viernes, 13 de marzo de 2015

EN PRECAMPAÑA, FUERA CARETAS

Como muy acertadamente ha puntualizado Esperanza Aguirre, cuya sola presencia mediática ha logrado eclipsar en apenas unos días a los que llevan tiempo monopolizando el protagonismo político-mediático, a quien cabe temer es a un partido populista de ultraizquierda que, amén de tener al liberticida y ruinoso chavismo como guía y benefactor, propugna hacer tabla rasa y demoler el sistema constitucional; no precisamente a quienes, bien al contrario, reivindican la transición, defienden sin ambages la soberanía del pueblo español y la unidad de España y se sitúan en un espectro ideológico moderado. Ahora bien, esta precampaña electoral está sirviendo para que algunos no tengan más remedio que pronunciarse sobre asuntos de cierta enjundia, por lo que determinadas caretas, para bien de un electorado que ha de saber a qué atenerse, empiezan ya a caer.

Así por ejemplo, no solo el candidato de Ciudadanos a la Junta de Andalucía, Juan Marín, ha mostrado claramente su preferencia por pactar con el PSOE de Chaves, Griñán y Susana Díaz (como de hecho hace en Sanlúcar de Barrameda), posición coherente desde una perspectiva ideológica de centro-izquierda pero no con un discurso basado en la renovación y la regeneración; sino que quien encabezará la lista del partido de Albert Rivera a la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, ha pedido la recuperación del Impuesto de Sucesiones por razones de 'justicia social y redistribución de la riqueza': porque su 'liberalismo', ha aseverado, es 'en el sentido continental, liberales de la 'liberté' francesa, y no neocon, mínima intervención del Estado al estilo americano'. Lo cual, además de denotar una evidente confusión de conceptos y una, cuando menos, peculiar visión del liberalismo (que si por algo se ha caracterizado desde sus orígenes es precisamente por la defensa de la mínima intromisión del Estado en la vida del individuo), supone una enmienda al economista de cabecera de Rivera, el insigne Garicano, que hace dos años abogaba por justamente lo contrario. Bien es verdad que Ciudadanos se encuentra en pleno proceso de construcción de su hasta ahora inédito programa económico, que debe revisar y matizar para añadir unas mínimas gotas de liberalismo 'templado' a sus principios nítidamente socialdemócratas, con tal de intentar 'pescar' en el electorado afín al centro-derecha. Pero ya se sabe: aunque la mona se vista de seda...

Respecto a Pablo Iglesias Turrión y su camarilla de ideólogos marxistas, su supuesta 'transversalidad' está quedando últimamente muy en entredicho. Su tan resaltada y elogiada conversión a la socialdemocracia sueca (en la que, por cierto, también se inspira Ciudadanos en no pocas de sus propuestas económicas) ha durado el tiempo justo hasta que en Andalucía, por ejemplo, propugnara la 'okupación' de viviendas (con luz y agua 'gratis', esto es, pagamos entre todos), la 'estatalización' de toda la banca (en virtud de lo cual pasará de malvada a benéfica) e incluso las expropiaciones de la Mezquita de Córdoba y la Giralda de Sevilla (porque también habrá que contentar a los amigos iraníes). Y para más inri, pese a pretender convencernos de un aparente alejamiento del chavismo, los 'podemitas' han quedado perfectamente retratados en el Parlamento Europeo al negarse a condenar, que es lo mismo que respaldar, los brutales actos de represión de la dictadura de Maduro en Venezuela; y en dos ocasiones consecutivas, por si quedaba alguna duda. La cabra liberticida siempre tira al monte de los totalitarios.

Así pues, fuera caretas... La verdad es que es muy de agradecer para que nadie se llame a engaño.

