jueves, 16 de junio de 2011

QUÉ LÁSTIMA, PÍO


Indiscutiblemente, siempre habrá un antes y un después de la irrupción de Pío Moa en la historiografía española: sus valiosísimas aportaciones han tenido el mérito y la virtud de poner en solfa las verdades absolutas y el pensamiento único que sobre la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo ha querido imponer la izquierda en sus versiones política, académica y mediática. Ahora bien, por desgracia, el señor Moa ha acabado derivando a una posición ciertamente delirante. Porque afirmar que se puede reivindicar la figura de Franco ¡desde el liberalismo y la democracia! no es sino un completo dislate; no solo por la propia obra del franquismo, que impuso un régimen dictatorial que, como tal, y pese a su evolución a un cada vez mayor aperturismo, era totalmente incompatible con las libertades individuales, sino por las declaraciones del propio Franco, que en alguna ocasión no tuvo reparo en mencionar explícitamente al liberalismo como uno de los 'males de la historia de España'.

Obviamente, un sistema político que no reconoce las libertades de expresión, ni de prensa, ni de reunión, ni de manifestación, ni de religión, ni el pluralismo político (porque no prohibió solo el comunismo y la masonería, 'méritos' que se le apuntan, sino cualquier idea política que no se adhiriera a los 'Principios del Movimiento', es decir, que tuviera algo que ver con la democracia liberal), etc., supone precisamente la negación del ejercicio de los derechos y libertades fundamentales. Y en cuanto a la libertad económica y de empresa, que tanto se suele aducir en defensa del franquismo (como si de la misma manera pudiéramos 'salvar' al Chile de Pinochet o al cruel régimen chino en la actualidad), empezó a ser una realidad muy matizada a partir de 1959, cuando el régimen se abrió económicamente al exterior y los Ministros del Opus emprendieron reformas económicas liberalizadoras; pero en líneas generales, el franquismo fue básicamente muy intervencionista en la economía: edificó un gran Estado dirigista y paternalista (su rígido sistema laboral se mantiene básicamente en la actualidad, con los resultados que conocemos y sufrimos), hasta el punto de crear una cantidad de empresas públicas verdaderamente ingente.

También se suele alegar que al franquismo se le debe analizar en su justo contexto histórico y político, y no compararlo con los tiempos actuales en los que predominan los valores democráticos; de la misma forma que enjuiciamos, por ejemplo, el reinado de los Reyes Católicos, tan fructífero para la historia de España. Y así ha de ser, en efecto. Pero las circunstancias que precisamente rodeaban la época franquista eran las siguientes: tras la Segunda Guerra Mundial, en la Europa occidental (si exceptuamos a nuestros vecinos portugueses) disfrutaban de regímenes democráticos y unas libertades que los españoles teníamos sencillamente vedadas. Una situación anómala que duró la friolera de treinta años. Así de claro, y así de lamentable.

No es de extrañar que tan disparatadas apreciaciones sobre Franco y su régimen, por supuesto totalmente inasumibles para cualquier liberal que se precie, hayan generado una enconada polémica en el seno del mismo diario digital en el que escribe. En este sentido, José Carlos Rodríguez y, especialmente, Jorge Vilches han sabido ponerle en su sitio haciendo uso de argumentos históricos contundentes e incontestables; ante los que, por cierto, el señor Moa en este último caso ha reaccionado significativamente de manera intempestiva, con muy malos modos. Qué lástima, Pío.

1 comentario:

Carlos Fernández Ocón dijo...

Caramba Pedro, pero el tenía que lidiar con los españoles (y de la época), no con ciudadanos europeos de la época.
Sin llegar a ponerle etiquetas, yo sí creo que fue todo lo 'liberal' que se podía permitir en cada momento.
Míranos ahora, aún después de tantos años, ¿somos personas 'democráticas'?, ¿sabemos hacerlo?, ¿funcionará Akí algún día una democracia sin trampas, 'europea'(norte)?. Yo empiezo a dudarlo - hace años que empecé a dudarlo - y quizá debiéramos inventar un sistema inédito para nosotros.

Saludos