martes 9 de febrero de 2010

SOBRE CONSPIRACIONES Y CONTUBERNIOS


Culpar de todos los males a una oscura y taimada conjunción de poderosísimas fuerzas políticas, sociales y económicas que en secreto mueven los hilos del mundo ha sido un recurso muy manido a lo largo de la historia. En teorías conspiranoicas cimentaron su origen y supervivencia imperios y regímenes totalitarios como el nacionalsocialista, que atribuía la decadencia y humillación de Alemania al complot judío internacional que reflejaban los Protocolos de los Sabios de Sabión, aquel panfleto antisemita que promoviera la Rusia zarista para argumentar los progromos.


En España, el primer franquismo, aunque no era de carácter antisemita, hacía frecuentes referencias a una supuesta conspiración judeomasónica, más concretamente judeo-masónico-marxista-internacional (nada menos), siempre que las cosas venían mal dadas; en 1962, con motivo del IV Congreso del Movimiento Europeo en el que participaron políticos españoles que pedían la instauración de la democracia, y que el diario falangista 'Arriba' llamó 'Contubernio de Munich', el régimen franquista haría nuevamente uso de la tesis de la confabulación contra España; y en 1975, poco antes de que muriera en la cama (pese a los denodados esfuerzos de tantos 'demócratas' que al parecer pretendían horadar al régimen franquista desde dentro, es decir, viviendo, y muy bien, de él), Franco proclamaba ante unos fieles que abarrotaban la Plaza de Oriente y alrededores que volvía por sus fueros 'una conspiración masónico-izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión terrorista-comunista en lo social'. Casi nada.

Pero nuestra salida de la dictadura no nos ha librado precisamente de ridículas campañas emprendidas por determinados Gobiernos, que, apabullados e incapaces de afrontar una realidad esquiva, deciden inventarse potentes enemigos externos y ocultos defensores de intereses inconfesables con tal de intentar eludir responsabilidades. Recordemos que en los estertores de un felipismo acorralado por el paro y la corrupción, desde el mismo Ejecutivo hicieron correr un bulo consistente en la existencia de una conjura que, pese a que incluían en ella a un monárquico 'pata negra' como Luis María Anson, se empeñaban en calificar de 'republicana'; encabezada por Antonio García Trevijano, Pedro J. Ramírez y el llorado Antonio Herrero, y compuesta por un 'totum revolutum' de políticos y periodistas de distintas y contrapuestas tendencias e ideologías, estos seres malignos tramaban, no ya acabar con el Gobierno socialista, sino incluso llevarse también a la Monarquía por delante.

El propio Felipe González se encargaría de denunciar a quienes llevaban esa labor de desestabilización institucional al mismísimo Congreso de los Diputados: Aznar y Anguita (la misma 'porquería' es, llegaría a aseverar el célebre estadista), el PP e IU (que entonces ejercía una oposición implacable, antes de convertirse en lo que es hoy, el sector crítico del PSOE), 'la derecha (franquista, se sobrentendía) y los comunistas', cuya 'pinza' pretendía atrapar al injustamente asediado y 'estigmatizado' presidente del Gobierno. También nos alertaba del grave peligro de esa nueva 'Triple A' que desgastaba al sistema democrático: Aznar-Anguita-Anson. Así, convirtiendo sus obsesiones personales en problemas de Estado, y la legítima crítica a él mismo y a su Gobierno en una estrategia antidemocrática, el entonces presidente, amarrado desesperadamente al poder, daba pábulo a esa inverosímil maquinación que abarcaba a monárquicos y a republicanos, a la derecha conservadora y a la izquierda radical, a liberales y a comunistas... Un completo disparate que obviamente nadie con dos dedos de frente llegó a creerse, por mucho que su amplia difusión por parte de toda la prensa afín al felipismo intentara transformarla en verdad.

Ahora bien, como en otros asuntos, el zapaterismo ha ido un paso más allá que el felipismo: Al igual que el franquismo, no se ha quedado en casa a la hora de encontrar enemigos, sino que se ha atrevido a buscarlos fuera de nuestras fronteras. De esta forma, el Ministro de Fomento y 'chico para todo' José Blanco, que lo mismo está para un roto que para un descosido, ha culpado de los actuales males de nuestra economía nada menos que a una conspiración internacional contra Zapatero: Además, con este ataque a España por parte de determinados intereses financieros, parece ser que plasmados en los últimos editoriales de aquella prensa de tendencia socialdemócrata que hasta ayer mismo se deshacía en elogios hacia nuestro presidente, se pretende también... ¡acabar con el euro!

