruptos... cuando estos han acabado en la cárcel gracias precisamente a la acción de la Fiscalía, la Justicia y, en algún caso, hasta las denuncias procedentes del mismo PP de Madrid, léase Cristina Cifuentes. Porque seguro que hay razones para hacer reproches al Partido Popular y al actual Ejecutivo, pero no precisamente que no haya dotado de instrumentos y resortes al Estado de Derecho en la lucha contra la corrupción, como bien queda acreditado una y otra vez.

Pero, obviamente, si se pide la dimisión del Ministro de Justicia Catalá, del Fiscal Anticorrupción Moix, o incluso del mismísimo Fiscal General Mazas justo cuando los hechos desmienten ese lugar común tan del gusto del populismo de que "los poderosos y los políticos corruptos jamás acaban entre rejas", se hace con la pretensión de generar el mayor ruido posible para, en la pesca del río revuelto, intentar desgastar al Gobierno del PP. Y si, de paso, tamaña estrategia contribuye a que no se hable de una recuperación económica que se consolida y cada vez más españoles empiezan a notar, mucho mejor. Y en pos de esos objetivos vale lo mismo enmarañar con este asunto que, por ejemplo, sacar a pasear el cadáver de Franco.

Aunque, eso sí, escasas lecciones de independencia judicial puede dar una izquierda, la socialista (o lo que quede de ella), que siempre que ha gobernado se ha encargado de hacer de la Fiscalía General del Estado una Fiscalía Particular del Gobierno (inolvidables desde el célebre "Pollo del Pinar" hasta el mismísimo Cándido), y convertir la división de poderes en una ficción ("Montesquieu ha muerto", Alfonso Guerra "dixit"); y la otra izquierda, la chavista, que sin ir más lejos, y como bien le ha recordado el presidente Rajoy al Mesías Iglesias, ya exigió adhesiones inquebrantables de jueces y fiscales en aquella su inolvidable oferta de Gobierno al ahora "renacido" Pedro Sánchez.

Y es que, a estas alturas, nos conocemos todos. Que nadie se llame a engaño. Aunque quizá en este caso sea aplicable el conocido dicho español: cree el ladrón...

lunes, 8 de mayo de 2017

LA DERROTA DE UNA "FRANCIA PROFUNDA"


Como estaba previsto, el socio-liberal Emmanuel Macron se ha hecho con la presidencia de la República de Francia al imponerse de manera concluyente a la ultra nacionalista Marine Le Pen. Por tanto, y al menos de momento, respira la Francia de los valores republicanos rescatados por De Gaulle, y la Unión Europea, mal que bien, continúa sobreviviendo.

La primera vuelta de las presidenciales francesas nos dejó un mapa electoral significativo y, en cierta manera, preocupante. Era obvio que iba a haber cambios el 7 de mayo, cuando Macron y Le Pen se enfrentaran cara a cara en las urnas: hasta el punto de que el candidato centrista ha ganado en prácticamente todas las circunscripciones. Ahora bien, de esa primera votación en la que, no lo olvidemos, se reflejaba en mucha mayor medida la pluralidad política existente en la sociedad francesa, se desprendía que en las zonas rurales, en aquellas que todavía no han superado la reconversión industrial de los 80 y han sufrido en mayor medida los embates de la crisis económica, y además en las de mayor inmigración, se impuso la candidata de la ultraderecha; y sin embargo en las grandes capitales, en los territorios más urbanizados y de mayor presencia de la industria de las nuevas tecnologías, en suma, en las regiones económicamente más abiertas y desarrolladas, ganó el socio-liberal. 

Salvando las distancias y peculiaridades, encontrábamos claros paralelismos con las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, en las que el elector urbano y residente en lugares de mayor dinamización económica se decantó por Hillary Clinton, mientras que Trump se atrajo al voto rural y afectado por la crisis industrial y las "deslocalizaciones", hasta el punto de que acabó dándole la victoria.

Podríamos afirmar, por tanto, que, como en el gigante norteamericano, también hay y se consolida una "Francia profunda", más "chauvinista", más ensimismada y recelosa, no solo hacia la Unión Europea, sino hacia los cambios y la modernización económica que requiere un mundo globalizado y abierto. Desde luego, resulta muy significativo que los dos extremos del espectro que representan Le Pen y Mélenchon, que coinciden casi al cien por cien en un discurso radicalmente globalifóbico, antiliberal y anti-UE, aglutinaran entonces nada menos que el 41% de los votos.

Pero, afortunadamente, los franceses tuvieron que optar en la segunda vuelta de las elecciones a la presidencia de la República, no entre los dos extremos que tanto se tocan, sino entre la ultra Marine Le Pen y el moderado Emmanuel Macron, por lo que la decisión de una mayoría favorable a la sociedad libre y abierta, los valores tradicionales del republicanismo francés y la permanencia de Francia en la Unión Europea, frente a esa "Francia profunda" emergente pero todavía minoritaria, ha sido absolutamente clara. Tanto como si el contrincante de la hijísima del viejo Le Pen hubiese sido el conservador François Fillon, de lo que, por cierto, y pese a todo, no se quedó muy lejos.

Eso sí, al nuevo y joven presidente de la República no le espera precisamente un camino de rosas: su partido, de "aglomeración", construido a toda prisa y todavía con escasa implantación, no va a tener nada fácil ganar las elecciones legislativas de junio, y no sería de extrañar que se vea obligado por tanto a "cohabitar" con un primer ministro de signo político distinto al suyo (como se dio en los casos del presidente Mitterrand, socialista, con el primer ministro Chirac, gaullista, y del mismo Chirac, entonces presidente, con el socialista Jospin como primer ministro).

Muy posiblemente tenga finalmente que compartir el poder con un primer ministro gaullista, de centro-derecha, ya que Los Republicanos refundados por Sarkozy son el partido consolidado que más votos moderados puede atraerse de la corriente de rechazo al socialismo que, visto está, impera ahora en el electorado francés. Lo cual tampoco sería el peor escenario para el propio Macron, sobre todo si logra nombrar a un conservador lo suficientemente liberal en lo económico como para identificarse con las políticas reformistas que propugna. Veremos.

domingo, 30 de abril de 2017

DOS MODELOS DISTINTOS Y SUS RESULTADOS EN ESPAÑA

Los árboles del ruido político-mediático de la corrupción no nos dejan ver el frondoso bosque de una recuperación y reactivación económicas sin precedentes; y además, obviamente, no es otra la intención. Sin embargo, cabe proclamar alto y claro que, señoras y señores, España y su admirable sociedad civil, bajo el Gobierno del PP de Rajoy, han conseguido recuperar el nivel de riqueza previo a la grave y contumaz crisis económica que, entre rotundas negativas del Ejecutivo de entonces, el socialista de Zapatero, se iniciara en 2008 y que dejó en 2011 como nefasto legado.

Se confirma, pues, que vuelve a cumplirse una regla que resume el devenir histórico de nuestra democracia en el ámbito económico: con el PSOE entramos en las crisis, y con el PP salimos de ellas. Porque cabe recordar que fue a partir de 1996, tras tomar posesión un Ejecutivo de centro-derecha liderado por Aznar, cuando empezaría a consolidarse la superación de otra crisis económica, la iniciada en 1992 bajo la égida del socialista Felipe González. ¿Casualidades de la vida, acaso los Gobiernos del PP han contado con una "baraka" que, por razones que se nos escapan, ha estado absolutamente ausente en los del PSOE?

No precisamente: con todos los matices aplicables, y aún compartiendo desde hace décadas principios básicos como el libre mercado, la propiedad y el papel del Estado como prestador de servicios esenciales, se debe a dos concepciones distintas de la economía y la sociedad: una, la socialista o socialdemócrata, partidaria en general del intervencionismo estatal, una fiscalidad alta y el aumento del gasto público y el déficit como medidas "anticíclicas"; y otra, la liberal-conservadora, tendente a propiciar más libertad económica y menos burocracia, bajadas de impuestos y un rigor en la gestión de las cuentas públicas heredado del "santo temor al déficit" de los sabios abuelos liberales.

