martes, 15 de febrero de 2011

ES LA LIBERTAD, INCAUTOS


A quienes desde el primer momento reputábamos la 'ley antitabaco', más bien 'antifumadores', como liberticida y económicamente ruinosa, algunos de los defensores de la acción gubernamental como garante de la virtud y las buenas costumbres nos concedían que, efectivamente, su puesta en vigor iba a significar la puntilla para un sector especialmente castigado por la crisis, como es el de la hostelería. En cualquier caso, la salvaguarda de la sacrosanta salud pública (y privada) bien valen unas empresas quebradas y unos cuantos parados más; total, es la inercia de la España actual y solo es cuestión, por tanto, de esperar a tiempos mejores. Sin embargo, cuando también advertíamos del riesgo de que algún día acabaran metiéndose en nuestras casas para incluso regular conductas particulares, ya que la susodicha ley no deja de representar, no solo un ataque a la libertad individual, sino una intromisión en propiedades privadas, se nos tachaba de exagerados y, cómo no, radicales. Pues bien, poco ha tardado en ponerse claramente de manifiesto el verdadero espíritu que ha movido al legislador en este caso: el de intervenir e inmiscuirse en nuestras vidas, bajo la premisa de que el Estado sabe mejor que nadie, incluso que nosotros mismos, qué es lo que nos conviene.

Dado que en último término se trata de imponer una especie de puritanismo 'progre' como código de conducta, tan asfixiante control de nuestros comportamientos se convierte irremisiblemente en censura. De tal forma que una de las libertades individuales fundamentales, la del derecho a la libre expresión, pasa a ser de las principales damnificadas. Así, merced a la denuncia de un delator, figura imprescindible en estos menesteres liberticidas como nos demuestra la negra historia de los totalitarismos, la Agencia de Salud Pública de Barcelona ha tenido a bien multar al musical 'Hair' debido a que sus actores, lógicamente por exigencias del guión, fuman durante la representación de la obra. Tamaño dislate ha obtenido el inmediato apoyo de la entusiasta madrina de tan nefasta ley, la Ministra Pajín, que, ni corta ni perezosa, se ha permitido dar lecciones de dirección de escena y ha instado a que en esos supuestos los artistas 'simulen', de la misma forma que 'los crímenes en el teatro'. Parece ser que ha adquirido exactamente la misma gravedad clavar un cuchillo o disparar una bala que dar unas caladas, incluso a un cigarrillo falso como es el caso.

Ironizaba el director del musical, Roger Juliá, con la posibilidad de que se lleguen a prohibir las películas en las que se fuma (que, por cierto, entre los mejores productos de Hollywood son, o más bien eran, la inmensa mayoría), 'y le quitaremos el cigarro a Humphrey Bogart', auténtico icono, fumador empedernido y casi siempre humeante, del cine. Por desgracia, no resulta nada descabellado que alcancemos tales extremos delirantes, no. Porque el ánimo censor que anida en estos propósitos dirigistas y represivos acaba aflorando de alguna u otra manera. Y es que no se trata tan solo de evitar más perjuicios para un sector que genera riqueza y crea puestos de trabajo. Es fundamentalmente la libertad, incautos.

3 comentarios:

Luis Gonzalez dijo...

Pedro como no podría ser de otra manera "me gusta", esta para enmarcarlo y contarselo a generaciones futuras de hasta donde fué capaz este gobierno de aniquilar cualquier libertad.

Es la España zapateril que nos ha tocado sufrir..., nos dicen lo que que tenemos que comer, lo que podemos pensar, lo que podemos hacer, lo que podemos decir, y ahora donde podemos fumar, a pesar de todo simpre nos quedará Paris...;)

Antonio Rentero dijo...

Es un asunto complejo.

En primer lugar no estoy de acuerdo con lo de que no fumar en los bares suponga la ruina, he viajado por media Europa y no hay hordas de camareros en paro porque los bares tuvieran que cerrar porque la gente no entraba porque no se podía fumar dentro.

Lugares fríos e inhóspitos en las duras noches invernales como Turín o Edimburgo tienen a los parroquianos fumando tranquilamente en las carpas frente al bar y entran y salen y no pasa nada.

Dicho eso, y aunque no soy fumador y me molesta mucho el humo, sobre todo cuando estoy comiendo, tb entiendo que los fumadores están en su derecho de poder fumarse un cigarro al terminar la comida, o en medio, o mientras comen, en fin, allá ellos, pero no deberían estar obligados a no hacerlo.

Quizá la cuestión de fondo sea tb un tema de simple educación, y en eso los no fumadores siempre hemos llevado las de perder, porque con la ley anterior que permitía zonas de fumadores habilitadas para ello (que otro tema es que se gasten los hosteleros una pasta en reformas que al cabo de cuatro días no sirven para nada) pero al final resulta que cuando te juntas con un grupo a comer en el que hay fumadores y no fumadores se termina escogiendo mesa de fumadores y el no fumador se tiene que aguantar y tragar el humo.

Es el problema de siempre de los límites de las libertades, pq yo me tengo que tragar el humo de los demás y pq el fumador no puede hacer algo que quiere hacer. Yo quiero que los fumadores puedan tener un cenicero al lado de su plato y que lo usen mientras comen, pero tb quiero poder comer sin humo.

Pero por encima de todo lo que deseo es que el Estado no se meta en mi vida privada hasta estos extremos.

Y aunque ahora esté encantado de no llegar a casa con la ropa ahumada y poder comer sin tragarme el humo de los demás, tb reconozco que veo excesivo el papel regulador de un Estado que lo siguiente que hará será prohibir las hamburguesas del McBurguer o como en "Amanece que no es poco" nos sentará aun Guardia Civil al lado en el bar para controlar cuántas copas nos echamos al cuerpo.

Para empezar ya no se puede comprar alcohol después de las 22:00... salvo que te lo vendan en un bar. ¿Por qué? ¿qué diferencia supone que me vendan un cubata a que me compre yo la botella?

Sobre lo del cigarrillo falso... pues hombre, no es por comparar fumar un cigarro con pegarle a alguien un tiro, pero en las obras de teatro y películas tampoco se pegan lingotazos de whisky de verdad, suele ser te.

Yo no bebo y no fumo, si fuese actor y tuviera que INTERPRETAR a un borracho no me pegaría cuatro lingotazos de whisky real, sino de te. Y hombre, sí, en una película puedes ponerte un cigarro en la mano o los labios y no aspirar, pero en teatro que no tienes la cámara/espectador a dos metros no veo problema para usar uno de esos cigarrillos electrónicos.

Claro, que hecha la ley hecha la trampa... se enciende el cigarro pero NO se fuma.

Creo que la ley prohibe FUMAR, pero... ¿y si enciendo el cigarro y lo dejo que se vaya consumiendo SIN fumarlo?

;-)

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios y aportaciones, amigos. En cualquier caso, ya se han metido en nuestras casas: http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20110216/sociedad/tienes-empleada-hogar-puedes-20110216.html.