miércoles, 1 de febrero de 2012

LA ARCADIA PROGRESISTA, EN PELIGRO

Esta derecha es insaciable. Gana contundentemente las elecciones y ¡encima se atreve a aplicar su programa de Gobierno! ¿Pero qué se ha creído? Ni todos los votos del mundo le dan derecho a perturbar la Arcadia feliz en que se ha convertido España gracias a las políticas 'de progreso'. No contenta con amenazarnos con rescatar la división de poderes, ese prejuicio anticuado y neoliberal, intenta ahora evitar la transmisión en las aulas de aquellas doctrinas que hagan de nuestros hijos unos buenos progresistas; entre otros retrocesos sociales anunciados y que están por venir, como ha resaltado, y tirando oportunamente del manual socialista, el aspirante a líder Rubalcaba. Resulta verdaderamente intolerable.

Porque las conquistas de las políticas 'progresistas', que la carcundia derechista pretende poner en peligro, son indiscutibles. Entre ellas, una Justicia felizmente controlada por los políticos, donde, en nombre de la voluntad popular, mangonean a su gusto, y además lo suficientemente lenta como para tratar los litigios con el sosiego necesario; una legislación sobre el aborto que lo convierte en derecho casi absoluto (y que acaba con ese convencionalismo 'facha' del derecho a la vida) y evita la interferencia de los padres opresores en las decisiones tomadas libérrimamente por sus hijas menores de edad; un sistema educativo que, pese a sus índices de fracaso escolar y los informes PISA, a buen seguro pagados por la derecha, es todo un ejemplo de progresismo, ya que propicia la igualdad en la mediocridad, sueño de cualquier socialismo que se precie, y lleva directamente al joven español a saborear las mieles del paro, del ocio y del tiempo libre; placentera holganza que además desean arrebatar a los más de cinco millones de desempleados legados por los Gobiernos de progreso, bajo la peregrina idea de que el derecho básico y primordial de cualquier trabajador es precisamente tener un empleo, y para más inri con la aviesa intención de liquidar un sistema laboral franquista, sí, pero socialista a más no poder.

Ya nos avisaba el propio Rubalcaba en la campaña electoral, pero, ay, la mayoría de los españoles que acudimos a las urnas nos empeñamos en no hacerle caso. Menos mal que podremos echar mano del PSOE, sea quien sea quien finalmente lo encabece, cuando decidamos volver a ser dichosos.

2 comentarios:

La Pecera dijo...

¡Muy bueno!

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias, Juan Antonio.