Los Estados, y más en concreto los Gobiernos, no están para impulsar o dinamizar por sí mismos la economía ni crear empleo, pero sí pueden construir el marco adecuado para que la sociedad civil, que es a la que le corresponde desempeñar el cometido, genere riqueza y prosperidad. Pues bien, los resultados, y con especial incidencia en España, están a la vista. De ahí que haya a quienes les convenga ocultarlos.

martes, 25 de abril de 2017

A "ESPE" JAMÁS SE LO HAN PERDONADO

Asumiendo un nivel de exigencia de asunción de responsabilidades políticas que jamás se aplicarían para sí mismos, no ya sus eternos detractores, sino aquella legión política-mediática de fariseos que se dedica todos los días a impartir lecciones de ética y moral (siempre ajenas), Esperanza Aguirre ha decidido poner fin, y ahora sí, a una carrera política, pese a quien pese, jalonada de éxitos, fundamentalmente como presidenta de la Comunidad de Madrid. Ha sido una decisión ejemplar que, por supuesto, casi nadie le va a reconocer, y ni mucho menos ninguno de sus innumerables adversarios políticos que, precisamente por representar el triunfo práctico de unas ideas desacreditadas por la izquierda del pensamiento único, siempre la han tratado y considerado como enemiga a batir.

Es más: su dimisión no solo no aplacará la campaña de linchamiento personal contra ella, sino que la intensificará. Y es que uno se conoce ya a sus clásicos: tras cobrarse la pieza de la caza al político, viene la implacable persecución a la persona. Y yo, desde luego, me niego a sumarme a semejante lanzada a moro muerto, práctica frecuente en el enrarecido e inquisitorial panorama político-mediático actual. No, no me resigno.

Debido fundamentalmente a sus arraigadas convicciones liberales que con tanta claridad ha venido manifestando siempre que ha tenido ocasión, además de su habilidad dialéctica para atreverse a desenmascarar a las izquierdas y situarles ante sus propias miserias, se ganó la radical animadversión de toda la progresía política y mediática, que empezó a hacerla objeto de sus burlas, escarnios y más aceradas y burdas invectivas. Para más inri, a todo ello se unió su eficiente gestión como presidenta de la Comunidad de Madrid, cargo desde el cual tuvo la oportunidad de convertir sus ideas liberales en políticas concretas. A partir de entonces, esa aversión tornó sencillamente en odio: que se ponga en duda la superioridad moral y ética de la izquierda, puede pasar; pero que encima se demuestre con hechos, imperdonable.

A este respecto, resultaba muy significativo que los sindicatos verticales del socialismo sacaran a sus 'liberados' a manifestarse siempre que doña Esperanza inauguraba un colegio o un hospital públicos; y es que había que desviar la atención acerca de una realidad incontestable: que nunca como durante su presidencia se construyeron tantos. Así pues, quedaba demostrado que las políticas 'neoliberales' de la señora Aguirre no solo no habían desmantelado la sanidad y la educación públicas, sino que las habían aumentado y mejorado. Y claro, eso era ya demasiado.

Encima, la Comunidad de Madrid despuntaba como la región más rica de España llegando a superar en renta per cápita a Cataluña; fundamentalmente, debido a las políticas de rigor en el gasto público y de apuesta por el dinamismo económico y la iniciativa empresarial. Esperanza Aguirre se convertía en todo un referente dentro del mismo PP, no solo en cuanto a gestión, sino también en resultados electorales (en este aspecto, detrás de Murcia); de tal forma que, al conseguir romper el mito del 'cinturón rojo', demostró que se podían ganar elecciones, e incluso arrasar, presentando un programa nítidamente liberal, sin necesidad de esconderse en la indefinición de una bruma pretendidamente 'centrista'. Y es que cuanto más la detestaban las izquierdas, más madrileños le concedían su voto.

Tras su sorprendente renuncia como presidenta de la Comunidad de Madrid, no aguantó mucho tiempo sin que volviera a picarle el gusanillo de la política activa, a la que regresó como candidata del PP a la alcaldía de Madrid, sueño que, a falta de un solo concejal, estuvo a punto de cumplir. Lo que vino después le supuso mucha más pena que gloria, pero, haciendo abstracción de errores políticos que ella misma ha tenido la gallardía de reconocer, y que le han llevado a dimitir, sería absolutamente injusto que Esperanza Aguirre no fuera recordada como una líder política sensacional que nos deja un magnífico legado: un sobresaliente ejemplo de que, por medio de la noble actividad política y la aplicación de unos principios basados en la libertad individual, la economía de mercado y la mínima intromisión del Estado, es posible hacer de tus ideales el camino que conduzca a más amplios espacios de libertad y, con ello, a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Es exactamente lo que jamás le han perdonado a "Espe".

martes, 11 de abril de 2017

LA LIBERTAD, NO SOLO EN OCCIDENTE

Soy el primero que entona el "mea culpa", porque reconozco que me dejo llevar por la tendencia informativa reinante y suelo destacar los atentados islamistas que sufrimos en Europa u Occidente en general y, en cambio, apenas mencionar los que tienen lugar fuera de nuestra civilización. Y es algo tremendamente injusto, sobre todo cuando, por ejemplo, no se le concede la importancia debida al último, vil y cobarde ataque terrorista perpretado contra dos iglesias coptas en Egipto, que se saldó con 45 muertos.

En este caso, se ha tratado además de una nueva y sanguinaria vuelta de tuerca a una larga historia de discriminaciones, agravios y violencias, la sufrida por los cristianos coptos en Egipto, y que por cierto no se circunscriben ni mucho menos a los atentados del Daesh. Hay que recordar que la minoría copta halla su origen generacional en los auténticos oriundos del país: hasta el punto de que el vocablo ‘copto’ procede del griego ‘aigyptios’, egipcio. La imposición del Islam de resultas de la invasión árabe arrinconaría al cristianismo copto y convertiría a sus seguidores, que actualmente suponen entre el 8 y el 12 por ciento de la población (unos once millones de egipcios), en verdaderos apestados. Así, no solo se les impide el acceso a determinados puestos de la Administración Pública y, al contrario que en Occidente, donde todo suelen ser facilidades para la edificación de mezquitas, se les restringe la construcción de iglesias; también llevan soportando el odio, la persecución y los ataques de los radicales islámicos de distintas tendencias, ante la condescencia y aquiescencia de las autoridades civiles y militares.

La esperanza con la que la comunidad cristiana copta recibiera la revolución que derrocara a Mubarak terminó incluso mutándose en la peor de las pesadillas, especialmente bajo la presidencia del islamista Mohamed Morsi. Derrocado este, y pese a las buenas palabras de su sucesor, el actual presidente Al Sisi, lejos de lograr un reconocimiento de sus derechos y libertades, la opresión y el hostigamiento sobre los coptos continúa incluso con mayor intensidad (en 2016 se contabilizaron 54 incidentes violentos contra los cristianos). De ahí que, tras el último ataque terrorista, un numeroso (y muy valiente) grupo de manifestantes coptos haya salido a la calle para mostrar su hartazgo por la apatía y desprotección de su Gobierno.

¿Y qué hace Occidente, supuesto garante de la libertad y los derechos humanos en todo el mundo? Parece ser que prefiere quedarse de brazos cruzados: además de por supuesto condenar los actos terroristas del Daesh, no estaría de más la denuncia hacia la escandalosa pasividad del régimen egipcio por parte de los líderes de una Unión Europea sin cuyas raíces cristianas, por cierto, sería inconcebible. Y es que la defensa de la dignidad humana y del ejercicio de los derechos y libertades individuales, entre los que se encuentra la libertad religiosa y de culto, no debería limitarse a suelo occidental.

martes, 28 de marzo de 2017

LA "POSVERDAD" TÍPICAMENTE PODEMITA

 
Algunos pretenden que lo olvidemos, pero todavía resuenan los ecos de los elogios del Mesías Iglesias hacia la clarividencia de la ETA y su entorno de la "izquierda abertzale" por haber sabido advertir el carácter "neofranquista" del "régimen del 78" y actuar en consecuencia, o aquella su petición televisada de que los presos etarras "fueran saliendo de las cárceles". Porque esa es, ni más ni menos, una de las fundamentales razones de ser del movimiento de ultraizquierda que surgiera al calor de la crisis: reescribir la historia reciente de España, su transición y sus años de libertad y democracia, lo que incluye blanquear a la banda terrorista etarra, sus crímenes y sus asesinatos, y enmarcarlos en un "conflicto" entre unos "luchadores por la libertad" y un Estado "represor"; lo que, por supuesto, lleva a situar al mismo nivel a las víctimas y a sus verdugos.

Esto es: se trata de elevar a categoría el infame discurso proetarra de siempre. Y en pos de ese objetivo, estorba una legislación que penalice la exaltación del terrorismo y proteja a las víctimas de las injurias, a las que los seguidores del "podemismo" son muy dados en los arrabales de las redes sociales. Y para muestra, un muy reciente botón: la recepción en el Congreso por parte de los diputados de Unidos Podemos a los agresores de Alsasua como si de héroes se tratara, porque, según una portavoz de la facción navarra, "tan víctimas son unos como otros", esto es, tanto los que en grupo de veinte propinaron una paliza a dos guardias civiles y sus parejas como los que, en situación de minoría e indefensión, la recibieron. Y nada de delito de odio o de terrorismo: una mera pelea de bar. La "posverdad", esto es, la manipulación más mentirosa de la realidad, por bandera.