martes, 10 de marzo de 2015

NO BASTA CON ILUMINAR AL REY

Será sin duda un día que pasará a los anales de la historia reciente de España, y uno de los más esperados en la vida de don Felipe de Borbón y Grecia: ya solo por ser partícipe de semejante acontecimiento que moverá los cimientos de Celtiberia merece la pena ser Rey. Muy pronto el Palacio de La Zarzuela tendrá el el impagable privilegio de recibir la visita del Excelentísimo Señor (todavía no es merecedor del tratamiento de Su Excelencia, pero todo se andará) don Pablo Iglesias Turrión, Gran Esperanza (con perdón) de los Desheredados de la Tierra, Nuevo, Intocable e Infalible Mesías de la Santa y Madre Izquierda, Azote y Martillo de Herejes de La Casta (de la ajena, no de la suya), Encarnación de la Buena Nueva Bolivariana y Gran Timonel de la Revolución contra el Candado del 78... Una vez agasajado con todos los honores, se situará frente a Su Majestad y le requerirá algo que ni a su venerado Fidel Castro se ha atrevido siquiera sugerir: 'es hora de que presente su candidatura a Jefe de Estado en unas elecciones'. Conminación que, bajo la salva de adhesiones, bravos y aplausos que concitará en el sufrido y maltratado pueblo (vulgo 'twitter'), a buen seguro dejará a Felipe VI absolutamente conmocionado, e incluso a la Reina doña Letizia pensando en hacer las maletas ante el empuje de cierta 'primera dama' dispuesta a quitarle el puesto. A partir de entonces, el régimen del 78 empezará a tener las horas contadas: 'tic, tac, tic, tac'.

Pero volvamos a la, en este caso, bendita realidad: antes de dictarle al Rey de España que se haga republicano de la noche a la mañana, el Nuevo, Intocable e Infalible Mesías de la Santa y Madre Izquierda debería esperar a ganar unas elecciones generales con una mayoría lo suficientemente holgada como para iniciar, o promover, la demolición del sistema constitucional que nos dimos todos tras un consenso nacional y político ejemplar. Así, a no ser que pretendiera imponer sus preceptos al modo de un Chávez, esto es, por las bravas (y que todos nos dejáramos), el procedimiento a seguir es el establecido en la Constitución todavía vigente a su pesar: concretamente en su artículo 168, que regula el supuesto de una revisión total de la Carta Magna o una parcial que afectara, entre otras materias, a la forma política del Estado español y a la misma Corona. Pues bien, tales propuestas de ruptura deberían contar con la aprobación de nada menos que la mayoría de los dos tercios de Congreso y Senado, para lo cual tendría que darse la circunstancia de que el partido de Pablo Iglesias II lograra en ambas Cámaras tamaña representatividad, o bien adhesión en ese punto concreto; pero aun así no estaría todo hecho, sino que el siguiente paso habría de ser disolver las Cortes, convocar elecciones generales y que las Cámaras surgidas de las mismas estudiaran y ratificaran el nuevo texto constitucional, también por mayoría de dos tercios: por tanto, el Mesías tendría que ganar dos veces consecutivas los comicios, y de manera lo suficientemente contundente como para aspirar a conseguir en el Congreso y el Senado las amplísimas mayorías exigidas... en ambas ocasiones.

Aun así, de alcanzar semejante proeza, tampoco terminaría todo: y es que la tan denostada (por supuestamente 'poco democrática') Constitución del 78 da en tal supuesto la última palabra a quien ostenta la soberanía nacional, que no es otro que el pueblo español, quien tendría que ratificar vía referéndum la hipotética eliminación del régimen de Monarquía constitucional. Por tanto, y como corresponde a una democracia nacida del consenso y la reconciliación, con vocación de permanencia y, por ello, resguardada de mayorías coyunturales que pretendan hacerla trizas, no basta con que el Mesías acuda a La Zarzuela a iluminar y convertir a Su Majestad, sino que debe apelar al electorado e imponerse donde es menester: en las urnas, y de manera tajante por cierto. Y de momento, que se sepa, no ha ganado nada. Tan siquiera ninguna de las muchas encuestas que se publican estos días, y que se suelen presentar como el Oráculo de Delfos, pronostica una victoria arrolladora de la ultraizquierda antisistema.

Así pues, al Mesías Iglesias le queda muchísimo camino por recorrer para intentar convencernos de que una República 'bolivariana' como la de su faro y benefactor venezolano sería mejor para España que la vigente Monarquía parlamentaria; y de que es preferible tener a un Chávez o a un Maduro como jefe de Estado y 'moderador' de las instituciones que a Felipe VI. Mucho ánimo, pues.

martes, 3 de marzo de 2015

CUANDO TRIUNFA EL ALDEANISMO CERRIL

Es momento de solidarizarse con los compatriotas aragoneses que han sufrido las consecuencias de la crecida del río Ebro, y cabe desear, como afortunadamente así parece, que no vaya a mayores. Lástima que en su momento, cuando además la situación económica era bastante más propicia, no se llevaran a cabo las obras que permitieran, no solo encauzar las aguas en semejantes trances y evitar así en lo posible daños y perjuicios, sino aprovechar los excedentes que beneficiarían, en primer lugar, a las necesidades de los propios aragoneses y, en segundo lugar, por medio de los oportunos trasvases, a la rica y fructífera agricultura de las zonas del Levante y Sur de España. 