Ya que el señor Blanco llega tan lejos, no debería conformarse con hacer alusiones generales a 'especuladores financieros' que hallan su correspondiente cobertura en cierta prensa que podríamos denominar, ya puestos en estas lides conspiranoicas, como 'judeo-capitalistas'. ¿Quiénes mueven los hilos, quiénes se han conjurado realmente contra Zapatero, España y el euro? ¿Aznar con la colaboración de Rupert Murdoch? ¿La Pérfida Albión con su libra? ¿El mismo complejo 'militar-industrial' que en su momento ordenara el asesinato de Kennedy o el golpe de Estado contra Allende y que todavía, pese a Obama, gobierna 'de facto' los Estados Unidos, siempre presto a imponer los intereses económicos estadounidenses en todo el mundo?

Hay quien sostiene que la verdadera conspiración, no judía, pero sí eminentemente masónica, es la que hace tiempo lleva emprendiendo este Gobierno rabiosamente anticristiano contra los principios tradicionales de la sociedad española, con el objetivo de hacer realidad ese pronóstico de Alfonso Guerra en 1982: 'A este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió'. Lo que sí parece claro es que, desde que tenemos a Zapatero en La Moncloa, España está siendo víctima al menos de una conjura: La de los necios.

viernes 5 de febrero de 2010

¿Y LA FOTO CON OBAMA?


No parece que el magno acontecimiento 'planetario' que nos anunciara en su momento una fascinada Leire Pajín vaya a ser excesivamente fructífero; al menos a la hora de producir gloriosas instantáneas, que es al final lo que realmente importa a los políticos que, como Zapatero, basan su ejecutoria en la imagen y la propaganda. Ni tan siquiera una ocasión tan favorable como que a nuestro Gobierno le toque presidir la Unión Europea va a proporcionar la ansiada visita a España del mitificado Barack Obama, ocupado y preocupado por los delicados asuntos internos de unos Estados Unidos cuya economía, lastrada por esta torpe reedición del 'New Deal' impulsada por su propio presidente, no acaba de arrancar. Además, el tiempo ha demostrado que ese 'feeling' y esa afinidad personal e ideológica entre Zapatero y Obama que nos han querido vender nunca ha sido tal, ni mucho menos.

Aún así, nuestro presidente no estaba dispuesto a rendirse. Si Obama no va a Zapatero, que Zapatero vaya a Obama, ha debido de pensar. Y si es necesario que un orgulloso y confeso ateo y rabioso 'laico' como él tuviera que desplazarse a Washington para asistir a ¡un desayuno de oración!, auspiciado para más inri por un poderoso 'lobby' religioso afecto al ala más conservadora del Partido Republicano, pues se somete a semejante sacrificio, traga bilis y acude, faltaría más. Y si debía hacer referencia, aunque con las matizaciones pertinentes en un 'progre' que se precie, a las indiscutibles raíces cristianas de nuestro país, cuyos vestigios y símbolos pretende borrar de la vida pública, se hace y punto.



Es más: Qué mejor manera de disimular su completa, consabida y ridícula ignorancia del inglés apelando a la lengua 'en la que se rezó por primera vez al Dios del Evangelio en esta tierra'. ¿No sería también razón suficiente para que se garantizara su enseñanza en todo el territorio español? Y, desde luego, nadie posee más autoridad moral para citar aquel pasaje del Deuteronomio que condena la explotación del jornalero 'pobre y necesitado'; nadie más que él, cuya política propicia que millones de españoles no puedan cobrar su jornal sencillamente porque no encuentran un puesto de trabajo.

Y a la hora de la verdad, ¿para qué ha servido esta indecorosa exhibición de infinita hipocresía? ¿Y la foto con Obama? Porque del presidente norteamericano no ha obtenido más que un cordial pero brevísimo saludo y una fugaz charla de despedida. Vamos, como en la época de Bush.

martes 2 de febrero de 2010

LOS COSMÉTICOS 'CORBACHO' YA NO SIRVEN


Enero de 2009. Según datos del INEM, España acababa de superar los tres millones de parados. Sin embargo, el titular de un Ministerio al que se empecinan en llamar 'de Trabajo', ante la dramática certeza de que en cuestión de tiempo rebasaríamos los cuatro millones, se atrevía a negar la mayor y aseguraba que 'de ninguna manera' alcanzaríamos tan vergonzante cifra. Pues bien, ni la meticulosa aplicación de grandes dosis de maquillaje ha sido capaz en esta ocasión de ocultar una realidad lacerante. Y es que hace tiempo que los célebres cosméticos 'Corbacho' han quedado inservibles.