Que, encima, se atrevan a dar lecciones de libertad de expresión y opinión los amigos de Cuba, Venezuela e Irán, los que persiguen y amenazan a periodistas que no les bailan el agua, o los que exigen prohibir lemas que no les gustan o misas televisadas en directo, es ya de aurora boreal. Y que alerten del peligro de "banalizar" el terrorismo los que utilizan la palabreja para cualquier circunstancia ("terrorismo financiero", "terrorismo económico", "terrorismo laboral", etc.) no puede entenderse sino como una monumental tomadura de pelo. Lo mejor de todo es que hace tiempo que les vamos conociendo y ya no engañan a casi nadie.

viernes, 24 de marzo de 2017

LA MOCIÓN DE TOVAR: UN PAN COMO UNAS TORTAS

El PP, la candidatura de Pedro Antonio Sánchez, se quedó a apenas 900 votos y un solo escaño de la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas murcianas. Por su parte, Rafael González Tovar cosechó los peores resultados de la historia del socialismo en la Región y unos escuálidos 13 diputados de los 45 con los que cuenta la Asamblea Regional. Pues bien, el todavía líder de los socialistas murcianos, pese a números tan ridículos y vergonzosos, pretende aspirar ahora a presidir el Gobierno regional de Murcia presentando una moción de censura que, de prosperar, contravendría radicalmente la voluntad expresada por los murcianos en las urnas. Aunque, claro, él sabe que su carrera política está tocando a su fin y no se va a ver en otra. Y de ahí también su precipitación, adelantándose tanto a una decisión de la Justicia que, según los indicios, se producirá pronto (y que cabe vaticinar que será favorable para el presidente, como en otras 17 denuncias), como a un hipotético adelanto electoral que no quiere ver ni en pintura, dado que en la presente coyuntura el PSOE sería el principal perjudicado. Pero las prisas son malas consejeras, también en política; al igual que la ambición desmedida, por cierto.
Afortunadamente, el sistema parlamentario español contempla la moción de censura al modo alemán, esto es, de manera constructiva: no basta con derribar a un presidente y con él a un Gobierno, algo relativamente fácil si logras aunar voluntades meramente destructivas, sino que además has de presentar un sustituto, un candidato concreto. Y ahí es mucho más difícil conseguir acuerdos. En el caso concreto de la Región de Murcia, desde luego que Podemos, con tal de echar al PP "como sea", sí ha mostrado su disposición a apoyar al aspirante socialista; pero, claro, Ciudadanos no está ni mucho menos por la labor, fundamentalmente porque es consciente del enorme desgaste político y electoral que le supondría respaldar a un Tovar y un PSOE absolutamente desacreditados entre los votantes murcianos, y máxime si al pacto se suma la ultraizquierda chavista. Razones por las cuales los "naranja" se agarran a un concepto muy "sui generis" de una moción de censura "instrumental", es decir, que solo conduzca a un adelanto de las elecciones, lo que precisamente contradice ese espíritu constructivo y estabilizador del recurso parlamentario en España. Sea como fuere, un objetivo para los que no dispone de los escaños suficientes (solo cuenta con cuatro diputados autonómicos), lo que denota que se trata de una posición que tiene mucho de "postureo".
Por tanto, y sin descartar ninguna sorpresa (que pasaría por que Ciudadanos decidiera echarse definitivamente en brazos de PSOE y Podemos, esto es, suicidarse política y electoralmente), la moción de censura presentada hoy en la Asamblea por Tovar no es más que un brindis al sol, o cuando menos un movimiento a la desesperada de quien sabe que lo tiene todo perdido a estas alturas, y como tal absolutamente abocada al fracaso. Quizá incluso permita que el Parlamento autonómico murciano se convierta en el escenario de lujo de una derrota sin ambages de quienes buscan el poder a cualquier costa, y con estrategias basadas en utilizar las instituciones para perseguir al adversario político; y, como contrapartida, la victoria de un Pedro Antonio Sánchez que, amén de reforzar su liderazgo y su imagen, va a tener la oportunidad de destacar sus indiscutibles logros, entre otros, en crecimiento económico y creación de empleo, materias en los que la Región de Murcia se ha situado en cabeza.
Con lo cual Tovar terminaría haciendo un pan como unas tortas. Una vez más.

viernes, 17 de marzo de 2017

TODOS CONTRA EL PP Y... LA UNIÓN EUROPEA

En España nos hemos congratulado de que, a pesar de todos los pesares, de la digestión de la crisis y la consecuente ascensión de los populismos en Europa (y no solo), aglutinen en el Parlamento una amplísima mayoría tres partidos (PP, PSOE y Ciudadanos) que comparten la defensa de los principios y valores contenidos en la Constitución... y en la Unión Europea. Pues bien, en la primera oportunidad que ha habido de poner claramente de manifiesto tal supuesto consenso europeísta, este ha saltado por los aires, y de qué manera. Y todo por cumplir un objetivo tan estrecho de miras, visceral y frívolo como es pura y simplemente negarle el pan y la sal al PP y, de paso, propinarle una patada al Gobierno de Rajoy en salva sea la parte... de todos los españoles, de cuyos bolsillos pagaremos los 134.000 euros con los que Bruselas nos multará al día. Y encima, bien que lo han celebrado los padres (y madres) de la Patria que han llevado a cabo tan onerosa heroicidad.

Una vez más, todo ha valido contra el PP: hasta asumir una cuantiosísima sanción que, repito, habremos de pagar entre todos, e incluso situarnos fuera de los Tratados de la Unión Europea, para más inri al día siguiente de quedar conjurada democráticamente una amenaza antieuropeísta que venía de Holanda. Desde luego, el eurófobo Wilders, quién lo iba a decir, ha podido encontrar en nuestro país un consuelo a su derrota en las urnas. En este sentido, y como cabía esperar, Podemos se ha mantenido en este asunto en su preceptiva línea populista, antisistema y contraria a la UE, aunque ello suponga respaldar los privilegios de una auténtica "casta" poderosa y endogámica. Pero, ¿y el PSOE? Bien que ha vuelto a demostrar que todavía adolece de un profundo complejo ante el fenómeno "podemita", especialmente acentuado ahora en pleno proceso de elección interna, y, harto lamentablemente, ha preferido enterrar su fe europeísta con tal de sumarse al discurso fácil, mentiroso y demagógico de la maldad congénita de la derecha, que "recorta derechos de los trabajadores" por eso, porque le encanta fastidiar al prójimo. Como si la prueba del nueve de ser izquierdista "pata negra" fuera situarse, siempre y en cualquier circunstancia, en contra del PP y, a su vez, hacer seguidismo de la extrema izquierda chavista. Así les va.

Hasta los nuevos "liberales" (ay qué risa) de Ciudadanos no han tenido a bien convalidar un Decreto que, amén de plasmar una directiva de la Unión Europea, abría al mercado y la libre competencia un sector tan monopolístico, cerrado y gremial como, a estas alturas del siglo XXI, sigue siendo el de la estiba portuaria. Han preferido refugiarse en una vergonzante y cobarde abstención antes que mantener su posición de respaldo en plena escenificación de "todos contra el PP". Menos mal que su hiperlíder, Albert Rivera, ha sido presentado poco menos que como el político contemporáneo con mayor talla de hombre de Estado desde Adolfo Suárez. Tampoco deja de ser curioso que un partido que presume de su pedigrí españolista y antinacionalista haya dado lugar a que el PNV, único apoyo además del PP con el que ha contado el Decreto de liberalización, se convierta en uno de los escasos reductos de sensatez y responsabilidad en el Parlamento de la nación.

Y es que, a la hora de la verdad, cada cual termina mostrando su verdadera categoría. Aunque mucho ojo: estas mezquindades pueden reportar satisfacciones personales y/o políticas inmediatas, pero, amén del daño gratuito que generan, acaban teniendo muy escaso recorrido; incluso desde el punto de vista meramente político y electoral. Al tiempo.

martes, 14 de marzo de 2017

LA MISA QUE MOLESTA AL SEÑOR... IGLESIAS

No, señor Iglesias (por cierto, debería pensar en cambiar de apellido). Que la televisión pública española emita misas en directo los domingos, esas que tanto les molesta, no es una trasnochada peculiaridad debida a una triste herencia "nacionalcatólica" de un oprobioso franquismo todavía latente, ni muchísimo menos. Es más: en países de "nuestro entorno", en el mismísimo corazón de Europa, incluida la muy laica República de Francia, cadenas sufragadas con dinero público dedican sus espacios a retransmisiones de misas dominicales y programas sobre religión. En su mayor parte sobre la cristiana, como por otra parte corresponde a la tradición occidental que es base de la historia y construcción europeas.

