
En estos tiempos de absoluto predominio del pensamiento débil, a la mera pronunciación de palabras como 'acuerdo', 'consenso' o 'pacto', concebidas como necesarios estadios finales de un idolatrado 'diálogo', se le confiere propiedades extraordinarias, casi taumatúrgicas. Las mismas derivan del convencimiento prácticamente generalizado de que gracias a los consensos, sean cuales sean, no sólo evitamos las desavenencias y las disputas, que, aunque normales y hasta saludables en democracia, parecen resultar más bien incómodas; sino que además y sobre todo se llega a un justo punto medio, que es donde supuestamente reside la virtud. De ahí que distintas voces, empezando por la del mismísimo Monarca, y continuando increíblemente con la de un Gobierno caracterizado por su sectarismo, se hayan alzado ahora para pedir un pacto de Estado como paso imprescindible para afrontar la actual y persistente crisis económica.

Asimismo, las distintas fuerzas políticas de entonces, desde la Alianza Popular de Fraga hasta el Partido Comunista de Carrillo, no tuvieron dificultades en encontrar ese imprescindible punto medio: El keynesianismo, producto de ese bien llamado 'consenso socialdemócrata' cuyo reinado indiscutible continuaba aún en vigor, poco antes del triunfo de las políticas económicas liberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. De esta forma, aunque los Pactos de La Moncloa alejaron durante un tiempo a la economía del proceloso terreno de las disputas políticas, y sirvieron para imponer un necesario ajuste en el gasto público y modernizar un obsoleto sistema fiscal, constituyeron más bien una rémora para la recuperación de una economía española todavía lastrada por el corporativismo y el intervencionismo: Ni se abordaba la flexibilización de un sistema laboral rígido y excesivamente paternalista, que pese a su sello franquista siempre ha parecido contar con la adhesión de la izquierda, ni se plantearon unas imperiosas liberalizaciones que años después tendría que comenzar a emprender, siquiera tímidamente, un Ministro socialista, Miguel Boyer. Así, tras la firma de aquellos 'sacrosantos' Pactos, la inflación no llegaba a contenerse, nuestra economía se estancaba y surgía el problema del paro como mal endémico, que sólo se aliviaría durante los liberalizadores Gobiernos de Aznar.

En cualquier caso, no parece que vaya a haber una reedición de los Pactos de La Moncloa. Entre otras razones, porque no es posible acordar una política económica medianamente seria con este PSOE de Zapatero.
2 comentarios:
Ni tampoco con el PP del Sr. Rajoy. El otro día escuché la entrevista que hicieron al Sr. Montoro en 59 segundos y me quedé atónito: no se puede ser más frívoolo y superficial.
Guatemala es malo, pero me temo que la alternativa es Gautepeor.
clementepolo.wordpress.com
Cabe hablar largo y tendido, pero creo que, aunque podríamos discutir sobre su mayor o menor audacia al menos desde un punto de vista liberal, en líneas generales las propuestas del PP para afrontar la crisis van en la buena dirección. Ya demostraron cuando estuvieron en el Gobierno, en el que por cierto el señor Montoro desempeñó una importante labor en cuanto a la gestión económica, que son capaces de plantear soluciones eficaces a una situación económica delicada. Aunque, lógicamente, hasta que no gobierne no sabremos si repetirá su papel de 'salvavidas' de nuestra economía, el PP tiene toda la autoridad moral en la materia.
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