Y ni mucho menos son aptos para encubrir una coyuntura aún peor y si cabe todavía más alarmante: La Seguridad Social continúa perdiendo afiliados de manera vertiginosa. Circunstancia especialmente significativa cuando este Gobierno de nuestras entretelas, acuciado por determinados foros e instancias internacionales que le afean abiertamente su incapacidad y su insolvencia, plantea ahora el retraso en dos años de la edad de jubilación como gran resolutivo para afrontar la crisis y el espantoso estado de las cuentas públicas. Nítida reforma del sistema de pensiones que, por cierto, y empezando por el presidente Zapatero, hace unos meses negaban tajantemente emprender tanto el Ejecutivo como el partido en que se sustenta. Aunque a estas alturas sabemos de sobra que pedir un mínimo de coherencia al PSOE es sencillamente un absurdo.



Ahora bien, nada resolvemos con alargar la vida laboral si sigue reduciéndose a este ritmo el número de cotizantes a la Seguridad Social. Porque el sistema público de pensiones que tenemos en España, cimentado en el reparto, dejará de ser viable mientras se continúe destruyendo puestos de trabajo. Así pues, la prioridad ahora no debería ser dilatar el acceso a las pensiones de jubilación, sino flexibilizar y liberalizar el mercado laboral para generar el empleo que precisamente permita y asegure el mantenimiento de las prestaciones.

¿Otro remedio para dejar nuestras pensiones a salvo de las turbulencias? Instituir un sistema basado en la capitalización, al estilo chileno. Pero, obviamente, nadie está dispuesto ni tan siquiera a sugerir la conveniencia de acometer reforma de tal calado, debido a las consecuencias, sobre todo de índole electoral, que ello puede acarrear. Aunque, dado el oscuro panorama que se nos presenta, quizá la solución la acabemos encontrando en los seguros privados de pensiones. Como siempre que gobierna el PSOE, por cierto.

viernes 29 de enero de 2010

NO ESCAMPA


El Gobierno de Zapatero, el mismo que, mientras negaba la crisis económica, prometía el pleno empleo, sigue batiendo récords de índices de paro: Un 18,8%, el porcentaje más alto en doce años. Además, el peor dato de ocupación de la historia, o al menos desde que este indicador comenzó a elaborarse en... ¡1976! Este es el progreso que nos trae la ruinosa política económica socialista.

Ya está bien de onerosos e improductivos Planes 'E' y demás estropicios y dispendios keynesianos. La solución al problema del paro no pasa por el intervencionismo económico, que a la vista está que lo agrava. Ni mucho menos por subir los impuestos, sino que habría que bajarlos a las empresas para propiciar su creación y la generación de puestos de trabajo, y también a los ciudadanos y a las familias para reactivar el consumo. No es el Estado, que sólo puede entorpecer, sino la sociedad civil la que ha de liderar la tan ansiada recuperación de nuestra economía.

Asimismo, urge una reforma del mercado laboral, que por su rigidez hace tiempo que se ha convertido en una implacable fábrica de parados. Pero no una reformita de pitiminí como la que parece estar cocinándose, que aparente que algo cambia para que en realidad todo siga igual, sino lo suficientemente profunda y audaz como para introducir flexibilidad en nuestro obsoleto sistema laboral y facilitar así la contratación.

Por desgracia, los estúpidos prejuicios ideológicos de Zapatero, de los que él mismo ha llegado a jactarse, le impiden tomar medidas de este cariz. El presidente estaba convencido de que era cuestión de seguir gastando a espuertas, endeudar a las próximas generaciones y, bajo el paragüas protector del Secretario de Estado Campa, esperar a que escampe. Pero no, la tormenta no cesa. Y no dejan de aparecer en el horizonte nubarrones cada vez más negros.

jueves 28 de enero de 2010

AHORA PARECE SER EL MOMENTO


Siempre que pasa igual, sucede lo mismo. En cuanto alguien se atreve apenas a sugerir la conveniencia de plantear un endurecimiento de las penas por los delitos más graves, surgen por doquier las respuestas de rigor por parte de los inevitables e incansables guardianes de las esencias de la corrección política, que, en su exceso de celo, llegan a constituirse en auténtica Policía del pensamiento: 'Es demagógico', 'es oportunista', 'es irresponsable', 'es rencoroso', 'apela al odio y las vísceras', etc. Y suelen terminar con su consabido y trillado corolario: 'No es el momento'. Ni siquiera ahora, cuando, que sepamos, no debemos lamentar ningún asesinato recientemente acontecido que, por su especial crueldad, nos haya sobrecogido. ¿Pues cuándo es el momento, señores de la progresía, apóstoles del buenismo? ¿Hemos de esperar a que ustedes den el correspondiente permiso para que quien lo desee exprese con total libertad, y sin que tenga por ello que soportar toda una retahíla de descalificaciones, sus opiniones y propuestas al respecto, por mucho que se alejen de determinada ortodoxia?