Aun así, cabe hacer constar que, en el caso de nuestra televisión pública, al igual que en otras canales europeos, y dado, en efecto, el carácter aconfesional (que no laico) de nuestro Estado, también tienen su lugar en la programación de TVE las confesiones evangélica ("Culto evangélico"), islámica ("Medina") y judía ("Shalom"), en virtud de sendos convenios firmados en su momento por España. ¿Es partidario el señor Iglesias (con perdón) de suprimir también estos otros espacios religiosos? Exceptuando el dedicado al Islam, claro, contra el que ningún progre más o menos "ultra" se atreverá jamás: bien por compartir antipatías anticristianas, bien pura y simplemente por cobardía, bien por ambas razones a la vez. Por cierto: la misma pregunta cabría hacerle también al señor Rivera, don Albert; sí, sí, a ese mismo Rivera que ha sido presentado por cierta derecha "sin complejos" como la nueva "esperanza blanca", y que sin embargo ha tenido a bien apuntarse al último alarde podemita, que considera digno de ser debatido. Luego que culpe al sistema electoral de su pérdida de votos.

Afortunadamente, el intento del señor Iglesias (mala suerte de apellido) por resucitar un anticlericalismo característico de la izquierda más rancia e intolerante, por volver a la violenta algarada del "arderéis como en el 36", se ha topado una vez más con esa mayoría silenciosa que ha reaccionado ante esta nueva ofensa hacia los sentimientos religiosos como ella bien sabe: con serenidad y sin estridencias, pero con absoluta determinación. Así, hasta lograr triplicar la audiencia media de la misa de La 2. A esto sí se le puede llamar "resistencia pacífica", ¿verdad, señor Iglesias (lástima de apellido)? Pues a tomar buena nota.

sábado, 11 de marzo de 2017

UNA IMAGEN DISTORSIONADA DE LA REGIÓN DE MURCIA

 
Cualquiera que se dejara llevar por el ruido político-mediático de los últimos años, y especialmente el de estos días, a buen seguro que sacaría una conclusión clara: la Región de Murcia no tiene remedio y ha de ser sin duda una de las comunidades autónomas con más corruptos por metro cuadrado, si no la que más. Pues bien, nada más lejos de la realidad: Murcia no solo no es la más "corrupta" de España, sino que además se sitúa entre las cuatro autonomías con menores índices de corrupción, solo por detrás de La Rioja, Cantabria y Extremadura. Y no se trata de ningún estudio encargado "ad hoc" por el Gobierno regional de Murcia o por algún "think tank" afín al PP, sino que son datos extraídos del Índice de Competitividad Regional que cada tres años publica la Comisión Europea.

Lo que, desde luego, no es ninguna sorpresa es que quien ostente la peor nota sea Andalucía, buque insignia del socialismo hispano. Por cierto, de ese mismo PSOE que en la Región de Murcia utiliza sistemáticamente los resortes judiciales para perseguir a miembros del PP cuyo principal pecado consiste en ganarles en las urnas y que, con ello, contribuye también a generar una pésima imagen de la política y la sociedad murcianas, a las que presentan como la perfecta materialización del cervantino patio de Monipodio. Injusta distorsión a la que prestan también su ayuda otros partidos políticos (y no solo Podemos) y desde hace tiempo algún que otro medio de comunicación regional que, por ejemplo, no se ha hecho eco alguno de estas conclusiones de Bruselas sobre uno de los asuntos a los que tantos titulares dedican.

Pero ya se sabe: si la teoría, o el prejuicio instalado, o la propaganda, no se corresponden con la realidad, tanto peor para la realidad. Afortunadamente, una nítida mayoría de los votantes murcianos sí dejan patente una y otra vez que no viven en esa realidad paralela que algunos se empeñan en construir.

viernes, 3 de marzo de 2017

LOS NUEVOS LIBERAL-PROGRESISTAS HAN DE RETRATARSE

El mismo Ciudadanos que respalda a un alcalde socialista, el de Granada, que continúa imputado pese a haber declarado hace tiempo ante el juez, que apoya al Gobierno de Andalucía a pesar de sus cargos investigados, o que defiende a su propio diputado de las Cortes Valencianas, Domingo Rojo, que será juzgado bajo la acusación de apropiarse de 246.000 euros de una familia, se hace ahora la damisela ofendida con el presidente de la Región de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, por el hecho de que, sin tan siquiera haber sido encausado, pretende hacer uso de un derecho que hasta ahora se le ha negado: el de explicarse y dar su versión y defender su inocencia.

Una doble vara de medir, una vez más, escandalosa, y que resulta especialmente sangrante cuando Ciudadanos acaba de impulsar una iniciativa en el Congreso que sitúa el límite de la renuncia o cese en el juicio oral. Una regla que, inexplicablemente, y pese a que como ley tendría, obviamente, efectos "erga omnes" entre todos los españoles, no consideran sin embargo aplicable a la Región de Murcia. Como, hace tiempo, tampoco aquella doctrina sobre responsabilidades políticas que sentara el mismísimo Albert Rivera para justificar la posición de su partido en Andalucía: "no es lo mismo meter la pata que meter la mano". Algún día explicarán los "naranja" por qué razón a los murcianos se nos tiene que tratar peor, o al menos con mucha mayor exigencia que a los demás.

Empero, el argumento al que se agarran quienes justifican semejante trato desigual es el supuesto incumplimiento por parte del presidente Pedro Antonio Sánchez del acuerdo de investidura, y en concreto de aquel epígrafe que exige su dimisión en caso de que sea imputado. Pues bien, en efecto, los términos de ese concreto punto del pacto hablan de "imputación", definición jurídica que ha dejado de existir desde la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal; la cual establece ahora una clara distinción entre las categorías de "investigado", fase en la que se encuentra el presidente, y "encausado", que la misma Ley define expresamente como "aquel a quien la autoridad judicial, una vez concluida la instrucción de la causa, imputa formalmente el haber participado en la comisión de un hecho delictivo concreto". Por tanto, no ha habido tal imputación formal, por lo que el pacto no se incumple y no debería haber razón alguna, que no sea la de sumarse a una estrategia de desgaste y linchamiento personal, para que Ciudadanos lo haya roto unilateralmente.

A todo esto se le llama, en cualquier caso, actuar con equidad, ponderación y responsabilidad, virtudes que, según sus alabadores más o menos oficiales, adornaban a la rama supuestamente liberal (pero progresista) de la "nueva política". La pregunta que cabe hacerse ahora es la siguiente: ¿qué va a hacer Ciudadanos a partir de ahora? Además de echar por tierra un pacto con el PP absolutamente beneficioso para la Región de Murcia (que sigue liderando el crecimiento económico y la creación de empleo en España en virtud de unas medidas reformistas y liberalizadoras), ¿propiciar un Gobierno "tripartito" y antinatural con PSOE y Podemos que, dadas sus conocidas políticas contraproducentes y desincentivadoras, solo puede traer precisamente inestabilidad, incertidumbre y retroceso?

En tal caso, bien que se retratarían ante su electorado quienes dicen abrazar ahora el "liberalismo progresista". Pero esperaremos acontecimientos.

martes, 28 de febrero de 2017

LA AUTÉNTICA CORRUPCIÓN

Aunque ha pasado prácticamente desapercibido desde el punto de vista mediático (porque las "imputaciones" se resaltan con titulares y, en cambio, las absoluciones ocupan una pequeña referencia en página par), una denuncia judicial más del PSOE de Murcia contra un miembro del Partido Popular ha terminado archivada (y van...); en concreto, contra Juan Felipe Cano, alcalde de Ceutí, del que, por su condición de investigado, pedían los socialistas (sus mismos denunciantes) su dimisión. Vista la resolución de la Justicia, que de nuevo ha dado la razón al PP de la Región de Murcia, qué injusto hubiese sido hacerles caso a quienes pedían su cese o renuncia, ¿verdad? Como en otros 80 casos, por cierto. Pues bien, que cada cual saque sus conclusiones acerca de la actual campaña de "crucifixión" del presidente de la Región de Murcia, que, recordemos, solo ha sido llamado a declarar y, además, terminó exonerado en nada menos que 16 denuncias anteriores, todas ellas promovidas directa o indirectamente por el PSOE murciano, todavía liderado por Rafael González Tovar.

