martes, 10 de enero de 2012

LA ALIANZA DEL MAL

¿Qué tienen en común el fundamentalismo islamista y la izquierda más o menos radical pero siempre antiliberal? Obviamente, un odio atroz a Occidente y los principios y valores que le han convertido en la civilización más libre y desarrollada del mundo (democracia, libertades individuales, economía de mercado, Estado de Derecho...); ni más ni menos, lo que ambas corrientes disfrazan, y para entusiasmo de gran parte de la progresía internacional, de reacción de defensa frente a las agresiones de un imperialismo yanqui, capitalista y dizque criminal. Porque hay quienes se empeñan en echar mano de las mismas viejas consignas propagandistas que se empleaban antes de la caída del Muro de Berlín, por supuesto que entonces del lado comunista y contra el mundo libre. Por tanto, no es de extrañar que el dictador iraní Ahmadineyad, que levanta en la izquierda similar entusiasmo que el que le provocaba en los 80 el Ayatolá Jomeini (solo porque se declaraba y ejercía de enemigo jurado de sus denostados Estados Unidos), haya emprendido una gira por Latinoamérica para visitar precisamente a lo más granado de la izquierda bananera: Chávez, por supuesto, en Venezuela; Evo Morales en Bolivia; Rafael Correa en Ecuador; Daniel Ortega en Nicaragua; y, cómo no, los hermanos Castro en Cuba.

Dios (o el diablo en este caso) los cría, y ellos se juntan. Y es que la única alianza a la que puede avenirse el islamismo no es a aquella estupidez, típicamente buenista, definida como 'de las Civilizaciones', sino a la que, siquiera circunstancialmente, le una con quienes coincide en un mismo objetivo fundamental: combatir los regímenes de libertades propios de Occidente, 'infiel' para los islamistas, 'imperialista' y 'neoliberal' para los apóstoles del 'socialismo del siglo XXI'. Una auténtica alianza del mal, dada la naturaleza liberticida, totalitaria y  hasta terrorista (como el propio Ahmadineyad, Chávez o Castro) de quienes la pergeñan. Aunque, eso sí, que el sátrapa iraní disponga de armas nucleares, y que haya amenazado con borrar Israel de la faz de la tierra, no parece preocupar en excesivo a nuestros pacifistas y ecoprogres de salón, en cambio tan beligerantes cuando de abrir una simple central nuclear en Occidente se trata. Y de la misma forma que aquella broma de Reagan en una prueba de sonido en la radio ('señores compatriotas, les anuncio que en cinco minutos bombardearemos Rusia') levantara en su momento una auténtica polvareda, sin embargo la gansada de Chávez ante su siniestro invitado y los medios de comunicación ('vamos a atacar Washington') no ha generado la más mínima polémica. Aunque maldita la gracia, sobre todo teniendo en cuenta la perversa catadura de tan nefastos personajes.

1 comentario:

Ocón dijo...

No conseguiré asimilar nunca ese empecinamiento progre, todo el. Como insistir en darse cabezazos contra la pared.
Es algo digno de estudio cómo se puede llegar a ese estado de alejamiento voluntario de la realidad (quitando los lavados de cerebros desde la tierna infancia, que de eso hay mucho, claro. Véase también "nacionalismos").

Saludos