Porque tampoco está de más recordar que ese era ni más ni menos el objetivo primordial del Plan Hidrólogico Nacional aprobado al final de la segunda legislatura de Aznar; que su sucesor en la presidencia del Gobierno, Rodríguez Zapatero, derogó nada más llegar a La Moncloa, entre otras razones para satisfacer a los nacionalistas de ERC, cuyo concurso necesitaba para gobernar. Pero, por desgracia, el discurso absolutamente insolidario, cerril, aldeano y de campanario hacía tiempo que se había impuesto por aquellos lares de la antigua Corona de Aragón: así, todo un presidente autonómico, el de Cataluña (y eso que no era nacionalista 'stricto sensu', sino 'progresista'), se permitió exclamar, con todas las letras, '¡a esos del Sur, ni agua!'; y otro jefe de Ejecutivo regional (tampoco nacionalista ni regionalista, aunque también 'progresista'), apeló a las vísceras hasta el extremo de concitar las manifestaciones más numerosas de la democracia en las calles de Zaragoza... contra el trasvase del Ebro y el Plan de Cuenca que le precedía. ¿Y qué había de malo si los propios aragoneses se iban a ver beneficiados? Ni más ni menos, que por aquí abajo pretendíamos enriquecernos plantando campos de golf prácticamente por cada hectárea. Y eso sí que no: es preferible seguir soportando las damnificaciones de las por desgracia frecuentes crecidas del río.

Y hasta ahora...

viernes, 27 de febrero de 2015

ZP E IGLESIAS: TAL PARA CUAL

¿Pero cómo no iba a organizar el Solemne Observador de Nubes que nos dejó España hecha unos zorros, incluso a espaldas del líder, siquiera formal, de su partido, un encuentro 'secreto' con el Nuevo, Providencial e Intocable Mesías de la Santa y Madre Izquierda? A buen seguro que sentirá auténtica fascinación por el personaje, dado que en realidad representa la mejor y más completa prolongación de sí mismo y su obra política, tan nefasta para España en general como revitalizante para el rupturismo que hace poco vegetaba minoritario extramuros del sistema. Porque ningún presidente del Gobierno había abogado por impugnar la transición democrática y el consenso nacional ejemplar que posibilitaron la Constitución que nos dimos todos ('el régimen del 78', como despectivamente le llaman quienes ahora pretenden hacer tabla rasa), ni por evocar enfrentamientos cainitas que se daban por orillados incluso sacando a pasear los cadáveres de la Guerra Civil y el franquismo (con sus inoportunas referencias a la muerte de su 'abuelo republicano'), ni por poner en solfa la mismísima esencia de la nación española ('concepto discutido y discutible') hasta el punto de dar aliento a posiciones fragmentadoras de la unidad de la soberanía ('aprobaré lo que salga del Parlamento de Cataluña')... hasta que llegó Zapatero. ¿Y quién ha recogido semejante siembra con indudable éxito mediático al calor de una crisis dura, larga y propicia para el triunfo de los discursos antisistema? ¡Equilicuá!

La visita a Cuba del Solemne, sin encomendarse a Dios pero sí al diablo puesto que fue convenientemente agasajado por uno de los tiranos Castro, no es solo un acto de deslealtad al Gobierno de su país, que para más inri, y para nuestra desgracia, llegó a presidir (cabe recordar que como líder de la oposición no tuvo reparo alguno en viajar a Marruecos sin comunicación alguna al Ejecutivo de entonces y, una vez allí, dejarse fotografiar junto a un mapa del país anfitrión que contenían Ceuta, Melilla y las Islas Canarias), sino una mera secuela de la política exterior que llevó a cabo como presidente del Gobierno (y de ahí que se llevara como acompañante al inefable Moratinos): aquiescente cuando no partidaria y amparadora del régimen castrista y sus emuladores, los del socialismo 'bolivariano' o 'del siglo XXI'. Tan 'progresista' como bananero.