Ahora bien, cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿qué hay de quienes presentan tales denuncias cuando se demuestran falsas? ¿No asumen ninguna responsabilidad? Dado que piden dimisiones por doquier, ¿no se aplican a sí mismos esa vara de medir cuando fallan en su ruin estrategia? ¿O, al menos, no piden perdón por haber sometido a personas inocentes y sus familias a un escarnio público que nada ni nadie pueden reparar? Nada de eso: no solo ni se les pasa por la cabeza retirarse de una noble actividad política que manchan con su sola presencia, sino que siguen intentando ganar en los Tribunales lo que los votantes les niegan sistemáticamente mientras continúan dando lecciones de ética y moral. Pese a que utilizar y hacer uso y abuso de las instituciones, entre ellas la de Justicia, con fines partidistas y particulares también es corrupción. Y de la auténtica.

Afortunadamente, la Justicia, el tiempo, e incluso las urnas, terminan colocando a cada cual en su sitio. Porque el "todo vale", como en la vida, no siempre se impone en política.

viernes, 24 de febrero de 2017

ES JUSTICIA, NO JUSTICIERISMO


Estos días se está juzgando y sentenciando donde en último término corresponde, esto es, en los Tribunales de Justicia, los excesos de una época (caso Nóos, tarjetas "black", etc.) en la que, al calor de una prosperidad económica que se tenía generalmente por consolidada y hasta eterna, todo parecía estar permitido. Al menos, para aquellos que no se detenían en escrúpulos morales bajo un clima, cabe recordarlo, de permisividad, que solo cambió cuando llegaron las privaciones y sacrificios de una crisis económica que, no solo el Gobierno de entonces, sino casi nadie en España quería entonces ver. En realidad, y concretamente en cuanto a la tan esperada sentencia del caso Nóos, todo ha sido muy previsible: tanto el mismo fallo del tribunal, emitido por unanimidad de las tres magistradas, como la inmediata reacción de los inevitables partidarios del populismo justiciero, que, jueces vocacionales, han procedido como auténticos expertos juristas. Porque nadie como un tertuliano televisivo o un "tuitero" es capaz de sentar cátedra sobre cualquier disciplina o materia, ya sea Humanidades o Ciencias Exactas, ya sea Medicina, Urbanismo, Economía, Criminología o, por supuesto, Derecho.

Desde luego, no se trata de someter a discusión el derecho a la libertad de expresión y, por supuesto, incluso a debatir sobre materias que desconocemos (que sea "enriquecedor" o no ya es harina de otro costal). Ahora bien, uno ha echado en falta argumentos de naturaleza jurídica que pusieran mínimamente en solfa la sentencia (unánime, cabe insistir) de las tres magistradas de la Audiencia de Palma, sostenida, como es preceptivo, bajo antecedentes de hecho y fundamentos de Derecho. Es la mejor manera de demostrar que las jueces hayan podido equivocarse, como, en efecto, humanas que son. Porque, y debería quedar meridianamente claro, el imperio de la ley no rige bajo preceptos de consideraciones o ánimos justicieros o incluso vengativos, o de lo que cada cual crea que el "pueblo" dictamine lo que ha de ser justo (algo así como los "tribunales populares"), sino del sometimiento y aplicación de las leyes vigentes. Es, ni más ni menos, la diferencia entre Justicia y justicierismo.

Eso sí: con lo que en ningún caso se ha de comulgar es con el discurso tan facilón (y por ello, característicamente populista) de que sentencias como esta serían la demostración de que el "sistema" no funciona o está podrido (que es en último término el verdadero propósito de tantos de los legos en Derecho que, sin embargo, sientan cátedra); máxime cuando en nuestro Estado de Derecho una Infanta, hija de Rey y hermana de Rey, ha llegado a sentarse en el banquillo, y un yerno de Rey y cuñado de Rey acaba de ser condenado a penas de cárcel.

A partir de ahí: que cada cual opine de lo que le plazca, faltaría más. Igual algún día hasta yo mismo me atrevo a escribir un opúsculo sobre los últimos avances en neurociencias.

jueves, 16 de febrero de 2017

CETA: UN SOPLO DE AIRE FRESCO

En estos tiempos en los que un presidente de los Estados Unidos pone en solfa los acuerdos de libre comercio, y un Papa llega a tachar de criminal a la economía de libre mercado; en esta época "poscrisis" de "posverdad" y progresivo retraimiento, en la que, debido al triunfo de las posiciones aislacionistas y proteccionistas en tantos lares, el panorama mundial parece empequeñecerse a ojos vista, supone todo un soplo de aire fresco el plácet del Parlamento Europeo al Tratado de Libre Comercio con Canadá. Al menos, para quienes creemos en las libertades de mercado y comercio y su extensión por todo el mundo como la mejor manera para generar desarrollo y dinamismo económico, riqueza y prosperidad y, por tanto, reducir la pobreza. Un rotundo respaldo de la Eurocámara conseguido merced a los votos a favor de los diputados del Partido Popular Europeo, los conservadores no adscritos, los liberales (-"progresistas", tipo Ciudadanos) y la mitad de los socialistas (entre ellos, los españoles, de lo que cabe felicitarse); los cuales, en una nueva demostración de la desorientación que sufre la socialdemocracia europea, han dividido sus posturas.

Sí se han mantenido en su coherencia furibundamente antiliberal los grupos de la extrema izquierda y la extrema derecha, de tal forma que, por ejemplo, Podemos y el Frente Nacional de Marine Le Pen han vuelto a coincidir en su voto de manera harto significativa; y es que ambos comparten una misma alergia por el liberalismo y la libertad en general. Además de que, en cuanto a la izquierda, ya sabemos que ama tanto a los pobres que sus políticas los generan por millones.

Ahora corresponde a los países miembros de la Unión Europea ratificar este Tratado, llamado CETA..., por medio de sus parlamentos, esto es, de los legítimos representantes de sus soberanías nacionales. Porque es de suponer que nadie albergará siquiera la tentación de acudir a los referendum, en los cuales, como acredita la reciente experiencia, los populismos de todo pelaje y condición se mueven como pez en el agua. Esperemos que las pulsiones suicidas se contengan esta vez.

domingo, 12 de febrero de 2017

YA FIRMARÍA LA "NUEVA POLÍTICA"

Este fin de semana hemos asistido a dos cónclaves políticos muy, pero que muy distintos, y no nos referimos precisamente a las claras y consabidas diferencias ideológicas entre los partidos concernidos. En el Congreso del Partido Popular -"vieja" política, que yo prefiero definir como clásica-, se debatieron básicamente propuestas, modelos de organización y democracia interna y el marco programático e ideológico en el que debe guiarse el partido. Cierto es que en los asuntos que más controversia producen entre una militancia tan plural, como la llamada maternidad subrogada y el aborto, se ha cubierto el expediente alcanzando meras fórmulas de compromiso para tratarlos "a posteriori", pero al menos se ha allanado el terreno para abordarlos con mayor profundidad. Pero, por ejemplo, y en cuanto a la concreta definición ideológica acordada, y sin abandonar la defensa de valores propios del liberalismo como la libertad individual y el libre mercado, se ha recuperado el humanismo cristiano "de tradición occidental" como principio básico de su ideario, lo que no deja de ser enormemente interesante y significativo.

En cambio, en la Asamblea de Podemos "Vistalegre II" -"nueva" política-, pese a que haya quienes lo presentaban como un enfrentamiento ideológico entre el radicalismo de Iglesias y un supuesto posibilismo de Errejón, se confrontaron egos, por otra parte muy acentuados, y se dirimieron luchas más o menos encarnizadas por conseguir o acaparar meras parcelas de poder interiores; lo que en el PP apenas afloró a propósito de una enmienda, la que abogaba por establecer una división tajante entre cargos del partido y de Gobierno, que fue derrotada no sin polémica, aunque rápidamente zanjada por la indiscutible y bien ganada autoridad de Rajoy. Que cada cual saque sus conclusiones, pero en principio parece más sano, fructífero, y además interesante, discutir sobre ideas y políticas en mayúsculas que acerca de choques de ambiciones o del "quítate tú que me pongo yo". Aunque también cabe comprender y reconocer que las controversias personalistas son más atractivas mediáticamente.

Finalmente, Iglesias se impuso con absoluta nitidez a Errejón, aunque, dado el apreciable porcentaje conseguido por este (casi un 40%) en la dirección del movimiento chavista, está por ver que la herida llegue a cerrarse, si los "errejonistas" se dedicarán a hacer oposición desde dentro, o incluso si Iglesias emula a su admirado Lenin y emprende una "purga" interna. Permaneceremos atentos. En cuanto al Congreso Nacional del PP, Mariano Rajoy fue reelegido presidente con el 95,65 por ciento de los votos de los compromisarios. Como estaba previsto, y dado que "lo que funciona no hay que cambiarlo" (Rajoy "dixit"), mantiene a María Dolores de Cospedal al frente de la secretaría general, nombra a Fernando Martínez Maíllo coordinador general y las vicesecretarías generales continúan en manos de Javier Maroto, Andrea Levy, Pablo Casado y el incombustible Javier Arenas. Ni más ni menos, este 18º cónclave nacional del PP ha sido el del valor de la estabilidad y la continuidad del trabajo bien hecho, que el propio Mariano Rajoy encarna mejor que nadie.

