
A Zapatero no le ha importado tener que desembarazarse del lastre bermejil. El otro gran protagonista de la cacería furtiva sigue en activo, y de qué manera. Las últimas encuestas situaban al PP bordeando la mayoría absoluta en Galicia y, por tanto, el 'juez-guardián' del PSOE, tras una crisis de ansiedad propia de quien ha de trabajar más de la cuenta sin estar acostumbrado a ello, tenía que ponerse manos a la obra. Y quien se está significando como el puntal electoral indiscutible de los socialistas ha vuelto por donde solía: A romper el secreto del sumario propiciando la filtración de información parcial a la prensa amiga, que no tarda en hacer públicos los nombres de personas a las que se les pone en la picota, que saben que se les acusa pero no de qué, y que, por tanto, se encuentran en la indefensión más absoluta. A esos mismos ciudadanos se les ha privado de un plumazo de derechos fundamentales como la presunción de inocencia, defenderse ante las acusaciones formuladas contra ellos y el honor y la propia imagen. Para este hombre tan pagado de sí mismo, todas las tropelías que se puedan cometer contra la legalidad en general y los derechos individuales en particular son lícitas con tal de dañar a la 'derecha', a la que siempre ha distinguido con su inquina. No obstante, ahí le seguimos teniendo a pesar de todo, ejerciendo de juez para desprestigio de todo el Cuerpo y del Poder Judicial. Hacía tiempo que debería de haber abandonado tan honorable actividad y dedicarse a la política de baja estofa, que le vendría como un guante. Pero quizá de esa forma no conseguiría su objetivo vital, que es salir en los telediarios y protagonizar portadas en los periódicos.
De momento, ha intentado contrarrestar los ecos de la dimisión de su compañero de cacerías y los despilfarros y corruptelas en el seno del Gobierno social-nacionalista de Galicia. Y no es en absoluto descartable que nos tenga preparada alguna sorpresa justo para la víspera de las elecciones. Es posible que de esta inicua maniobra salga ganador el PSOE. Pero, sea cual sea el resultado, siempre habrá un claro perdedor: El Estado de derecho.