lunes, 8 de marzo de 2010

'BALTASAR, NO ME TOQUES EL FAISÁN'


Para qué iba a andarse el presidente con disimulos y remilgos. Porque, seamos claros, ¿qué es eso que se da en llamar división de poderes sino una absurda ficción, un ridículo prejuicio del liberalismo burgués? En realidad, no es más que una antigualla que el glorioso progresismo hace tiempo se encargó de poner en su sitio, que no puede ser otro que la basura de la historia. De ahí que el insigne ideólogo Alfonso Guerra, desde su atalaya de vicepresidente del Gobierno, se pronunciara en su momento de manera tan clara y tajante: 'Montesquieu ha muerto'.

En efecto, así fue: La independencia judicial como soporte del imperio de la ley se convertía por arte de birlibirloque en sometimiento del Poder Judicial al Legislativo y al Ejecutivo, que en último término, a través de su manejo de las mayorías parlamentarias, hace y deshace a su antojo. Pasábamos en un instante del 'Espíritu de las Leyes', base del Estado liberal de Derecho, a la funesta y dañina teoría gramsciana del 'uso alternativo del Derecho', en el que la ideología y la política se imponen a la misma ley; por cierto, casi siempre a favor de los propósitos del Gobierno de turno.

Si alguien ejemplifica mejor que nadie la subordinación del Poder Judicial y de todo el sistema legal a determinados intereses ideológicos y/o políticos, descontando por supuesto los suyos propios, es Baltasar Garzón. El paradigmático 'juez-estrella' que lo mismo tapa que destapa el GAL; que es implacable con la ETA y después apuntala las componendas con la organización terrorista; que ilegaliza y más tarde legaliza al entorno del mundo etarra; que investiga unos casos de corrupción mientras guarda otros en el cajón; que se considera competente para perseguir los crímenes de Franco e incluso los de Pinochet, pero no los de Carrillo y los de Fidel Castro. Siempre en función de determinadas conveniencias políticas y aún personales, y frecuentemente en detrimento de las leyes. No hay que olvidar que el interfecto, harto significativamente, ha llegado a saborear las mieles y las hieles de los tres poderes: Además del Judicial (es Magistrado Juez, al menos todavía), del Legislativo (fue diputado del PSOE y número dos de Felipe González, pese a ser su 'Mister X' del GAL) e incluso del Ejecutivo (llegó a ser Delegado del Plan contra la Droga del Ministerio del Interior, también con González). Y es que Garzón constituye todo un símbolo de la auténtica y verdadera fusión de poderes en que por desgracia ha involucionado nuestra democracia.

Por tanto, nada impide a la hora de la verdad que Zapatero se una a toda la patulea 'progre' de los 'abajofirmantes' y se manifieste públicamente en defensa del justiciero favorito de la izquierda. ¿Que tales declaraciones pueden entenderse como una presión del presidente del Ejecutivo al Poder Judicial, en este caso al Tribunal Supremo? Por supuesto. Es más: De eso mismo se trata, por muy inadmisible que sea en democracia. ¿Pero cuándo ha guardado el PSOE siquiera esas formalidades, en las que jamás ha creído?

Además, se debe poner toda la carne en el asador por quien no sólo ejerce de gran ariete para hacer realidad determinados proyectos del zapaterismo, entre ellos la memoria histórica y el cerco judicial a la derecha, por los que precisamente está ahora empapelado. Cabe recordar que Garzón tiene todavía en sus manos el 'caso Faisán', la instrucción del escándalo del chivatazo de mandos políticos y policiales de Interior al aparato de extorsión de la ETA, que, por su obra y gracia, continúa durmiendo el sueño de los injustos. Y, desde luego, no conviene que el ave consiga algún día su libertad, no vaya a emprender el vuelo. Porque Garzón, aún por encima de sus conocidas afinidades políticas, es principalmente de sí mismo, y en este sentido resulta impredecible: Bien se comprobó cómo no tuvo empacho alguno en reabrir el 'caso GAL', cuyo sumario iría filtrando selectivamente a la prensa, cuando consideró que 'Mister X' no se había portado con él como se merecía. Y Zapatero es consciente de que hay que evitar por todos los medios que se repita la historia.

Así pues, el público e inaudito respaldo de todo un presidente del Gobierno a un magistrado cuestionado judicialmente como Garzón tiene su clara traducción al lenguaje coloquial: 'Baltasar, no me toques el Faisán'.

2 comentarios:

Francisco Doña dijo...

Muy bueno el "post" (debería decir el "artículo", porque me parece un artículo de opinión en la línea de los mejores que he leído). La foto del "juez-estrella" con la palabra que lo representa encima: impagable.
¡Enhorabuena!

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias, fiel seguidor. Siempre es especialmente agradable conseguir que mis 'posts' (o artículos, ¿por qué no?) os guste a quienes tenéis la amabilidad y la paciencia de leerme. Un abrazo.