martes, 27 de enero de 2009

APOTEOSIS DE LA MENTIRA


Hay que reconocer que tiene un mérito enorme. Hilvanar mentira tras mentira con total desparpajo y sin mover un solo músculo de la cara no está al alcance de cualquiera. Y debe resultar aún más difícil si tienes delante a ciudadanos de a pie, muchos de las cuales están sufriendo en sus carnes las consecuencias de una crisis económica que él se empeñó en negar. Pues bien, ahora se desgañita y asegura que no, que él jamás hizo tal, y además a ver qué guapo fue capaz de predecir lo que se nos venía encima. Y se quedó el hombre tan pancho. Pero es que también nos quiere convencer de que nunca nos prometió el pleno empleo, que, pese a constituir uno de los lemas de su última campaña electoral, ha pasado a convertir en una mera expresión de deseo; que en realidad el 'plan de rescate' a los bancos no supone coste alguno para nuestras cuentas públicas, muy a pesar de los 30.000 millones de euros, procedentes todos de nuestros impuestos, empleados única y exclusivamente para tapar ciertos agujeros; ¡y que incluso, pásmense, no se sentó al paso de la bandera de los Estados Unidos! Ahora que 'San Obama' es el inquilino de la Casa Blanca pretende borrar de la historia un gesto irresponsable e infamante, nefasto para los intereses de España en el exterior, pero del que en su momento llegaría a alardear con tal de conseguir las simpatías de un amplio electorado tendente al antiamericanismo más infantil. ¿Pero qué tomadura de pelo es esta?
Se me podrá responder que casi todos los políticos, por no decir todos, hacen o han hecho uso de la mentira alguna vez. Pero creo que es difícil exhibir tanto temple mientras se engaña de forma tan descarada y continuada. Lo que presenciamos ayer en televisión fue la auténtica apoteosis de la mentira, algo verdaderamente sublime dentro del arte del embuste. Y pensábamos que nadie sería capaz de superar al mismísimo Felipe González...

2 comentarios:

Marinto dijo...

Yo no aguanté ni cinco minutos. Me superó la primera respuesta y tuve que dejarlo para que mi salud no empeorara.

Pedro Moya dijo...

Es cierto que hay que tener unas tragaderas enormes para aguantar dos horas viendo y escuchando a Zapatero en estado puro. En mi caso, está claro que las tengo. Es posible que me haya ganado el cielo tras esta penitencia.