martes, 7 de junio de 2011

UNA EUROPA TAMBIÉN AZUL


Tras la contundente victoria del centro-derecha en Portugal, el mapa de la Europa comunitaria ha terminado adquiriendo semejante tonalidad que el tomado recientemente por la España autonómica y local: Azul intenso y extenso. Hasta el punto de que, de los 27 países que conforman la Unión, tan solo Chipre, Grecia, Eslovenia y la propia España (ésta parece ser que por escaso tiempo) resisten como reductos del socialismo o de la socialdemocracia, a la que empero todavía le queda el consuelo de encontrarse presente en un Gobierno de coalición con los democristianos en Austria. ¿Mera coincidencia? ¿Una nueva confirmación de la ley del péndulo aplicada a la historia?

Desde luego, y dejando aparte teorías historicistas y sus correspondientes miserias (que tan atinadamente expuso Karl Popper), ese discurso tan propagado mediáticamente, que pretende culpar de la crisis que vivimos a supuestos 'excesos' del libre mercado, y que en consecuencia aboga por más Estado y más intervencionismo en la economía, no ha calado en absoluto en el electorado europeo; que, bien al contrario, se adhiere mayoritariamente a quienes proponen más protagonismo de la sociedad civil y más libertad. Porque, aunque no quepa responsabilizar directamente a los Gobiernos de la gestación de la crisis económica (que se halla más bien en la expansión monetaria promovida por los Bancos Centrales), aquellos socialistas (o que, pese a ostentar distinta etiqueta, en su momento emprendieron políticas socialistas, como el caso de Grecia) que, como tales, se limitaron a incrementar el gasto público y al keynesianismo puro y duro, no consiguieron sino alargarla y agravarla.

Por desgracia, el de España, especialmente enquistada en una legislación laboral tan rígida que en años de turbulencias se convierte en una implacable fábrica de parados, es el perfecto ejemplo de lo que no se debe hacer: tirar de déficit, no tomar medidas que pudieran desgastar políticamente más de la cuenta y esperar a que escampe. Pero el problema es que ni clarea ni se vislumbra luz, por mucho que increíblemente sigan empeñándose los prebostes del Gobierno socialista en hacernos ver lo contrario; lo cual a estas alturas suena a monumental tomadura de pelo.

Así pues, urge que el azul acabe extendiéndose a toda la Península Ibérica para que de esta forma obtenga un color uniforme y... muy apropiado. La mera entrada de un nuevo Gobierno dispuesto a llevar a cabo las reformas flexibilizadoras y liberalizadoras que necesita nuestra economía, y que por tanto transmitiera confianza a la sociedad y a los mercados, supondría un soplo de aire fresco.

3 comentarios:

Arcanos dijo...

Excelente artículo que comparto plenamente.

La sociedad europea sabe que es el centro derecha el que aporta realmente progreso a la sociedad. Lo único es que los 'otros' son especialistas en hacer ruido, jejeje.

Saludos.

Red Forman dijo...

Yo no sería tan optimista, pues todo apunta a que el año que viene Francia cambiará de manos en favor de la socialdemocracia, y la CDU de Merkel está en caída libre en pro de los verdes, pese a ver dado cobardemente marcha atrás a su política nuclear. Son ciclos: lo hace mal la socialdemocracia y la gente se vuelca con los populares; lo hacen mal los populares y se vuelcan con la progresía: al final triunfa el consenso socialdemócrata, ni más ni menos.

Reciba un cordial saludo.

Pedro Moya dijo...

Gracias por vuestros comentarios, amigos.