También es cierto que los dictadores tienen sus preferencias. Y mientras el Solemne hacía una vez más de las suyas, ¿a qué se dedicaba el que se puede considerar su alumno más aventajado? Pues, bajo la burda excusa de celebrar en Madrid un Debate sobre el estado de la Nación tan 'alternativo' como extraño (puesto que en él solo participaba un orador: él mismo), 'hacer novillos' y ausentarse de una importante sesión plenaria del Parlamento Europeo donde se discutía acerca de la conveniencia de denunciar y condenar los últimos actos de brutal represión del régimen chavista; con lo cual logró su objetivo de no tener que pronunciarse al respecto, si bien la posición del grupo parlamentario al que pertenece Podemos, el de Izquierda Unitaria Europea, fue terminante: respaldo total y absoluto a la dictadura de Maduro y sus desmanes y crímenes. Nunca se debe morder la mano que te da de comer.

Está cada vez más claro, pues, que Zapatero ha encontrado a su digno sucesor. Y es que, sea como fuere, son tal para cual.

miércoles, 25 de febrero de 2015

VENTOLERAS EN EL PARLAMENTO

El último del 'bipartidismo': con este llamativo y rotundo titular se ha presentado en buena parte de los medios de comunicación el Debate sobre el estado de la Nación del año vigente. Como si la contienda parlamentaria que se inaugurara durante el primer Gobierno de Felipe González se hubiese limitado alguna vez al enfrentamiento dialéctico entre los dos grandes partidos, cuando, bien al contrario, y por su mismo formato, supone precisamente una de las contadas oportunidades de lucimiento mediático, siquiera escaso, para las minorías políticas con representación en el Congreso (las cuales, muy a pesar del ahora denostado sistema electoral, no suelen ser pocas, por cierto). Y como si, por mucho que cambie y se fragmente el panorama político nacional tras las próximas elecciones generales, vayamos a dejar de tener como principales protagonistas a un presidente del Gobierno que haga un balance de su ejecutoria y a un líder de la oposición que le replique y contradiga, y muy a pesar de que por primera vez no se repartan ambos cometidos entre el PP y el PSOE (lo que también está por ver, porque de momento no está escrito en ningún sitio que las encuestas diseñadas para la ocasión tengan que sustituir a las urnas). Pero no hay nada como adherirse a las modas y tópicos en boga.

Como era previsible, Mariano Rajoy centró gran parte de su discurso en resaltar los indiscutibles (si nos atenemos a los datos oficiales) logros económicos, sin duda la principal baza con la que se presentará a los comicios que él mismo convocará y cuya fecha de celebración, por tanto, decidirá. Así, tras empezar haciendo un repaso pormenorizado de las cifras que reflejan la mejoría económica y destacarlas convenientemente, culminó la primera parte de su intervención con esta frase: 'El Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer, pero el mérito corresponde a los españoles'. En efecto: ha sido una vez más la sociedad española en general la que ha sabido estar a la altura de las circunstancias, mientras el Ejecutivo se ha limitado a tomar medidas de choque y generar un marco de estabilidad económica y confianza. Aunque, saliéndose del terreno estrictamente económico, no podían faltar las referencias del presidente Rajoy al reto secesionista del nacionalismo catalán: 'Nunca aceptaré que se ponga en tela de juicio la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad de los españoles y sus derechos fundamentales'. Y así debe ser: pese a inmediatos y muy lamentables antecedentes (de aquellos polvos, aquestos lodos) no cabe esperar otro comportamiento de un presidente del Gobierno... de la nación española.

Y como se suele utilizar este tipo de debates para presentar novedades, el presidente Rajoy anunció, entre otras, nuevas medidas para facilitar y promover la creación de empleo: una tarifa reducida para contratos indefinidos, consistente en declarar exentos de cotización los primeros 500 euros del salario; además, una bonificación especial para la conciliación de la vida familiar y profesional dirigida a los autónomos, para que así gocen de las mismas garantías en la materia que un trabajador por cuenta ajena. Terminó por dotarle de mayor carácter político a su intervención cuando alertó, muy oportunamente, de las 'ventoleras ideológicas', esto es, los populismos que pueden poner en riesgo la recuperación económica y la necesaria estabilidad política. Así, aseveró que sería muy fácil anunciar para mañana una subida del doble del salario mínimo, o del 10% del importe de las pensiones, pero que ello nos conduciría a una 'ruina descarnada' en 'seis meses o menos'. 'Con demagogia no se sostiene el Estado del Bienestar, sino que se destruye', concluyó.

