viernes, 30 de mayo de 2014

LAS ANTEOJERAS DE LA PROGRESÍA EDUCATIVA


Artículo publicado en el diario 'La Opinión de Murcia' el 29 de mayo de 2014.


Ni comen ni dejan comer. No contentos con haber dejado la calidad de la enseñanza pública, de la que precisamente tanto se llenan la boca, a la altura del betún, como por desgracia llevan acreditando los sucesivos informes PISA, ahora pretenden evitar que otros, quienes han cogido el relevo en el Gobierno por inapelable sentencia de las urnas, intenten siquiera arreglar el tremendo desaguisado que su propia, miope y ´logsiana´ torpeza ha generado. Porque encima parece que están encantados de haberse conocido, y todavía quieren convencernos de que ellos, el PSOE y sus adláteres, son el ´no va más´ en la defensa de la Educación Pública, que gracias a su gestión política en la materia ha alcanzado niveles nunca conocidos (aunque en este aspecto no les falta razón: aproximadamente en el subsuelo), y que si no fuera por su providencial existencia la malvada derecha ya la habría privatizado y convertido en coto exclusivo de élites. Y lo peor es que hay quien todavía les compra la mercancía, aunque sean cada vez menos.

Y es que la progresía educativa (y perdón por el oxímoron) anda muy revuelta últimamente; bueno, en realidad, desde que gobierna el PP, al que saludó nada más llegar con una huelga (más las que vinieron después), pero estos días especialmente, y sobre todo en la Región de Murcia. ¿Y a qué se debe tamaña inquietud? Pues, ni más ni menos, a que la consejería de Educación del Gobierno regional ha decidido ¡hacer públicos los resultados de las evaluaciones de diagnóstico!

Y, claro, eso sí que no. En unos momentos en que, con toda la razón del mundo, se exige transparencia total para que los ciudadanos sepamos a ciencia cierta en qué se emplea el dinero de los impuestos que religiosamente pagamos, para nuestra inefable izquierda tal principio no es en absoluto aplicable al caso: mejor convertimos los resultados en una especie de secreto de Estado, solo al alcance de determinados burócratas y políticos como si de agentes del CNI se tratara, y después los encerramos bajo siete llaves. No vayamos a remover determinados cimientos, porque la única filosofía que cabe poner en práctica es la del gatopardo: cambiar algo para que nada cambie. Con lo cual hacemos un pan como unas tortas.

Porque imagínense que, ante la mera posibilidad de que cualquiera de los centros examinados no alcance resultados satisfactorios, y que además se sepa, decidiera ponerse las pilas para intentar mejorar. ¡Horror, eso se llama promover la competitividad y la ´excelencia´, palabras-tabú para el buen y ´progresista´ pensamiento políticamente correcto, prejuicios típicamente derechistas dizque ´neoliberales´! No introduzcamos criterios ´de mercado´ en un sistema como el educativo con el que no cabe hacer ´negocio´; por tanto, que sigan ejerciendo de ´motores´ la burocratización y la mediocridad, que tan magníficos frutos han procurado como es bien sabido. Además, como reza el dicho: ojos que no ven, corazón que no siente.

Para más inri, supongamos que, al tener acceso a los resultados conseguidos por los distintos centros, haya padres que decidan guiarse por ese criterio para elegir el colegio o instituto donde matricular a sus hijos. Y esto sí que resulta verdaderamente intolerable: ¿transmitir la información a las familias para además promover el ejercicio de su libertad de elección de centros? ¿Pero a dónde vamos a llegar? Como hasta ahora, lo que más les conviene a los niños, deben seguir estableciéndolo los burócratas de turno, dada su infinita sapiencia, siempre superior a la de sus mismos padres, como establecen los dogmas socialistas ¡faltaría más! Porque hace tiempo que, en virtud del socialismo ´logsiano´, la educación de los vástagos no es materia que competa a las familias, sino directamente a Papá Estado; que para eso está siempre presente en nuestras vidas, de la cuna a la sepultura. Y ay del impenitente neoliberal que lo ponga en duda.

