lunes, 2 de noviembre de 2009

TRIBUTO A UN COLOSO DE LA LIBERTAD


Hace veinte años asistimos a uno de los fenómenos más grandiosos de la historia de la humanidad: La caída del Muro de Berlín. Después de más de setenta años extendiendo el totalitarismo, el crimen y la miseria en tantos rincones del mundo, el siniestro imperio comunista soviético había sido definitivamente derrotado. Una larguísima y larvada Guerra Fría tocaba felizmente a su fin, y de la mejor manera posible: Con la apabullante e incontestable victoria de la democracia liberal y de la economía de mercado. En suma, tras décadas de incontables sufrimientos y sacrificios humanos, la causa de la libertad se apuntaba un memorable triunfo.

Si cabe personalizar en alguien este extraordinario éxito, es sin duda en Ronald Reagan. Sin restarle méritos a la magnífica labor desempeñada tanto por Margaret Thatcher, con quien formó un inquebrantable tándem político en la defensa de los principios democráticos y liberales, como por Juan Pablo II, quien supo poner en evidencia el carácter inhumano del comunismo y su radical incompatibilidad con los valores cristianos, hubiera sido más difícil vencer al totalitarismo soviético sin aquella combinación de consistencia militar y habilidad diplomática de la que hizo gala Reagan.

Y es que, al contrario que algunos de sus antecesores, Ronald Reagan creía sólidamente en la superioridad moral y material del mundo libre sobre lo que acertadamente calificaba como 'imperio del mal'. Maligna tiranía, como tal, desprovista de legitimidad y con la que, por tanto, no había que resignarse a 'convivir', sino, simple y llanamente, derrotarla: 'Mi teoría de la Guerra Fría es que nosotros ganamos y ellos pierden', fue su predicción ya en 1977. Con esta claridad de ideas, expresadas sin eufemismos, se ganó la incomprensión de los adalides de la 'distensión', entonces como ahora legión, y el odio de la izquierda política e 'intelectual', siempre dispuesta a disculpar, en aras de un tan inexistente como sangriento 'progreso', los desmanes del totalitarismo comunista. Pero fue esta política de firmeza, basada en unas arraigadas convicciones liberales que no se privaba en divulgar siempre que podía, la que propició aquella gran victoria de la libertad.

Por tanto, es de justicia rendir tributo a quien debe pasar a la historia como un coloso de la libertad. A propósito de su más extraordinario legado, rememoramos su histórico discurso frente a la Puerta de Brandenburgo, en el que, ante una audiencia entregada y enfervorizada, lanzaba al líder soviético el siguiente desafío: 'General Secretary Gorbachov, if you seek peace, if you seek prosperity for the Soviet Union and eastern Europe, if you seek liberalization, come here to this gate. Mr. Gorbachov, open this gate. Mr. Gorbachov, tear down this wall!' Dos años después, millares de berlineses, tanto de Occidente como de Oriente, salieron a la calle y derribaron el muro que les dividía y afrentaba. Fue el principio del implacable derrumbe del totalitario imperio soviético.

3 comentarios:

Arsenio Bernal dijo...

Fantástico tributo, como es de recibo reconocer. Adalid de la libertad.
(Si posees el dato, has de enterarte de cuál de los componentes del mítico grupo de rock "Ramones" tenía a Ronald Reagan como su ídolo número uno; por una vez, el mundo de la contracultura del rock hace suyo a un gran hombre, a un conservador, sí, y qué?).

Matthew Bennett dijo...

Muy bueno tu post, Pedro. Además, tendríamos que hacer una tertulia un día sobre hasta qué punto fue la oposición occidental y liberal al comunismo, los propios fallos del planteamiento comunista o la forma en que intentaron los soviéticos implantarlo en la antigua URSS lo que tuvo más relevancia en la caída del muro y el colapso del sistema soviético.

Pedro Moya dijo...

En efecto, Arsenio: El mismísimo Johnny Ramone no ocultaba su admiración hacia Reagan. Ya desde joven simpatizaba con los republicanos: Al principio debido a un punto de rebeldía, ya que votaría a Nixon más bien para llevarle la contraria a sus vecinos, que manifestaban su intención de votar a Kennedy porque era más guapo y simpático; pero con el paso de los años llegaría al convencimiento de que los republicanos defienden mejor la libertad que los demócratas, entre otras razones porque son menos intervencionistas en lo económico. A Reagan le calificaría como el presidente más importante de su vida. Precisamente, Johnny Ramone moriría pocos meses después de su idolatrado Reagan.

Matt, planteas un asunto complejo y que ha sido objeto de múltiples debates, pero considero que sin la determinación de Reagan en el panorama internacional hubiera sido más difícil derrotar a un totalitarismo soviético que, antes de su llegada a la presidencia de los Estados Unidos, parecía ganarle la batalla al mundo libre. Quizá sólo faltaba darle un empujón para derribarlo, pero alguien tenía que hacerlo. Y fue Reagan.