Desde luego, el centro-derecha de la llamada "vieja política" española, pese a los nubarrones que muchos llevaban tiempo anunciando, ha entrado en fase de calma chicha y absoluta previsibilidad. Pero cuántos firmarían, incluida cierta "nueva política" que, empero, se desgasta a ojos vista.

lunes, 6 de febrero de 2017

CUANDO AL LIBERALISMO SE LE APELLIDA "PROGRESISTA"

Albert Rivera y Ciudadanos (valga la redundancia) han vivido definitivamente su particular redefinición ideológica, aunque sin pretender abandonar su tan generalmente loada posición "centrista" (todavía algo escorada a la izquierda, y explicaremos por qué). Pase que, con tal de intentar seguir pescando en el electorado de centro-derecha e incluso, quién sabe, aspirar a sustituir alguna vez al PP, Rivera y su partido hayan decidido, prácticamente de un día para otro, renunciar a la socialdemocracia que les ha venido caracterizando ideológicamente desde sus orígenes; porque cabe recordar que los "naranja" nacieron para ocupar el espacio político que en Cataluña había abandonado un PSC que, al menos desde Maragall, había transmutado en nacionalista. Pero, hombre, apropiarse además de los liberales que crearon la grandiosa "Pepa", la primera Constitución de nuestra historia y que fundó España como nación de ciudadanos libres e iguales, no deja de ser presuntuoso. Aun así, el hecho de colocar a ese liberalismo que dicen profesar la etiqueta de "progresista" también denota cierto carácter vergonzante, y hasta forzado, en esa supuesta "conversión".

Sin duda, la utilización de un apellido tan políticamente correcto para matizar un posicionamiento ideológico liberal se debe en buena parte a la esquizofrenia de buscar heredar electoralmente al PP, y a la vez distinguirse de él. Se puede aducir empero que existe una tradición de liberalismo autocalificado de "progresista", tanto en España como en Francia, Reino Unido o incluso Estados Unidos (de donde tomaría el término "liberal" en el sentido utilizado allí), y es verdad: lo que ocurre es que, desde los "exaltados" doceañistas como Rafael del Riego, pasando por el fiasco del llamado "Trienio Liberal", o "espadones" como Baldomero Espartero o Juan Prim, se mostró como un liberalismo más teórico que real, más pendiente de proclamar los postulados metafísicos y abstractos de los revolucionarios, más partidario de la "tabula rasa", que de hacer realizables y garantizar las libertades y derechos individuales bajo un Estado liberal de la única manera posible: teniendo en cuenta la historia, la tradición, la legitimidad, la evolución de las instituciones y el devenir de la sociedad política en su conjunto.

Esto es: justo aquello que defendía un liberalismo de tipo "moderado" o conservador (en realidad, el verdadero liberalismo merecedor de tal nombre) que, basado en las ideas de un Benjamin Constant desde Francia o un Edmund Burke desde las Islas Británicas y los logros del liberalismo anglosajón tras las Revoluciones inglesa y estadounidense (frente al jacobinismo de la Revolución Francesa, que derivó en totalitarismo), representaban en España Francisco Javier de Istúriz, Andrés Borrego, Nicomedes Pastor Díaz o el mismísimo Antonio Cánovas del Castillo. Fueron, por ejemplo, los llamados "puritanos" que fundaron y formaron aquella Unión Liberal que modernizó la economía y las estructuras políticas de la Monarquía isabelina, y que además sería el embrión de aquel Partido Liberal Conservador de Cánovas que impulsó una Restauración que, con todas sus fallas, traería un largo periodo de estabilidad política y económica bajo un régimen de Monarquía parlamentaria inspirado en el británico.

En suma, una bandera genuinamente liberal que, por cierto, el PP tiene la oportunidad de recoger y enarbolar en su próximo Congreso. Un liberalismo auténtico que debería diferenciarse claramente de cierto sucedáneo "progresista" que, como demuestra su propia evolución histórica, no se distingue muy mucho de esa socialdemocracia de la que algunos ahora, y por meros cálculos electorales, pretenden abjurar.

lunes, 30 de enero de 2017

LA EXTREMA IZQUIERDA, POR SER IZQUIERDA, NO PUEDE SER MALA

Hordas fascistas procedentes de todos los rincones de la Península iban a tomar la ciudad de Murcia para, en vengativa respuesta al ataque "antifascista" a la neonazi "Intocable" (que tenía un "por qué"), sembrar el caos, la destrucción y el terror en las calles de su casco urbano. Pero esa especie de trasunto a la murciana de "la noche de los cristales rotos" que algunos anunciaban en redes sociales con alarma, pompa y circunstancia, y que de paso iba a poner de manifiesto quiénes son los auténticos malos de esta película (que jamás puede ser la extrema izquierda), no ha tenido finalmente lugar ni por asomo. Es más: las de este fin de semana han sido unas jornadas nocturnas especialmente tranquilas, si bien con un incidente aislado en una zona alejada de las tascas y que, según la Policía, no parece deberse a una pelea entre bandas "ultras". Cierto es que la Policía había reforzado su presencia en el centro de la ciudad, tanto en previsión de posibles incidentes como con motivo de la visita del presidente ecuatoriano Rafael Correa, pero la realidad paralela que algunos han pintado e intentado convertir en verdad ha terminado quedando, una vez más, en evidencia. Afortunadamente, habría que añadir.

Cabe imaginar cómo hubiera reaccionado la progresía biempensante y más o menos "ultra" si aquella paliza propinada en plena calle a una chica, según parece, neofascista, por una banda de valientes "antifascistas" (comandados por un candidato a concejal de Izquierda Unida en Cehegín), hubiese ocurrido de manera bien distinta: por ejemplo, que una pandilla de "fachas" hubiese agredido de esa misma forma a una joven que hubiera concurrido en las listas municipales de IU. Mamma mía la que se hubiese montado: manifestaciones por doquier, peticiones de dimisión del Delegado del Gobierno, denuncias del caso como "de violencia de género", creación de un estado de alarma en la opinión pública ante un peligroso surgimiento de la ultraderecha en España que se tendría por imparable e inevitable...

En este caso concreto, hemos asistido en cambio a vergonzosas "explicaciones" o justificaciones de tamaña agresión, reputando, en último término, de lícito que uno se tome la justicia por su mano y de la manera más salvaje, y dando a entender que, en el fondo, la niña, por "ultra", se lo tenía merecido. Así por ejemplo, y sin contar la basura en redes sociales que esparcen los de siempre, resultaban deleznables las palabras de Jabois (que ha acuñado la teoría de que la paliza tenía "un por qué") o, cómo no, del impresentable de Guillermo Toledo, cuya apología de la violencia en este caso, o su frecuente defensa de regímenes totalitarios y criminales como el de Cuba, no serían en absoluto razones para, por ejemplo, justificar que le agredan a él.

Y todo porque tan salvaje apaleamiento a una mujer sola e indefensa venía de la extrema izquierda; que, por ser izquierda, no puede ser mala... Sea como fuere, la juez que lleva el caso, y en cuyas manos se halla impartir justicia como corresponde a un Estado de Derecho, se ha expresado ya con la suficiente claridad y contundencia: la agresión fue "cobarde, sorpresiva y desproporcionada". Si bien de momento, de entre esa caterva de bárbaros solo uno de ellos se encuentra en prisión: justamente quien, además de cantar rock en sus ratos libres (y no precisamente a la paz), formó parte de las listas de una Izquierda Unida que, por un lado, reconoce que sí, que así fue, aunque por otro que en realidad no, que ni le conocen ni nada tiene que ver con ellos. Y tan panchos. Sea como fuere, cabe desear que tamaña brutalidad no quede impune y todo el peso de la ley caiga sobre semejantes cafres.

martes, 24 de enero de 2017

EL PAPA, INMISERICORDE DE NUEVO CON EL LIBERALISMO

El Papa Francisco, en una entrevista que publicó el pasado fin de semana el diario "El País": "El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos —que marqué mucho en la Laudato si’ — de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que “esta economía mata”. Mata de hambre, mata de falta de cultura. La emigración no es solo de África a Lampedusa o a Lesbos. La emigración es también desde Panamá a la frontera de México con EE UU. La gente emigra buscando. Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias".