Por supuesto, da igual que en la evaluación se introduzcan criterios de corrección que tengan en cuenta el contexto social, económico y cultural tanto de los alumnos como de los mismos centros (el llamado ISEC que se utiliza en los informes PISA); y que, precisamente allí donde se ha aplicado el sistema, empezando por los significativos ejemplos de Finlandia o Corea del Sur (o aquí en España, la Comunidad de Madrid), gocen de una reconocida calidad en su régimen de enseñanza pública.

La progresía educativa (y vuelvo a pedir perdón por el absurdo constructo) sigue a lo suyo, a piñón fijo: pese al rotundo fracaso de su modelo, intervencionista, desincentivador y mediocre por su igualitarismo a ultranza, continúan sin concebir la educación fuera de sus anteojeras y prejuicios ideológicos. Y conviene dejar de hacerles caso de una vez.

lunes, 26 de mayo de 2014

POLÍTICA CON MAYÚSCULAS, POR FAVOR

Con un 26% de los votos. Quién iba a pensar que con semejante porcentaje, que es por ejemplo el mismo que marcaba ese 'techo de Fraga' que tantos quebraderos de cabeza provocaba en Alianza Popular (el PP de los años 80) durante su larga travesía en el desierto, se podrían ganar unas elecciones de ámbito nacional en España. Pues bien, ese momento ha llegado, de resultas de la fragmentación del voto provocada por la desafección hacia la política que han traído fundamentalmente la crisis económica y las subsiguientes medidas impopulares decretadas por los Gobiernos; y que en unas elecciones como las europeas, que el votante siente todavía como alejadas de sus intereses y de escaso riesgo para las cosas de comer, y por tanto como una oportunidad de oro para manifestar en las urnas, por parte de quienes finalmente decidan acudir a ellas, descontentos más o menos viscerales, se acentúa con especial intensidad. Hasta el punto de que, si los resultados de estos comicios se extrapolaran a unas elecciones generales, el tan estos días manida coalición de gobierno 'a la alemana' entre el PP y el PSOE sería la única fórmula capaz de asegurar la imprescindible estabilidad política e institucional. Aunque cabe insistir en que el comportamiento del elector suele ser muy distinto de unas elecciones a otras, y es de esperar y desear que continúe siendo así.

Dentro de un panorama manifiestamente mejorable, sí hay que congratularse, al menos desde un punto de vista europeísta y liberal-conservador, de sendas victorias, aunque se hayan producido por la mínima, tanto del Partido Popular nacional como del europeo; y de que España haya sido, junto con Alemania, el único gran país del viejo continente que ha resistido mal que bien a los embates de las corrientes del euroescepticismo y la antipolítica estrafalaria, que además suelen ir de la mano. Ahora bien, resulta enormemente preocupante el auge de la extrema izquierda antisistema (un auténtico fenómeno mediático favorecido por la televisión... privada, y no solo, por cierto, por las cadenas de tendencia más 'progre'), verdadero peligro para la convivencia democrática en España; y, en lo que se refiere a buena parte del resto de Europa, el crecimiento de otros radicalismos, no solo de naturaleza eurófoba, sino sobre todo antiliberal y antidemocrática: los resultados electorales en Francia, donde el Frente Nacional de los Le Pen ha sido el partido más votado, y Gran Bretaña, donde ha ganado el nacionalismo británico, como tal anti-UE, del peculiar Nigel Farage, son ese sentido muy significativos.
 

Por supuesto, que el PP español haya logrado imponerse en circunstancias tan adversas, sobre todo si establecemos una comparación con el desgaste experimentado por la totalidad de los Gobiernos europeos (solo dos Ejecutivos, precisamente los conservadores de Alemania y España, se han alzado con la victoria), no debe servir para ocultar la alarmante pérdida de apoyos electorales que ha sufrido: 8 escaños, 16 puntos y 2 millones y medio de votos menos respecto a las últimas elecciones europeas. Al contrario que en otros comicios, en esta ocasión, y al calor de la promoción mediática citada y de la sedición callejera iniciada aquel 15-M, se ha movilizado el electorado más afín a la izquierda radical y los movimientos antisistema (en el que un PSOE en caída libre, y pese a sus esfuerzos por mimetizarse con el extremismo de izquierdas, no consigue captar adhesiones); sin embargo, el votante medio que más se identifica ideológicamente con el centro-derecha se ha inclinado por la abstención: coyuntura quizá sin precedentes en España, pero de la que debería tomar cumplida nota la dirección del Partido Popular para, partiendo del suelo firme que todavía, y pese a todo, continúa ostentando, intentar recuperar a ese elector desencantado. 