Se trató de una atinada pedagogía sobre los principios básicos de la economía real: nunca es tarde si la dicha es buena. Máxime en el mismo día en el que quedó perfectamente de manifiesto que la cruda realidad y los rigores económicos se suelen imponer al populismo rampate, la demagogia fácil y las bravatas. Después de todo, parece ser que Tsipras y su Syriza, esto es, la versión griega de Iglesias Turrión y su Podemos, prefieren seguir en el euro (para, sobre todo, contar con una financiación imprescindible para que no colapsen los servicios públicos esenciales), y pese a que con ello se continúe sometiendo al 'castigado' pueblo griego a las penalidades, privaciones y 'austericidios' que imponga la malvada 'Troika' liderada por la cruel Alemania de Merkel. Y es que algunas veces toda la fuerza se va por la boca.

Tras volver a recordar que se ha logrado revertir la situación económica de una manera que tan solo hace tres años parecía inalcanzable ('solo podríamos haber soñado'), el presidente Rajoy, tras pronosticar la creación de tres millones de empleos en la próxima legislatura, terminó su discurso apelando a un optimismo posibilista: 'Ha llegado la hora de acelerar la marcha, completar la recuperación y llevarla a todos los hogares. Está al alcance de nuestra capacidad y solo depende de nosotros'. Ciertamente, fue una intervención que, no por estar basada en datos y referencias económicas, dejó de tener enjundia política. No lo tenía, pues, nada fácil Pedro Sánchez en su estreno como líder de la oposición en un Debate sobre el estado de la Nación, un examen que debía pasar con nota... sobre todo ante su propia bancada.

Y quizá le bastara a Pedro Sánchez transmutarse en Pablo Iglesias, aunque sin coleta y mucho más formal y 'glamouroso', para lograr asentar su precario liderazgo en el PSOE; así parece, si atendemos a los editoriales, artículos y encuestas de sus medios de referencia. Pero de momento parece insuficiente para adquirir empaque como presidente del Gobierno, especialmente si sus propuestas se limitan a derogar la práctica de la totalidad de las reformas del PP y pese a los evidentes buenos resultados que ya están reportando varias de ellas, como la laboral.

Sea como fuere, desde el comienzo de la respuesta de Sánchez pudimos advertir una nueva y burda estrategia que las distintas izquierdas, tanto las parlamentarias como las extraparlamentarias, están empezando a utilizar contra el Gobierno de Rajoy: porque si bien antes el PSOE afirmaba peregrinamente que, efectivamente, se ha evitado el rescate, pero no gracias a Rajoy sino a Zapatero, ahora ha decidido adherirse a la doctrina de Rosa Díez, seguida con entusiasmo por el célebre economista de cabecera de Albert Rivera, consistente en aseverar que en realidad sí ha habido rescate: el de la banca; intentando así confundir a la opinión pública identificando la intervención bancaria con el rescate global que han sufrido, por ejemplo, los Estados irlandés, portugués o griego, con los consiguientes colapsos de sus economías y, por ejemplo, drásticos recortes (de más del 25%) en sueldos y pensiones e incluso despidos de funcionarios que aquí hemos podido eludir. Tosca patraña que, como tal, tiene las patas muy cortas. Y todo por negarle la más mínima a Rajoy y al PP.

Dentro del tono apocalíptico que Sánchez asumió, y empleó, en su primer discurso, el debate, si bien intenso desde el principio, estaba discurriendo por los cánones normales del parlamentarismo: frente al 'desastre social' pintado por el líder de la oposición, el presidente del Gobierno contrapuso la positiva evolución de la economía tras una larga crisis heredada del socialismo; y frente a las consabidas referencias a Bárcenas (que no a la corrupción en general), Rajoy le reprochó su escasa autoridad moral por su posición abstencionista en la trama de los ERE falsos. Nada que no estuviera sobre el papel. Pero todo cambió en el turno de réplica del secretario general socialista: en una segunda intervención prefabricada y escrita, y agarrándose al folio, consiguió embarrar y, con ello, agriar el debate basándose en lanzar insidias contra el mismo presidente a propósito de los desmanes del extesorero, hasta que llegó el momento culminante: 'ustedes no tienen vergüenza', le espetó a los diputados del Grupo Parlamentario Popular en pleno. Rajoy, visiblemente irritado, respondió con absoluta contudencia, y con una dureza dialéctica impropia de un avezado y fino parlamentario como él: antes de terminar calificando de 'patético' el discurso de Sánchez, le desacreditó como aspirante a la presidencia del Gobierno al recriminarle que su intervención solo había sido de cara a la galería (a las de Iglesias Turrión y Susana Díaz, claro) y, por tanto, no había dado la talla.