Una vez más, y bien que lo siento, uno se siente en la obligación de discrepar radicalmente de Jorge Mario Bergoglio, que ha vuelto a mostrarse inmisericorde con el libre mercado y el liberalismo en general. Y para más inri, sosteniendo sus argumentos en ¡Latinoamérica! como supuesta víctima de su denostado sistema económico, como si Ecuador, Nicaragua, Bolivia, no digamos Cuba, donde sí "se mata de hambre y de falta de cultura", o la mismísima Venezuela, triste paradigma de esa delincuencia generalizada que atribuye al liberalismo, contaran con regímenes políticos que promovieran el capitalismo "salvaje", eso que él llama "liberalismo económico fuerte" (!); o como si en su Argentina querida el peronismo de los "descamisaos", con el que parece identificarse, no haya quedado absolutamente desacreditado, no solo en las urnas, sino como "alternativa" económica al libre mercado.

Sea como fuere, que el Papa haga consideraciones morales sobre la utilización del dinero por parte del hombre y sobre actitudes reprochables desde esa perspectiva, tales como el egoísmo o la codicia, es algo que cabría esperar del papel que desempeña. Pero el Santo Padre no se ha limitado a condenar desde un punto de vista religioso, ético o moral los malos usos individuales y concretos del "vil metal", sino que ha vuelto a exponer una posición furibundamente contraria (porque ni tan siquiera utiliza el matiz: afirma ni más ni menos que "mata") a un sistema que, como el de libre mercado, se ha demostrado, y a las pruebas cabe remitirse, como el único realmente capaz de generar riqueza y prosperidad y, por tanto, de reducir la pobreza; amén de ser, desde mi punto de vista, el que más se adecua al pensamiento y la tradición cristianas, que se basan precisamente en la dignidad y la libertad de la persona, que ha de incluir el disfrute y la libre disposición de sus legítimas propiedades. Sin ir más lejos, la Encíclica "Mater et Magistra", promulgada en 1961 por Juan XXIII (considerado históricamente como un Papa "progresista", reafirma la propiedad como "derecho natural".

Tuve ocasión de exponer unos argumentos de defensa del liberalismo desde una perspectiva católica o cristiana en otra entrada en este mismo blog hace poco más de tres años, a propósito de otras apreciaciones del mismo tenor expresadas entonces por un Jorge Bergoglio recién llegado al Papado. He de reconocer que me escama muy especialmente, y como católico que me considero, que nuestro Papa se limite a hacerse eco de los tópicos antiliberales propios de esos populismos que, además de caracterizarse por sus posturas generalmente anticristianas (y antieclesiásticas), están arruinando tantos rincones de esa misma Latinoamérica... ¡que encima presenta como empobrecida por el liberalismo! Por desgracia, las consideraciones del Papa Francisco respecto al libre mercado y el típico discurso populista latinoamericano son intercambiables.

Cabe insistir en que el auténtico liberalismo supone la libertad de cada uno para disponer de lo que es suyo o ha ganado gracias a su mérito y esfuerzo y, por tanto, comerciar o intercambiar sus posesiones como buenamente quiera; aunque, por supuesto, con unos límites marcados por unas reglas de juego claras (ausencia de trampas y delitos, cumplimiento de los contratos y compromisos pactados, etc.), terreno en el que debe entrar el Estado. Porque, en puridad, el libre mercado, al contrario de como lo pintan los antiliberales de todos los colores ('anarquía', 'capitalismo salvaje'...), es absolutamente inconcebible sin la presencia de un Estado de Derecho. Tampoco sin unos principios éticos y morales, aunque haya quienes, como seres humanos imperfectos e inclinados a la corrupción, los conculquen; actitudes concretas que sí cabe denunciar, como de hecho se hace en las sociedades liberales.

La libertad de mercado, lejos de matar, favorece que el hombre disponga de más y mejores instrumentos para progresar, mejorar su calidad de vida y, en consecuencia, alejarse de una miseria que, antes del triunfo (más o menos relativo) del liberalismo económico, le acompañaba indefectiblemente a lo largo de su vida. Sin duda, un logro más de la civilización occidental que los católicos, y los cristianos en general, deberíamos resaltar y defender. Aunque por desgracia no tengamos ahora un Papa precisamente proclive a ello.

sábado, 21 de enero de 2017

COMIENZA LA "ERA TRUMP"

Solo en la noche de su victoria electoral optó por un discurso moderado, conciliador y verdaderamente presidencial. Pero, obviamente, no era él. A partir de entonces, Donald Trump decidió seguir siendo Donald Trump, en estado más o menos puro. Incluso en su toma de posesión como presidente de los Estados Unidos, en esa gran fiesta que, con solemnes rituales, une a todos los norteamericanos en torno a su ejemplar democracia, la más genuina de la historia, cuya Declaración de Derechos fundacional data de 1776, y cuya Constitución de 1787. Una celebración de exaltación democrática y unidad nacional que se vio empañada, no precisamente por Trump y sus seguidores, sino por quienes, desde posiciones supuestamente "progresistas", continúan sin aceptar las reglas de juego y el veredicto de las urnas cuando les son adversas.

Combatir los privilegios del "establishment" de Washington, contrapuesto a una América "real", tradicional y trabajadora, a la que, tras ser víctima de unas supuestas prácticas acaparadoras y hasta corruptas de la burocracia federal, se le ha "devuelto el poder"; y el "America First" como principio y coartada para revisar tanto los acuerdos internacionales de libre comercio como el liderazgo militar de los Estados Unidos en la defensa de la libertad y la democracia en el mundo, han sido los consabidos ejes de una alocución que no se ha desviado ni un milímetro de los argumentos primordiales que ha utilizado en campaña y con los que, cierto es, ha logrado llegar a la Casa Blanca. Quizá en su compromiso explícito de promover una coalición internacional para luchar decididamente contra el islamismo yihadista ("borrarlo de la faz de la tierra") podamos encontrar un motivo de cierto optimismo y esperanza en esta primera declaración de intenciones del, ahora sí, nuevo presidente de la nación más poderosa.

Si algo ha dejado claro, pues, el 45 presidente de los Estados Unidos es que no piensa abandonar la retórica que tan magníficos resultados electorales le ha reportado. Él bien sabe que se debe a su público, cuya fidelidad, obviamente, pretende conservar. El tiempo dirá si el sistema de equilibrios y contrapesos que caracteriza a la gran democracia norteamericana, el pragmatismo que impone el ejercicio del poder, e incluso una realidad tozuda que le impida alejarse del signo de los tiempos, le obligarán a, al menos, matizar sus posiciones aislacionistas y proteccionistas y, en general, mostrarse más cauto en el día a día de la gestión política tangible. Sea como fuere, asistimos a partir de ahora a la "era Trump", que se presenta llena de incertidumbres.


lunes, 16 de enero de 2017

SE VA OBAMA... PERO LA PROGRESÍA DE HOLLYWOOD VUELVE

Dejarse comer la tostada en el panorama internacional por Putin, que ha hecho y deshecho a placer en los predios de su añorado y en parte resucitado Imperio Ruso; claudicar ante dictaduras como la iraní o la cubana, a las que ha dotado de respetabilidad sin absolutamente nada a cambio; y, en consecuencia, situar a los hace poco todopoderosos Estados Unidos en una posición abstencionista en la defensa de la libertad y la democracia en el mundo, lo que equivale a situarles en la práctica irrelevancia en los asuntos exteriores, son argumentos más que suficientes como para calificar el mandato de Obama, que tantas expectativas había despertado, de mediocre y hasta con un balance desfavorable, y aun siendo generosos. En política interior, además, ha cosechado fracaso tras fracaso, empezando por su mismísimo buque insignia, el "Obamacare", por la sencilla razón de que no ha calado en una sociedad como la norteamericana, tan celosa de su libertad individual como propensa a rechazar la intervención del Estado en sus vidas.

Mucho se ha culpado, cómo no, de los reveses de Obama en política doméstica a los siempre denostados republicanos, que en el tramo final de la Administración "obamita" han ostentado una muy significativa mayoría en ambas Cámaras (cosechadas en las urnas de forma clara y rotunda, no lo olvidemos); cuando precisamente el único éxito que podría exhibir el demócrata, y que por su indudable importancia impide reputar de desastroso su mandato, la recuperación económica y de la creación de empleo, se ha debido en gran parte, y frente a la tendencia intervencionista de los primeros años de su presidencia, al rigor en materia económica y presupuestaria que le ha impuesto un poder legislativo de signo conservador. Independientemente de que los representantes del Grand Old Party, del partido fundado por Abraham Lincoln, merecen ese mínimo de respeto que con tanta ligereza se le niega por estos lares de la vieja Europa, aunque solo sea por el decisivo papel que llevan desempeñando en la democracia estadounidense desde sus mismos orígenes; además de, por supuesto, ganar el respaldo de al menos la mitad de los votantes norteamericanos, que algo saben de eso de acudir a las urnas.