El relativismo moral que, por desgracia, impera en estos tiempos, tiene como una de sus más acabadas expresiones el siguiente principio que la izquierda reputa como absoluto: El delincuente es una víctima de la sociedad. Así, puesto que en el fondo no es responsable de sus actos, no es merecedor de un castigo en el sentido estricto, sino que ha de someterse a una especie de reeducación que le conduzca a la retractación y a la reinserción. Pese a las terribles fallas de una teoría generalizadora que acaba propiciando la impunidad y hasta la reincidencia, ya que la experiencia demuestra que hay casos que no son susceptibles ni de rehabilitación ni de arrepentimiento, la progresía no está dispuesta a bajarse del burro: Creen que si se pone en discusión este precepto, empezará a correr peligro todo un modelo de sociedad, el suyo, basado en la difuminación de la responsabilidad del individuo.

No sólo el hombre no es bueno por naturaleza, sino que además hay quienes cometen actos criminales llevados únicamente por su maldad congénita. Es la pura verdad, aunque denunciarla no entre en los cánones de lo políticamente correcto. Así pues, que el PP haya decidido proponer al Congreso de los Diputados tanto la cadena perpetua, que si es revisable no contradice en absoluto a la Constitución, como la reforma de la fatal y nefasta Ley del Menor, heredera directa del rousseaniano 'mito del buen salvaje' (aunque en este caso los dos grandes partidos tienen su cuota de responsabilidad), es digno de aplauso. Aunque sendas iniciativas tengan escasas posibilidades de prosperar, el mero hecho de que se debatan en plena sede de la soberanía nacional es ya un avance. Ahora parece ser el momento.

martes 26 de enero de 2010

¿ENERGÍA NUCLEAR? POR SUPUESTO QUE SÍ


Porque ninguna maldición divina nos condena a los consumidores y usuarios españoles a pagar una energía cara por los siglos de los siglos. Porque la economía nacional no puede permitirse el lujo de continuar dependiendo energéticamente de países con tan alto riesgo de inestabilidad política. Porque no tiene dos dedos de frente comprarle a Francia una electricidad que, procedente de la energía nuclear, podemos fabricar perfectamente aquí. Porque es posible consumir una energía que es totalmente respetuosa con el medio ambiente y, a la vez, lo suficientemente eficiente. Porque, muy al contrario de lo que increíblemente todavía se pregona, y sin que Chernobyl, trágica consecuencia de un sistema irracional, inhumano y fracasado como el comunista, pueda ser ejemplo de nada, su producción y almacenamiento son absolutamente seguros. Por tanto: ¿Energía nuclear? Por supuesto que sí. Hay poderosísimas razones para apostar por ella, definitivamente y sin ambages.

Eso sí, en lugar de intentar sacar provecho político de los miedos que, basados en el desconocimiento y los prejuicios instalados, provoca este asunto en buena parte del electorado, urge abrir un debate sereno, serio y riguroso. Sabemos que poco o nada se puede hacer ante determinados casos que podemos considerar perdidos, sobre todo de aquellos cuyas limitadísimas anteojeras ideológicas le impiden ver más allá de mayo del 68; ahora bien, quienes dicen defender el uso de la energía nuclear deberían dar un paso al frente y, lejos de caer también en la tentación de ejercer un electoralismo barato, ser totalmente consecuentes y hacer la correspondiente pedagogía. No se trata en este caso de contraponer derechas a izquierdas, o conservadurismo a progresismo, sino de buscar lo que puede resultar más beneficioso para el muy sufrido consumidor español y nuestra ya de por sí castigada economía.

sábado 23 de enero de 2010

AZNAR, SIN PELOS EN LA LENGUA

Siempre es interesante conocer las opiniones que sobre la actualidad política tiene quien ha sido el mejor presidente del Gobierno de nuestra democracia, bajo cuyo mandato España alcanzó las más altas cotas de desarrollo, prosperidad y prestigio de la historia reciente. Tras nada menos que casi seis años, concretamente desde que abandonó el Palacio de la Moncloa, José María Aznar ha vuelto a ser entrevistado en Televisión Española. Pero tan larga y ciertamente inexplicable ausencia de los estudios de un ente que sufragamos todos los españoles (y ahora aún más si cabe) se ha visto compensada con una comparecencia que no ha tenido desperdicio alguno: Aznar, con la libertad que le confiere haberse retirado hace tiempo de la política activa y sin más ataduras que las de unos principios que, basados en el liberalismo, defiende a rajatabla, se pronuncia con meridiana claridad y no rehúye valorar ningún asunto relativo a la política nacional e internacional, por muy delicado que pueda ser. Es Aznar en estado puro, sin pelos en la lengua. Y, como se puede comprobar, no deja nada en el tintero.