Es, pues, el momento de hacer política con mayúsculas, y para ello se debería tener claro que no todo consiste en gestionar bien la economía y cuadrar las cuentas, que también es muy importante y se está consiguiendo, sino en defender sin ambages y poner en práctica los programas, principios y valores que siempre han distinguido a las ideas del amplio espectro liberal-conservador. Para lograr ese objetivo hay todavía un año por delante, ciertamente una eternidad en política: tiempo más que suficiente para mejorar... o empeorar.

martes, 13 de mayo de 2014

COBARDÍA SOBRE COBARDÍA

El asesinato de la presidenta de la Diputación de León y del PP leonés, Isabel Carrasco, es susceptible de suscitar fundamentalmente dos sentimientos inmediatos; al menos en cualquier persona que albergue unos mínimos principios morales y éticos: una honda conmoción, por cuanto supone en sí mismo la injusta desaparición, la muerte de un ser humano a manos de desalmados (o desalmadas en este caso); y, por qué no reconocerlo, rabia, por producirse de manera tan cobarde y ruin como fría y calculada, a tiros, al más puro estilo de cualquier banda mafiosa o terrorista. Y tampoco debemos perder de vista que matar a un representante de los ciudadanos, a un cargo electo, es además, por mucho que el móvil, injustificable en cualquier caso, no sea político, un ataque a la misma democracia. 

Para mayor escarnio, semejante acto vil, cobarde y criminal no tardó en obtener la justificación, e incluso el aplauso, de cierta gentuza, tan minoritaria como tremendamente dañina, que se escuda en el anonimato para verter con total impunidad toda su basura dialéctica y, una vez más, convertir las redes sociales en un inmenso y pestilente estercolero. Maldad sobre maldad, cobardía sobre cobardía. De nuevo, porque por desgracia no es la primera vez, los profesionales de la injuria, los agitadores del odio, aquellos que difunden el 'todo vale' contra los políticos, sobre todo si son del PP, entraron inmediatamente en acción y llenaron de porquería el panorama virtual y mediático en general. Deleznable empeño al que contribuyen quienes sacan a relucir, todavía con el cadáver caliente, determinadas controversias supuestamente relacionadas con la dirigente política asesinada para dar a entender que 'algo habrá hecho' y que, por tanto, en el fondo se lo había buscado; táctica similar a la que utilizaban quienes 'explicaban' o 'contextualizaban' los crímenes etarras. Tiempo tendría que haber de situar a cada cual ante su propia bajeza moral y de detectar ciertos polvos que traen determinados lodos.

Al menos, cabe felicitarse porque los partidos políticos, al menos quienes acatan las reglas de juego democráticas (entre los que no cabe incluir ni a los miserables proetarras, claro, tan duchos en disculpar crímenes, ni a ciertos antisistema de ultraizquierda con los que tanto se identifican), sí supieron estar a la altura de las circunstancias: condenando firmemente, como no podía ser de otra manera, el asesinato y, a su vez, suspendiendo la campaña de las elecciones europeas. Descanse en paz Isabel Carrasco, y transmitir el pésame y todo el apoyo hacia sus familiares y amigos. Y, por supuesto, un fuerte abrazo para la gran familia del Partido Popular.

martes, 6 de mayo de 2014

SAAVEDRA FAJARDO: LA MORAL EN POLÍTICA

Tal día como hoy, un 6 de mayo de 1584, nació en Algezares (Murcia) Diego de Saavedra Fajardo, ensayista, pensador, uno de los diplomáticos y políticos más destacados de la España del Siglo de Oro y, sin duda, uno de los personajes murcianos más importantes de la historia de España. Después de estudiar Leyes y Cánones en la Universidad de Salamanca, se dedicó a la actividad diplomática, primero centrada en Roma y a partir de 1633 en distintos lugares del resto de Europa. En 1643 llegó a ser nombrado plenipotenciario de España en Münster, por lo que vivió en primera persona uno de los periodos más tristes de la historia de España: el fin de la hegemonía del Imperio Español en Europa decretada tras la Paz de Westfalia. En 1646 vuelve a Madrid, donde moriría dos años después. Sus restos mortales serían trasladados a la Catedral de Murcia, como era su deseo.