Pero Sánchez había conseguido su objetivo, y de ahí que se permitiera el lujo de renunciar a su turno de dúplica: rebajar el que debería haber sido un debate estrictamente parlamentario, con sus modos y maneras de cortesía, al nivel de cualquier tertulia televisiva más o menos basurienta, que es donde no por casualidad el populismo demagógico ha disfrutado de mayor promoción y audiencia. Y es que esas 'ventoleras' de cuyo riesgo alertaba el mismo Rajoy en su discurso habían llegado al Congreso de los Diputados antes de lo que él suponía, y de la mano de quien no esperaba. Quizá, un adelanto de lo que se avecina en la sede de la soberanía nacional.

sábado, 21 de febrero de 2015

EL FARO 'PODEMITA'

Otra jornada gloriosa para las libertades y el pluralismo político de aquella 'experiencia democrática de Venezuela' que resaltara en su momento un inefable y muy progre cineasta, de ese ejemplo de democracia cuyas virtudes cantara el Mesías 'anticasta' que aspira a gobernarnos y hacernos felices, de ese faro bolivariano del populismo de ultraizquierda y que puede acabar siéndolo de la misma España (que, entonces sí, no la conocería ni la madre que la parió). No contentos con mantener en prisión a todo un líder de la oposición, Leopoldo López, la policía política del chavismo no ha tenido empacho alguno en detener al mismísimo alcalde de la capital, Alfredo Ledezma; que comete el pecado de no ser afecto al régimen y, encima, imponerse en las urnas merced al voto de esa parte de la sociedad venezolana más urbana, informada y dinámica, y que, en consecuencia, no traga con un 'socialismo del siglo XXI' tan represor y antidemocrático como ruinoso y fabricante de miseria.

Imperdonable para el indocto y rudo conductor de autobuses al que se le aparece el Caudillo (bolivariano) en forma de pájaro y, obviamente, para todos aquellos sus secuaces que sacan buen provecho de oprimir y empobrecer a la otrora próspera y admirable república democrática. Y sin que, por cierto, el mundo libre, el que debería velar por la defensa de los valores y principios de la libertad y la democracia en todo el orbe, diga esta boca es mía ni mueva un solo dedo, lo que sin duda envalentona todavía más al digno sucesor de Chávez. Es más, a los únicos que se les oye por estos lares son a quienes incluso les ríen las gracias, 'asesoran' y hasta consiguen financiación de semejantes 'Tiranos Banderas': los mismos que se presentan (y son presentados) como la gran y nueva 'alternativa' a la 'vieja política' que 'regenerará' la democracia. Que Dios (y las urnas) nos pillen confesados.

Porque si para algo ha servido la grotesca, y muy bolivariana, comparecencia pública del célebre ideólogo y sagaz empresario Monedero es para confirmar que los supuestos 'trabajos de asesoramiento' pagados a precio de oro por el régimen chavista no son más que una burda vía de financiación al nuevo partido de la rancia izquierda mesiánica. Como tampoco regateaba en gastos el Gobierno tiránico de Venezuela a la hora de agasajar a sus 'consultores' españoles en sus desplazamientos y estancias en su soñado edén. Aunque nada que no se haya visto ya: los 'tontos útiles' que, procedentes de cualquier país 'capitalista', desempeñaban gustosos el papel de propagandistas del comunismo, lo mismo del soviético que del cubano, eran convenientemente agasajados con unos privilegios solo al alcance de la minoría dirigente de la 'nomenklatura' político-burocrática del régimen; no fueran a mezclarse con la miseria que imperaba en el resto del paraíso y, con ello, correr el riesgo de que arraigados prejuicios 'burgueses' les hicieran hasta cambiar de idea. Pues bien: no hay mejor manera de cantar las excelencias del socialismo del siglo XXI que alojándose, previo pago del generoso Estado bolivariano, en los apartamentos más caros y lujosos de Caracas y con vistas a espléndidos campos de golf; lejos, pues, de las cuitas del venezolano de a pie, que se las ve y se las desea para comprar pollo o papel higiénico. 