Se va, entre lágrimas (la de chistes que se hubieran hecho si Bush Jr. se hubiese despedido de esa guisa), Obama, cuyas dos presidencias repletas de frustraciones y desencantos han promovido la llegada al poder de un populista como Donald Trump... aunque, eso sí: vuelve la progresía de Hollywood, a la que, tras ocho años de estruendoso silencio, le ha entrado de repente un irrefrenable impulso de, por fin, utilizar cualquier motivo, acto o festival cineasta como plataforma de crítica y arenga política. Empezó tocando a rebato, y sin venir a cuento, la mismísima Meryl Streep en la ceremonia de los Globos de Oro, y claro, los demás, desde Sharon Stone a Robert de Niro, pasando por George Clooney, no tardaron en seguirle. Porque Hollywood es como, por ejemplo, nuestro cine (aunque sin subvenciones, eso sí): casi todo progre (o "liberal" en el sentido norteamericano del término); casi, porque hay contadas excepciones como Clint Eastwood, Jon Voight, Kirstey Allie o Gary Sinise, republicanos irreductibles y fieles que han declarado sin reparo alguno su voto a Donald Trump.

Ahora bien: el presidente electo Trump, cuya facilidad para meterse en camisa de once varas nos augura días de gloria, volvió en aquella ocasión, y una vez más, a desbarrar cuando se permitió entrar en la provocación y, de paso, tachar de "sobrevalorada" a una actriz tan extraordinaria como es Meryl Streep (y como todos los que, en diferentes niveles, han sido nombrados más arriba). Su última gran interpretación: ni más ni menos que la de Margaret Thatcher en "La Dama de Hierro", un papel que, afortunadamente, no le llegó a prohibir su inquebrantable adhesión al paradigma progre.

Como era de esperar, la primera rebelión del "establishment" "liberal" hollywoodiense tuvo su continuación, incluso convirtiendo "I will survive" en un himno de resistencia contra Trump... aunque todo parece indicar que, pese a las promesas de algún que otro famoso, ello no implicará huidas en masa de los Estados Unidos. Todo lo más, algún drástico acto de protesta como el cambio de "look" emprendido por la actriz (y "activista" progre) Olivia Wilde para terminar con la vergüenza de seguir luciendo un peinado parecido al de Melania Trump (fea como ella sola, como cualquiera puede advertir)... y lo que te rondaré, morena.

Desde luego, y ojalá nos equivoquemos, nada o bien poco cabe de momento esperar de la presidencia de quien, amén de prometer imposibles y abogar por la vuelta al aislacionismo y al proteccionismo, en campaña se ha mostrado como el típico populista faltón y demagogo, y en cuya primera rueda de prensa ni ha rectificado mínimamente ni ha abandonado tan lamentable comportamiento. Todo lo cual no obsta para criticar el ridículo sectarismo de una progresía, la de Hollywood, a la que solo parece despertar su conciencia política la mera perspectiva de que un republicano o conservador habite la Casa Blanca... y sin tan siquiera esperar a que tome posesión del cargo.

martes, 10 de enero de 2017

PEDRO JOTA: CONTRA MARIANO SIEMPRE

"... hay quien ha aprovechado este último revés económico (los seis millones de parados registrados por la EPA en abril de 2013) para presentarlo como poco menos que fatal e irresoluble y, de paso, dar rienda suelta a determinadas obsesiones. Porque no dejan de resultar divertidos los en los últimos días frecuentes ejercicios de política-ficción de ciertos 'líderes de opinión', cuya fatuidad les lleva a atribuirse a sí mismos tal capacidad de influencia en todo un grupo parlamentario de 185 diputados que llegan a soñar con la inminencia de una especie de rebelión interna; y que incluso se permiten concederle un escaso plazo de vida política a quien preside, además del Gobierno de la nación, el partido que gobierna la inmensa mayoría de las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos. Se trata, en cualquier caso, de la nueva y brillante solución milagrosa que aportan algunos como paso previo y necesario a la salida de la crisis. 

Pues bien, aunque de ilusión también se vive, solo cabe aducir que, en primer lugar, ni tan siquiera hemos alcanzado la mitad de la legislatura, por lo que todavía queda muchísima contienda por disputar y en ningún caso se puede dar nada por sentado; y, en segundo lugar, si alguna virtud resulta indiscutible en el denostado Mariano es precisamente su inusitada capacidad de aguante y supervivencia política, que tanta irritación despierta en algunos. Porque quizá sea apropiado responder a las prisas e impaciencia del furibundo antimarianismo mediático con la conocida frase literaria de Juan Ruiz de Alarcón, falsamente atribuida a Zorrilla y su 'Don Juan Tenorio': 'Los muertos que vos matáis gozan de buena salud'. Al tiempo". 

De esta forma glosé aquí mismo, hace tres años y medio, una frenética campaña personal contra Mariano Rajoy emprendida desde tiempo atrás por cierta "unión de intereses" liderada por quienes, como Pedro J. Ramírez, presentaban su común y radical animadversión hacia el presidente del Gobierno como irreductible defensa de los supuestamente traicionados postulados ideológicos del centro-derecha. Una campaña que se intensificaba entonces al calor de unos datos económicos adversos cuya culpabilidad atribuía a su Gobierno (directa responsabilidad que, por cierto, desapareció como por ensalmo cuando empezaron a mejorar ostensiblemente). ¿Y qué pecado había cometido Mariano? Básicamente, no mostrarse receptivo a favorecer determinados proyectos mediáticos. Pero, tal y como me permití pronosticar, los muertos (en este caso, el muerto) que algunos, confundiendo deseos con realidad, mataban, gozaban de buena salud. Y ahí lo tenemos: todavía en La Moncloa tras imponerse dos veces consecutivas en las urnas, contra viento y marea y tras superar la más grave crisis económica, social y política de la historia reciente.

Y no será porque el propio Pedro J. Ramírez no haya intentado su derrocamiento sin pasar por comicios, desde su eco de las "fotocopias de fotocopias" de los papeles de Bárcenas, del que su periódico se convirtió en el mejor abogado defensor, y los mensajes sacados de contexto entre el ex tesorero y Rajoy. Pero, ay, la línea editorial que Pedro Jota imprimió a 'El Mundo', es decir, contra Mariano siempre, no se vio acompañada por una buena cuenta de resultados, lo que llevó al consejo de administración a cesarle como director. Algo que, por supuesto, su proverbial megalomanía (que nunca le ha impedido ser un gran periodista) aprovechó para presentarse como víctima del Gobierno de turno, mercancía que le compraron sobre todo los que andan empeñados en que Mariano es el origen de todos los males.

Para fortuna del pluralismo informativo y la libertad de expresión, la pluma de Pedro Jota, aunque de influencia cada vez más menguante, no se ha quedado sin tinta. Es más: a buen seguro que levantará expectación la próxima encuesta que encargue el periódico que él mismo ha fundado, "El Español". Tras asignarle Pedro Jota 47 escaños a su loado y protegido Albert Rivera a la misma vez que los demás sondeos le vaticinan, en el mejor de los casos, mantenerse en sus actuales 32; y después de que en su última "encuesta-bomba" le atribuyera nada menos que 51 diputados a una hipotética (y fantasiosa) escisión del PP encabezada por su (ahora) añorado José María Aznar, pese a que quien ha sido un magnífico presidente del Gobierno haya negado tajantemente cualquier pretensión de rivalizar electoralmente con el partido que él mismo refundó; no sería descartable que el siguiente estudio demoscópico del nuevo diario otorgara otra cincuentena de escaños a una candidatura liderada por el propio Pedro Jota y compuesta por otros próceres de ese furibundo antimarianismo mediático de "las esencias", que, por ejemplo, podría presentarse bajo las siglas CMS (Contra Mariano Siempre).

Quién sabe, puestos a invertarse cuñas que dividan al centro-derecha nacional con la (vana) intención de debilitar a su denostado y eternamente "amortizado" Mariano Rajoy, que encima ahora no deja de ganar elecciones el muy "jodío", por qué no dar ese definitivo paso. Mucho ánimo. Y es que cuando determinadas obsesiones se vuelven contumaces, lo ridículo alcanza niveles verdaderamente esperpénticos. Y ya se sabe lo que hace el león cuando se aburre: matar moscas con el rabo.