Sus obras más importantes fueron 'República literaria', sátira basada en un estado imaginario formado por escritores y demás artistas, en la que el autor se permite hacer una muy estimable crítica literaria; 'Corona gótica, castellana y austríaca', una referencia histórica y biográfica de los reyes godos, castellanos y austríacos; 'Locuras de Europa', un diálogo con fines de divulgación política; 'Introducciones a la política y razón de Estado del Rey Católico don Fernando', donde pone al monarca aragonés como el mejor ejemplo histórico de gobernante hábil y políticamente perspicaz (incluso mucho antes de que lo hiciera Maquiavelo); y su libro cumbre, 'Idea para un príncipe político-cristiano representada en cien empresas', más conocida como 'Empresas Políticas', una guía de príncipes al uso de la época, aunque también repasa distintas cuestiones de ámbito político, filosófico, jurídico y moral.

Advertimos las siguientes influencias en el pensamiento político y moral de Saavedra Fajardo: Aristóteles, hasta el punto de que la primera parte de sus 'Introducciones' se puede considerar un compendio de las ideas reflejadas en la 'Política'; Tácito, si bien sus sentencias son aplicadas a pura conveniencia e incluso llega a traducirlas deliberadamente mal para que adquieran un determinado sentido; el estoicismo, particularmente el de Séneca, aunque sin referencias a un panteísmo que contradijera los principios cristianos; el cristianismo, ya que Saavedra fue un escritor plenamente comprometido con la Contrarreforma; y la escolástica: pese a que no citara a ninguno de sus autores, los pensamientos de Suárez, por ejemplo, quedan patentes en muchos de sus escritos, lo que además supone clara muestra de la huella impregnada por sus estudios universitarios en Salamanca.

Cabe resaltar además la constante presencia de Maquiavelo en sus ensayos, si bien para refutar sus principios basados en la autonomía de la política frente a consideraciones morales. Es más, Saavedra llegaría a distinguir entre falsa razón de Estado, la defendida por Maquiavelo como mero procedimiento de adquisición y mantenimiento del poder desprovisto de cualquier valor ético, y verdadera razón de Estado, que sería el proceder político del príncipe basado en la moral cristiana. En este mismo sentido, calificaría los preceptos maquiavélicos como propios de tiranos, que como tales no se atienen al respeto a las leyes ni a las exigencias morales y éticas.

He aquí la clave de un buen gobierno para Saavedra Fajardo: el que respete las leyes y fueros del Reino, ya que uno de los principales papeles que han de cumplir consiste precisamente en limitar su poder. A su vez, creía en la sabiduría y en la vida social emanadas de la costumbre, a la que consideraba como 'una especie de libertad' que los gobernantes habían de respetar. Por tanto, muy lejos de la perspectiva maquiavélica, no resulta concebible una acción política sin amoldarse, no solo a las leyes y costumbres en vigor, sino también a valores espirituales y éticos que contengan al gobernante de la tentación de abusar de su posición y no tener en cuenta los derechos de sus súbditos: es, pues, la mejor manera de evitar que un Príncipe acabe convirtiéndose en tirano.

Es ni más ni menos que la lección que hemos de extraer del pensamiento político del célebre murciano: la política no ha de deslindarse en ningún caso de la moral. Ojalá tantos hubiesen tomado cumplida nota; aunque para ello antes deberían haberle leído, claro.

martes, 29 de abril de 2014

ASÍ NO, SEÑOR NAVARRO

La tan mentada agresión al líder socialista catalán Pere Navarro merece, faltaría más, la más enérgica de las condenas: bajo ningún concepto se puede justificar ni 'explicar' que mediante el ejercicio de la violencia se pretenda amedrentar a nadie en el uso de su libertad de expresión, y más concretamente en su cometido político como representante de los ciudadanos. Ahora bien, resulta lamentable que el mismo señor Navarro, adoptando una injusta equidistancia, haya repartido culpas al responsabilizar del ataque del que ha sido objeto a un 'clima de crispación' al que contribuirían al mismo nivel tanto Mas como Rajoy.

