lunes, 17 de mayo de 2010

CLEGG Y EL LIBERALISMO BRITÁNICO


Aunque ni mucho menos se han visto cumplidas sus expectativas electorales, el Partido Liberal Demócrata liderado por el joven Nick Clegg ha conseguido finalmente su objetivo de influir políticamente e incluso entrar a formar parte en un Gobierno de coalición. Acontecimiento que no se conocía en tiempos de paz desde 1929, año en el que se fraguó un pacto entre laboristas y liberales. Se trata, por tanto, de un hecho con escasos precedentes en la historia del Reino Unido, cuyo sistema electoral de circunscripción uninominal ha solido reportar mayorías absolutas en la Cámara de los Comunes.

La coalición liberal-conservadora, inédita en las islas británicas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se ha visto facilitada por el paulatino desplazamiento al centro-derecha de los liberal-demócratas, claramente encuadrables al menos desde los años 80 en el centro-izquierda. Transformación propiciada principalmente por el propio Clegg, quien, además de aportar frescura y nuevas maneras a la política británica, ha llegado a rescatar algunos de los principios e ideales que caracterizaron al clásico y genuino Partido Liberal.

Dentro de una muy larga y arraigada tradición de defensa de la libertad individual (la Carta Magna de Juan sin Tierra, en la que la Corona se comprometía a respetar las leyes y las libertades políticas y religiosas de sus súbditos, data nada menos que de 1215), el origen del liberalismo político británico podemos hallarlo en el Partido 'whig', que abogaba por la primacía del Parlamento, como representante de la soberanía nacional, sobre el Rey. El papel de los 'whigs' sería determinante en la evolución política del Reino Unido, ya que apoyaron la Gloriosa Revolución de 1688, en la que triunfaron sus pretensiones, y promovieron un año después la Declaración de Derechos ('Bill of Rights'), que supuso la definitiva implantación de la Monarquía parlamentaria inglesa.

Una alianza parlamentaria entre 'whigs' y radicales, grupo que propugnaba reformas democráticas en la Cámara de los Comunes, dio lugar al nacimiento en 1839 del Partido Liberal, bajo el liderazgo de Russell. Pese a que perdió las elecciones dos años después, marcaría todo un hito al oponerse rotundamente y sin fisuras a las proteccionistas Leyes del Trigo, que en cambio provocarían graves divisiones internas en el Partido Conservador; y es que la defensa a ultranza de la libertad de mercado y de comercio constituía uno de los principios irrenunciables de los liberales de la época. Sin embargo, cabe atribuirle la consolidación y modernización del Partido Liberal, dominado hasta su llegada por un componente aristocrático, a la figura de Gladstone, procedente por lo demás del conservadurismo. A partir de entonces, la vida política británica se caracterizaría por la alternancia en el poder entre liberales y 'tories', encabezados éstos en aquella época por el sempiterno Disraeli.

Pero en las disensiones intestinas entre la derecha de Asquith y la izquierda de Lloyd George, que comenzaron a producirse a principios del siglo XX, encontramos el germen del hundimiento del Partido Liberal. Unos se empecinaban en el mantenimiento de las esencias de un liberalismo económico que ya por aquel entonces empezaba a encontrarse de capa caída, mientras que otros respaldaban las políticas que profundizaban en el Estado asistencial que se estaba erigiendo; de esta forma, estos últimos se allanaban a algunas de las reivindicaciones de un pujante movimiento político, el laborismo, basado en un socialismo de carácter reformista como era el fabiano. La aprobación en 1920 del 'Home Rule' para Irlanda, impulsado por el propio Lloyd George, agravaría la división en las filas liberales. Como normalmente el electorado suele preferir el original a la copia, el Partido Laborista, que ya conseguiría en 1922 colocarse como segunda fuerza política en la Cámara de los Comunes, acabaría fagocitando con su victoria en 1929 al Partido Liberal, cuyo pacto para sostener el Gobierno del laborista Ramsay McDonald no impidió que a partir de entonces su rol dentro del panorama político británico pasara a ser irrelevante.

Ni tan siquiera el proverbialmente liberal Reino Unido pudo permanecer ajeno al consenso keynesiano que reinaría en Europa tras la Segunda Guerra Mundial: El Gabinete laborista de Clement Attle, que había logrado imponerse en 1945 a todo un héroe como Winston Churchill, nacionalizaría la banca y las grandes empresas energéticas, de transportes y de telecomunicaciones para hacer de la británica una economía esencialmente intervenida, y en la que los sindicatos que dominaban el laborismo ejercerían un control asfixiante. 'Statu quo' que ni los distintos Primeros Ministros conservadores que se sucedieron se atrevieron a alterar mínimamente. Hubo que esperar al liderazgo carismático de Margaret Thatcher, y a su llegada a Downing Street en 1979, para que el Partido 'Tory' se decidiera por fin a recoger la olvidada y abandonada bandera del liberalismo: Las privatizaciones y liberalizaciones del llamado 'thatcherismo' devolvieron el protagonismo a la sociedad civil y convirtieron a una economía estancada en una de las más dinámicas y prósperas del mundo desarrollado.

