lunes, 10 de noviembre de 2008

CAÍDOS POR ESPAÑA Y LA LIBERTAD


Rubén Alonso Ríos y Juan Andrés Suárez son nuestros últimos héroes caídos en la lucha contra el terrorismo islamista. Dos soldados españoles fallecidos en el campo de batalla bajo la bandera nacional, y que por ello merecen todo nuestro agradecimiento y reconocimiento. Es de justicia resaltar la extraordinaria y épica labor de aquellos militares que, lejos de su hogar, ponen todos los días en riesgo sus vidas en defensa de España y de los valores de la libertad y la democracia. Y ese es precisamente el mejor homenaje que les podemos tributar: Destacando que en Afganistán, como antes en Irak, nuestro Ejército forma parte de la avanzadilla de la guerra (sí, guerra) que el mundo occidental, encabezado por los Estados Unidos, está librando contra el terrorismo integrista desde los atentados del 11-S. Por desgracia, es una realidad que trata de esconder un Gobierno que alcanzó el poder al grito de 'no a la guerra', y que además promueve una necia 'alianza de civilizaciones' como solución a la amenaza del fundamentalismo islamista. Por mucho que nos quieran convencer de lo contrario, nuestras tropas no desempeñan allí el por otra parte respetable papel de una ONG, sino el propio de un Ejército en un combate contra el actual y principal enemigo de la civilización occidental, que no es otro que el integrismo terrorista y liberticida. Posiblemente produzca vergüenza en quienes profesan un pacifismo basado en un nihilismo tan en boga. Pero es motivo de inmenso orgullo para quienes creemos firmemente en la libertad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola:
Creo que deberías hacer una disertación acerca de la diferencia (que yo veo muy claras) entre Afganistán e Irak. No creo que tengan nada que ver...
Un saludo

Pedro Moya dijo...

Ambas guerras se producen en el marco de la lucha contra el terrorismo islámico. ¿Diferencias? Aparte de que la de Afganistán contó desde un principio con el visto bueno de la ONU, y sin embargo la de Irak no (aunque después refrendaría la labor de reconstrucción de los aliados), el PSOE y sus poderosas terminales mediáticas sólo consideran 'guerra' a la segunda, sobre todo porque decidieron utilizar ese conflicto para desgastar al Gobierno de Aznar y al PP. Así, por ejemplo, no tuvieron empacho alguno en arrojarles a la cara los cadáveres de quienes fueron objeto de atentados en Irak, al igual que harían posteriormente con los muertos del 11-M. Sin embargo, para ellos lo de Afganistán no es tal guerra, sino mera 'misión humanitaria', aunque nada menos que 89 militares españoles han perdido allí la vida. Pero, claro, en esta ocasión nadie sale a culpar al Gobierno de esas muertes, ni siquiera aquellos seudoartistas y seudocineastas de la progresía que tanto se movilizan cuando se trata de manifestarse contra guerras que no apoya el PSOE. Para ellos, después de que sus amigos hayan alcanzado el poder, han dejado de existir las guerras, pese a los féretros que nos siguen llegando. En efecto, podemos advertir diferencias muy claras, que sacan a relucir la hipocresía de tantos.
Y si 'la prueba del algodón' que diferencia guerras de lo que no lo son, o entre guerras buenas y guerras malas, es la aprobación de la ONU, hay que recordar que la intervención en los Balcanes también se llevó a cabo sin su aval. Fundamentalmente debido al veto de Rusia, presta a echar una mano a sus hermanos eslavos. ¿Dejó por ello de ser legítima? ¿Era mejor que se enquistara un terrible conflicto que teníamos en la misma Europa, y que miráramos hacia otro lado ante los genocidios que estaban teniendo lugar?