Porque no parece que quien pegó al señor Navarro simpatice precisamente con las ideas del PP, bien al contrario; y porque, por desgracia, no es ni mucho menos la primera vez que en Cataluña alguien sufre en sus propias carnes la intolerancia de quienes tachan de 'malos catalanes' o 'anticatalanes' a aquellos que no sigan a pies juntillas los preceptos del pensamiento único nacionalista. No hay más que recordar lo que por desgracia hace décadas se convirtió en una tradición del paisaje social y político de Cataluña: los violentos boicots a conferenciantes no nacionalistas, desde políticos como Aznar o Rosa Díez, hasta escritores o intelectuales como Arcadi Espada o Jon Juaristi; los asaltos a sedes de los partidos constitucionalistas, sobre todo del PP; amenazas de muerte como la dirigida a Albert Rivera mediante carta con retrato suyo con tiro en la frente; y en cuanto a agresiones físicas en plena calle, o conatos de ello, que le pregunten a Vidal-Quadras, al propio Albert Rivera, a Alicia Sánchez Camacho, a Alberto Fernández, o, más recientemente, al mismo Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, zarandeado en Las Ramblas.

Y es que, desde luego, es cierto que hay un 'clima de crispación' en Cataluña. Pero lo han generado desde hace años quienes, bajo consignas como 'Espanya ens roba', y utilizando todos los resortes del poder durante décadas, llevan presentando a España y los españoles como enemigos, invasores y represores; y, a aquellos catalanes que no tienen complejos para reconocer y proclamar sentirse españoles y defender la unidad de España, como felones a los que urge expulsar del paraíso nacionalista. Pero esta cruda realidad, la del odio a lo español instigado e institucionalizado por un régimen de nacionalismo obligatorio, jamás la va a reconocer un dirigente político socialista catalán, normalmente acomplejado ante una supuesta superior legitimidad democrática del nacionalismo (cuya política 'identitaria', sin ir más lejos, ha continuado el PSC cada vez que ha llegado a gobernar en Cataluña); eso sí, en cambio, siempre presto a culpar al PP, sospechoso de franquismo a fuer de españolista, de todos los males habidos y por haber.

Así no, señor Navarro. Así no.

miércoles, 9 de abril de 2014

...PERO EL RETO SEPARATISTA CONTINÚA

'El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad'. Albert Einstein.

'Ni este Gobierno que yo presido, ni las Cortes Generales, ni el Parlament de Cataluña pueden privar al pueblo español de su derecho a decidir sobre el futuro colectivo'. 'Nunca en la historia ha tenido Cataluña un nivel de autogobierno como el que tiene hoy'. 'Nadie discute el verdadero derecho a decidir. ¿Acaso acudimos a las urnas por otro motivo? Los habitantes de cada comunidad tienen derecho a escoger quién gobierna su autonomía, pero no a decidir qué hemos de hacer con España. Cada catalán, como cada gallego o cada andaluz, es copropietario de la soberanía nacional'. 'No hay ninguna Constitución que diga que una parte puede decidir sobre el todo'. 'La democracia es el propósito de no reconocer otra autoridad por encima de los ciudadanos que la ley. La esencia de la democracia es que todos tienen que atenerse a las normas. No hay democracia sin ley'.

Son fragmentos que resumen la esencia de un articulado, pedagógico y magníficamente argumentado discurso con el que Mariano Rajoy respondió en el Congreso de los Diputados a la pretensión del nacionalismo catalán de celebrar un referéndum secesionista en Cataluña. Una firme defensa de la soberanía nacional española que cabe esperar de un presidente del Gobierno que, como tal, y lejos de determinadas consideraciones que tachan de 'concepto discutido y discutible' a la misma nación española, ha de estar plenamente comprometido con la unidad de España y la Constitución y las leyes que la garantizan.


