lunes, 6 de julio de 2009

EL GRAN TIMONEL ENERGÉTICO


Desde que tenemos a Zapatero rigiendo nuestros destinos, los precios de la luz y de la energía en general no han parado de subir. Concretamente, los incrementos de las tarifas que todavía fija el Ejecutivo se han situado siempre por encima de la inflación. Incluso en una coyuntura como la actual, en la que el IPC baja, este Gobierno de infinita conciencia 'social' ha tenido a bien aumentar en un 2 por ciento la tarifa de la luz, que ya sufrió una subida de más del 3 por ciento en Enero. Ahora que, en virtud de una bendita exigencia europea (no porque así lo haya dispuesto Zapatero, que más bien se ha encargado de dilatar el proceso de liberalización del sector energético), los consumidores domésticos por fin disfrutamos de la libertad de elegir entre varios suministradores de energía en función de la calidad y el precio, sería conveniente que el Gobierno suprimiera sus distorsionadoras y contraproducentes tarifas, y a ser posible pronto, para que sea el mercado el que marque los precios en régimen de libre competencia.

Pero no nos hagamos demasiadas ilusiones. Aunque la liberalización del mercado energético puede contener de alguna manera los precios, la energía nos va a seguir saliendo muy cara. Ni más ni menos porque el Gobierno va a pasar de decidir qué precio tenemos que pagar a prescribir qué tipo de energía hemos de consumir. Qué menos que alguien de la dichosa omnisciencia de Zapatero, que ha sido capaz de señalarnos el camino de la 'economía verde' a golpe de Real Decreto y 25.000 millones del erario, se erija ahora también en nuestro Gran Timonel Energético. Su inmensa y celestial sabiduría no tiene parangón, sobre todo si la comparamos con la limitadísima perspectiva humana de determinados expertos en materia energética, incluidos aquellos osados ignorantes del Consejo de Seguridad Nuclear que le enmendaron la plana.

Por tanto, y puesto que 'nada ni nadie va a afectar a una decisión del presidente del Gobierno' (toma talante), no sólo ha ordenado el cierre dentro de cuatro años de la central nuclear de Garoña, sino que además, y dejando en mantillas los tristemente célebres planes quinquenales soviéticos, 'planificará' la energía hasta... ¡2030! Ni el mismísimo Stalin se atrevió a llegar tan lejos en sus previsiones (y eso que el sanguinario tirano georgiano no debía someterse a elecciones que pudieran expulsarle del poder), pero es tan amplia la perspectiva de nuestro presidente que sabrá anticiparse a todos los cambios y necesidades que en materia energética puedan surgir durante los próximos veinte años, no ya en España, sino en el resto del mundo. Definitivamente, los españoles no nos merecemos a alguien de tan extraordinaria sapiencia.

Hayek ya nos alertaba de las funestas consecuencias de la 'fatal arrogancia' de aquellos planificadores centrales que creen poseer toda la información existente, cuando en realidad el conocimiento es disperso. La soberbia con la que actúa el presidente del Gobierno en este caso (como en tantos) se debe a un sectarismo patológico que le impide ver más allá de sus anteojeras ideológicas. Por ejemplo, que el ochenta por ciento de la energía eléctrica que produce Francia (y la que le compramos nosotros) proceda de centrales nucleares; que en su momento el Secretario de Energía de su admirado Obama, Steven Chu, declarara que había que seguir apostando por la energía nuclear; que países del Este, con tal de dejar de depender del suministro gasístico de Rusia (el mismo problema, por cierto, que tenemos nosotros respecto a Argelia), hayan planteado la conveniencia de recurrir a ella; o que Suecia, tras nada menos que treinta años de prohibición, haya decidido retomarla. Y es que la energía nuclear es la mejor alternativa a las convencionales, ya que la experiencia ha demostrado sobradamente que, además de segura y limpia, es la más barata.

Mientras tanto, Zapatero, a la vez que presume, a fuer de 'rojo', de ser 'el más antinuclear de todos', prefiere transitar por un camino opuesto al del mundo desarrollado y continuar instalado en sus rancios prejuicios, propios de un ecoprogresismo absolutamente pasado de moda y desacreditado por la realidad. Quizá consiga con ello ganarse a un electorado con el que comparta ese ridículo tabú, pero nuestra economía se verá, una vez más, especialmente resentida.

2 comentarios:

Jorge Castrillejo dijo...

Teniendo ideología no son necesarios los conocimientos, ya que, estos están supeditados a la superioridad de la ideología porque la ideología es la verdad absoluta.

Pedro Moya dijo...

En efecto, Jorge. El de Zapatero es un ejemplo claro de supeditación de la realidad a la ideología, forma de actuar propia de un sectario redomado como es él.
Muchas gracias por tu comentario. Excelente tu bitácora.
Un saludo.