Todo ello sin contar con la, en efecto, extraordinaria competencia como 'emprendedores' que atesoran los Monedero y compañía: la fundación con la que 'asesoraban' al régimen chavista lograba 'aligerar' las gestiones burocráticas de tal forma que enviaban divisas en apenas un mes, frente a los tres años que debía esperar el común de los empresarios españoles. Unos linces.

Así se derrota al infame capitalismo: está en la historia.

miércoles, 18 de febrero de 2015

CON CHAVES Y GRIÑÁN, NI DOCTRINAS NI PROMESAS

¿Debería la imputación de un cargo público implicar inmediata e irremisiblemente su dimisión o cese, y en todos los casos? La especial ejemplaridad con la que debe conducirse (sobre todo en estos tiempos abonados a la antipolítica) un representante político en democracia, máxime en términos de imagen (y en aplicación del conocido principio: la mujer del César, además de honrada, ha de aparentarlo), parece conducirnos a una clara y terminante respuesta. Ahora bien, cabe matizar que es relativamente fácil lograr la imputación judicial de alguien: en la mayoría de las ocasiones basta con presentar una denuncia o querella en los Tribunales y que un juez decida iniciar una investigación con el fin de averiguar si efectivamente ha habido comisión de un delito o participación en él para que llegue; con lo cual corremos el riesgo de que se haga un uso abusivo y torticero de los medios y resortes de la Justicia (como de hecho se lleva haciendo) para acabar de un plumazo, y de la manera más injusta, con la carrera política de cualquiera, y por mucho que posteriormente se le absuelva judicialmente o ni siquiera haya llegado a sometérsele al paso del juicio oral (y ejemplos ha habido, y no precisamente escasos).

Por tanto, tomar decisión tan tajante tendría que depender del supuesto concreto: por ejemplo, y dejando aparte las renuncias movidas por estrictas motivaciones personales o de honor y ética particular, que siempre hay que resaltar por su nobleza y virtud, se debería tener en cuenta si el caso reviste de especial gravedad desde un punto de vista social y/o político, si hay indicios lo suficientemente contundentes y abrumadores contra el político que se trate... o en simple y llana aplicación de la propia doctrina de exigencia de responsabilidades al adversario político, aunque solo sea por una cuestión de coherencia y credibilidad.

Así pues, y dadas, no solo la doctrina sobre imputaciones ajenas de este nuevo PSOE supuestamente inmerso en 'limpieza', sino las explícitas promesas tanto de Pedro Sánchez como de la mismísima Susana Díaz sobre el particular, debía ser mera cuestión de tiempo que, como consecuencia de su imputación en la investigación judicial de la más gigantesca y desvergonzada trama de corrupción de la democracia, dejen sus escaños (o que se les inste a ello) los prebostes del socialismo andaluz, Chaves y Griñán; con los que, en cualquier caso, no se ha procedido de manera tan fulminante como con, por ejemplo, Virgilio Zapatero o Tomás Gómez, quienes para más inri ni tan siquiera han llegado a ser encausados. Pero ni mucho menos: ahora resulta que hay que envainársela y, primero, limitarse a aplicar un código ético particular que sitúa la dimisión o el cese en la apertura de juicio oral (por supuesto, solo para ellos mismos, pero no para los demás); y, después, escudarse en el peregrino argumento de que es cierto que a los dos ex-presidentes de la Junta de Andalucía se les ha imputado, pero no por ningún delito (sic): como si se hallaran, o pudieran hallarse, inmersos judicialmente en algún asunto etéreo o por definir, y no de lleno en una investigación por hechos delictivos que conllevan prevaricación y malversación de fondos públicos; dirigidos, para mayor ignominia, a atender y ayudar a los parados, y, para mayor escarnio, en la región española con mayor índice de desempleo.

Pero con Chaves y Griñán, padrinos políticos de doña Susana, no hay ni doctrinas ni promesas que valgan. Lo cual, además de evidenciar una escandalosa doble vara de medir, despoja definitivamente de toda autoridad moral al PSOE en sus exigencias de responsabilidades políticas, de renuncias y destituciones, por casos concernientes a políticos de otros partidos.Y son harto frecuentes últimamente.