No podía ser de otra manera: el Congreso de los Diputados como sede de los representantes de la soberanía nacional, que reside en el conjunto del pueblo español, rechazó por abrumadora mayoría la reclamación separatista del Gobierno nacionalista catalán de Mas. Pero lo más importante de la sesión parlamentaria fue el debate en sí que, pese al ínfimo nivel retórico y dialéctico de los componentes de la delegación del Parlamento catalán (en algún caso verdaderamente alarmante), en general rayó a gran altura; y que, sobre todo, mostró una grata coincidencia en las razones y los argumentos fundamentales esgrimidos por los portavoces que defendieron los principios y valores de nuestra Constitución y, por ende, la unidad y soberanía nacionales: así, cada uno a su estilo, tanto Rubalcaba por el PSOE, como Rosa Díez por UPyD, sin desdeñar las aportaciones de Álvarez Sostres por Foro Asturias y Carlos Salvador por UPN, dejaron claro en sus intervenciones que nada resulta concebible fuera de la Constitución que los españoles, incluido más de un 90% de los votantes catalanes, nos dimos. Que se escenifique esta unión ampliamente mayoritaria en pro de la nación española y el sistema constitucional que lo respalda y garantiza sin duda que fortalece nuestra democracia. Ojalá que no sea flor de un día y permanezca siempre de manera inquebrantable.

Porque, por muy claro y contundente que haya sido el rechazo del Parlamento de la nación al alarde secesionista, no ha terminado ni mucho menos la pesadilla. Bien al contrario, y por desgracia, el reto separatista continúa. Aunque muy posiblemente no les quede otra salida que adelantar de nuevo las elecciones autonómicas para dotarles de un carácter plebiscitario, a los que se les llena la boca todos los días con la palabra 'democracia' para defender su referéndum secesionista ('qué hay de malo en que la gente vote'), les trae al pairo que nada menos que el 86% de los representantes políticos de allí donde reside la soberanía haya votado en contra de sus pretensiones independentistas; y que incluso, muy significativamente, una mayoría absoluta de los diputados elegidos en las circunscripciones de Cataluña (25 de 47) se haya pronunciado de la misma forma.

Y es que, obviamente, al nacionalismo catalán siempre le ha importado un bledo una legalidad, una Constitución y una soberanía del pueblo español en las que en el fondo nunca ha creído, y que por tanto no las considera impedimento alguno para alcanzar su objetivo primordial, que es el de todo nacionalismo que se precie: acumular todo el poder para que éste sea incontestable. La 'Catalunya Lliure' que propugnan no persigue en realidad la libertad de los catalanes, sino el ejercicio sin límite de determinadas prerrogativas por parte de cierta élite política; y para ello resulta imprescindible desembarazarse de una España constitucional que se empeña en someter al imperio de la ley a todos los ciudadanos, hasta a aquellos que se envuelven en la cuatribarrada. Y no van a descansar hasta conseguirlo.

jueves, 3 de abril de 2014

GRACIAS, PRESIDENTE

Tras casi 19 años rigiendo el Gobierno regional de Murcia, Ramón Luis Valcárcel ha presentado su dimisión para, a partir de ahora, centrarse en ser la voz en Bruselas de los intereses de Murcia, su auténtica pasión y verdadera razón de ser en política.

Durante su presidencia, la Región de Murcia, pese a que en los últimos años no ha podido mantenerse ajena a una grave crisis económica nacional, ha vivido una época de prosperidad sin precedentes y progresado como nunca, sobre todo en materia de infraestructuras viarias, sanitarias y educativas. En el ámbito nacional, su defensa del agua, ese bien tan preciado especialmente en estas tierras, ha sido constante, inquebrantable y ante Gobiernos nacionales de distintos colores; así, ha sido realmente decisiva su contribución a la consolidación por ley de un trasvase Tajo-Segura al que se le llegó a poner fecha de caducidad. En este sentido, ha sido capaz de situar por fin a Murcia en el mapa.

Además, sus amplísimas mayorías absolutas cosechadas en las urnas, sin parangón en ninguna otra Comunidad Autónoma durante la democracia, son verdaderamente dignas de estudio por parte de sociólogos y politólogos. Lo que a su vez muestra el profundo grado de identificación y afinidad entre un electorado como el murciano y una determinada opción política; un indudable mérito que, por su escasísima frecuencia, cabe atribuir al PP de Valcárcel, que, amén de hacerse merecedor por su misma gestión política de adhesiones electorales tan holgadas, ha sabido permeabilizarse en todos los estratos de una sociedad murciana que se caracteriza por su dinamismo y capacidad de emprendimiento y, por tanto, nada dada a someterse a cautiverios de voto.

Aunque solo sea por tantísimos años al servicio de la Región de Murcia, don Ramón Luis Valcárcel Siso se ha hecho acreedor al respeto y reconocimiento de los murcianos. Gracias, presidente.