Cualquiera que no estuviese muy al tanto de la actualidad, y que simplemente se dejara llevar por el onmipresente ruido político-mediático, podría colegir que tenemos a Juan Manuel Soria calentando vergonzosamente silla en el Banco Mundial. Pero no, resulta que en su momento renunció a optar a un puesto, el de director ejecutivo del organismo, al que tenía perfecto derecho por su misma actividad profesional. Desde luego, no era ni
mucho menos el momento más oportuno para presentar su candidatura, y de ahí el revuelo político y mediático generado; pero estirar un "caso" que debió dejar de serlo desde el mismo momento en que hubo rectificación, denota una vez más la intencionalidad de puro y exclusivo desgaste político que esconden supuestas exigencias de pulcritud (siempre ajena, claro). Por desgracia, hace tiempo que, al calor de una demagogia antipolítica triunfante en tiempos de crisis, una atmósfera inquisitorial se ha
enseñoreado de la vida pública y política, hasta el punto de decretar la
muerte civil de quien tuvo la gallardía de asumir sus propios
errores y dejar la política... sin tan siquiera ser investigado o
acusado de cometer irregularidad o delito alguno. Pero el empeño por desprestigiar unas siglas para los restos ha de pasar hasta por las consiguientes dosis de persecución personal, y con más razón cuando se trata de alguien que ha tenido la decencia de dimitir.
Eso sí: no les sigue faltando
de nada a la Aído o a la Pajín, típicas indocumentadas "zapateriles"
que no le llegan a Soria ni a la suela del zapato pero que obtuvieron en
su momento la oportuna "colocación" en el organismo internacional de
turno, o a la inefable Maleni Álvarez, que fue nombrada vicepresidenta del Banco
Europeo de Inversiones pese a ser investigada por el caso ERE, y que
cuando no tuvo más remedio que dimitir tras confirmarse su imputación se
hizo con una indemnización y una pensión la mar de suculentas. Y qué
decir de la exvicepresidenta socialista del Gobierno y tres meses
después consejera de la filial eléctrica Chilectra Elena Salgado, un
caso de "puertas giratorias" de auténtico libro pero que apenas levantó
polvareda alguna... Todo lo cual es otra vez muestra de un flagrante fariseísmo
basado en una escandalosa doble vara de medir.
Rita Barberá, tras abrirle el Tribunal Supremo una investigación por supuesto blanqueo de capitales (en su caso, de la ingente cantidad de 1.000 euros), decidió darse de baja del Partido Popular, y quizá debería haber abandonado también su escaño de senadora; no en cumplimiento de un pacto con Ciudadanos que, según los mismos portavoces del partido "naranja", dejó de estar en vigor una vez derrotada la investidura de Rajoy, sino por la ejemplaridad que ha de prevalecer en estos tiempos de especial desprestigio de la actividad política. Por cierto, alguna vez nos explicarán las razones por las cuales el pacto (de Gobierno) que Albert Rivera firmó con Pedro Sánchez puso el límite del cese o dimisión en la apertura de juicio oral, y en cambio el acuerdo (de investidura) que alcanzaron PP y Ciudadanos lo situaron en la mera imputación. Ahora bien: que exijan la renuncia de quien ha sido una magnífica alcaldesa de Valencia los mismos que mantuvieron como diputado al insigne Pepe Blanco pese a su imputación, o los que no pidieron a Chaves y Griñán que dejaran el partido y el Senado hasta después del suplicatorio, paso que todavía no ha tenido que dar Barberá, no es sino atenerse, en efecto, a la aplicación de una ley: la del embudo.
Por tanto, el PSOE, y muy especialmente Pedro Sánchez, deberían abstenerse de dar lecciones de
moral en la materia y de utilizar la corrupción como coartada para empeñarse en su irresponsable política de bloqueo institucional; bastante daño está haciendo ya "Doctor No" a
España para que encima haya que soportar tamaña hipocresía. Máxime estos días, cuando un tal Rafael Rubio, militante del Partido Socialista del País Valenciano, continúa en su cargo de coordinador de Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia a pesar de su imputación por ese mismo caso "Imelsa" que ha provocado dimisiones en el PP valenciano; y sin que "Don Limpio" Sánchez le haya conminado a que abandone el puesto. Aunque algo tiene a favor el todavía líder socialista, y bien que lo sabe: que al tal Rubio no le dedican ni la milmilésima parte de minutos en los telediarios que a Rita Barberá, a Soria (pese a que hace tiempo dejó la política)... o a cualquier político del PP que pueda verse mínimamente salpicado. Porque ese doble rasero que se aplica para sí mismo el PSOE, y la izquierda en general, se advierte en la práctica totalidad de las cadenas de televisión, lo cual por otra parte debería mover a la reflexión sobre la política de medios de comunicación llevada a cabo en los últimos años. Aunque eso es harina de otro costal.