Por su parte, el Partido Liberal, absolutamente desorientado, buscaba su identidad perdida, que creyó encontrar en el centro-izquierda por medio de sus pactos electorales con una escisión del laborismo, el Partido Social Demócrata, con el que llegaría a fusionarse en 1988: De ahí nacería el actual Partido Liberal Demócrata. Incluso la 'Tercera Vía' de Tony Blair, que implicaba fundamentalmente la aceptación de la herencia thatcherista por parte del nuevo laborismo, generó en los 'lib-dem' la tentación de sobrepasar por la izquierda al mismo Partido Laborista, estrategia que sin embargo acabó cosechando un muy escaso éxito electoral en los comicios legislativos.

De tan evidente fracaso pareció tomar cumplida nota Nick Clegg, quien, máxime teniendo en cuenta los desmanes provocados por las políticas puramente keynesianas de Gordon Brown, presentó ante el electorado un programa homologable a cualquier partido de centro-derecha de la Europa continental (incluidas las típicas concesiones a la izquierda en materia medioambiental): Desde el punto de vista económico, destacan la reducción, siquiera paulatina, del gasto público, la bajada de impuestos a las rentas medias y bajas y unas reformas tendentes a una mayor actuación del mercado. Medidas inequívocamente liberales, a las que en otro terreno hay que unir el tajante rechazo de Clegg a la implantación de un Documento de Identidad, que en el Reino Unido (como en los Estados Unidos) se considera una intolerable intromisión del Estado en la vida privada de los ciudadanos. Ahora bien, su declarado europeísmo, que en campaña incluso se vio obligado a matizar, ha terminado pasándole factura ante un electorado mayoritariamente receloso ante la burocracia de Bruselas.

La capital importancia que adquiere la economía en estos tiempos de crisis ha permitido orillar las diferencias que en otras materias (como en inmigración, relaciones con la UE y reforma electoral) siguen distinguiendo a conservadores y liberal-demócratas. En este sentido, se ha hecho de la necesidad virtud para poner en común las muchas coincidencias de ambos programas económicos, que en suma pretenden solventar la crisis con más libre mercado y menos Estado. De esta forma ha sido posible un pacto de Gobierno que ha llevado al también joven líder conservador David Cameron a presidir un Gabinete en el que cinco liberales ostentan sendas carteras, y en el que el propio Nick Clegg asume el cargo de Viceprimer Ministro. Acuerdo político que cabe calificar de histórico para hacer frente a unos retos que se antojan especialmente difíciles.

4 comentarios:

paco el de las rebajas dijo...

Me sorprende que tras una reseñá histórica tan elaborada( que no deja de ser tendenciosa por ellos claro) no hagas ninguna referencia al principal deseo de Clegg como sin duda es la reforma electoral ( debido a una ley lelectoral todavía más injusta que la española si cabe) así como a otras relativas a inmigrantes. Será porque no se parece en nada a la ideología del pseudopartido liberal español que en realidad es ultraconservador.

Por cierto no has dicho que cameron no va a bajar un solo impuesto, sino más bien al contrario.

Pedro Moya dijo...

Además de no dejarme dormir el hecho de que no haya obtenido el visto bueno de un especialista en historia política contemporánea como tú, también me preocupa que no llegues a entender bien lo que lees: Fíjate en el párrafo final de mi 'post', donde precisamente hago mención a la reforma electoral y a la política de inmigración como materias en la que discrepan ambos partidos.

Y respecto a tu última afirmación, te remito a esta noticia recién salida del horno: http://www.libertaddigital.com/economia/reino-unido-elimina-trabas-y-rebaja-los-impuestos-a-empresas-y-rentas-bajas-1276393296/. Ese debería ser el camino a seguir, y en este caso sí hago paralelismos con la situación política española.

paco el de las rebajas dijo...

Había visto ahí lo de la reforma electoral era la máxima de su programa electoral y reducirla a una línea es cuando menos ridículo.

Respecto al sentido general del artículo que me has puesto hay más subida que bajada de impuestos y tasas, otra cosa que el titular en la línea del periódico sea falso y tendencioso, pero ponen varias nuevas, elevan otras....etc etc

Sigo esperando tu eximia respuesta a los intentos liberales de bloquear el comercio de ciertos productos agrícolas con Mercosur siguiendo las directrices de la reunión de Doha de la OMC.

Pedro Moya dijo...

La próxima vez que tenga pensado escribir un 'post' contaré con tu valioso asesoramiento sobre cómo enfocarlo, Paco. Faltaría más.

En cuanto a lo que expresas en el segundo párrafo de tu comentario, te remito al artículo que publiqué el lunes.

Por lo demás, siempre he criticado el proteccionismo que de puertas para afuera practican tanto la Unión Europea como los Estados Unidos. Desde luego, se trata de una postura que nada tiene de liberal, y mucho de electoralista por cuanto de esa forma se intenta evitar el descontento y el rechazo en este caso de los agricultores que puedan verse perjudicados con tales decisiones. Particularmente, soy un defensor a ultranza de la total apertura hacia todos los mercados, sin excepción; además, ello favorecería y constituiría un paso importante hacia el progreso económico de los países menos desarrollados.