Esa misma parcialidad mediática lleva a presentar, por ejemplo, un presunto blanqueo de 50.000 euros como la más gigantesca trama de corrupción de la historia reciente, mientras que construir desde la Junta de Andalucía un entramado para saquear más de 700 millones de euros de dinero público, para más inri destinado a los parados en la región con mayor índice de desempleo de España, se le resta importancia y hasta se llega a sugerir buena intención en quienes de esa manera "socializaban" los beneficios de tan extendida estructura de corrupción. De ahí el argumento utilizado por quienes en el PSOE, y empezando por la mismísima Susana Díaz, no tienen empacho alguno en salir en defensa de la "honestidad" (sic) de Chaves y Griñán, aun después de que la Fiscalía haya pedido inhabilitación para el primero y cárcel para el segundo: que ninguno de los dos ha buscado su enriquecimiento personal. Como si consentir el establecimiento y la consolidación de una inmensa red clientelar apropiándose de dinero público, cuyo fin no es otro que eternizarse en el poder, fuera propio de personas de moral intachable. En cualquier caso, si esta estrategia de blanqueamiento de los imputados Chaves y Griñán emprendida desde las filas socialistas la llevara a cabo alguien del PP para, por ejemplo, siquiera insinuar la "honorabilidad" de Rita Barberá... la crucifixión mediática y política sería inmisericorde.
De la misma forma, desde ciertas terminales se repite una y otra vez el carácter de partido "imputado" del PP, lo que se utiliza incluso como justificación para aislarle políticamente e impedir por todos los medios que gobierne pese a haber ganado dos veces consecutivas, y con cada vez mayor claridad, las elecciones... cuando el PSOE, no es que esté investigado, sino que ha sido condenado en sentencia judicial firme por financiación irregular ("honor" que comparte con Unió): lo cual, si utilizáramos esa misma vara de medir, debería haberle inhabilitado para los restos. Un PSOE que, además, también ostenta el baldón histórico de que dos de sus presidentes, los mismos Chaves y Griñán, hayan sido encausados por la mayor trama de corrupción de la democracia. Pero mentiras repetidas al más puro estilo "goebbelsiano", como que el PP es el partido más corrupto, no ya de España, sino de Europa, o que Rajoy es complaciente o hasta ampara la corrupción, cuando ningún Gobierno como el suyo ha aprobado más medidas ni dotado de más medios para combatirla (y de ahí que hayan salido a la luz casos que en el 99% son del pasado), han logrado un considerable éxito mediático. Aunque, afortunadamente, y tal y como queda patente una y otra vez en las urnas, todavía hay españoles que saben separar el grano de la paja, discernir el inmenso ruido provocado de una algo más serena realidad.
viernes, 16 de septiembre de 2016
martes, 6 de septiembre de 2016
PEDRO SÁNCHEZ, DE PIRÓMANO A BOMBERO
Visto el parón que en el Congreso de los Diputados han forzado los que tienen en común su
visceral animadversión hacia el PP, el Rey Felipe VI ha decidido no abrir de momento una
ronda de consultas con los líderes y portavoces de los grupos políticos con representación parlamentaria. Pero
tranquilos, que ahí tenemos a la colosal figura del estadista Sánchez;
el cual, con su ingente cosecha electoral de 85 escaños, se halla
dispuesto incluso a asumir el papel que le correspondería ejercer al
mismísimo Jefe del Estado con tal de "buscar una salida" a la parálisis
política... que él mismo ha provocado. Ni más ni menos que el mayor
pirómano se reivindica ahora como el Bombero Oficial del Reino.
No contento con boicotear de manera contumaz, irresponsable e intransigente al candidato y partido más votados y, con ello, la formación de ese nuevo Gobierno que necesita urgentemente España, pretende encima someter a los españoles a una inmensa tomadura de pelo; a una grandiosa pantomima del tenor de aquella "investidura" a la que se presentó faltándole 46 escaños. Porque si va a "hablar con todos" pero "sin postularse", ¿para qué entonces? ¿Planteará, tal y como ha sugerido, un indigerible tripartito con Podemos y Ciudadanos pese a, no solo el rechazo de los hiperlíderes de los partidos concernidos, sino a que desde su propio partido en Andalucía (esto es, Susana Díaz) le han pedido que "no engañe" con pacto tan "inviable"? ¿Tiene algo que acordar con las formaciones independentistas, vetadas por el propio Comité Federal del PSOE? ¿Y con qué arrestos va a dirigirse al PP tras sus frecuentes y rotundas negativas siquiera a establecer, no ya negociaciones, sino meras conversaciones con Rajoy? Por cierto: ¿los que él mismo definía como "aliados potenciales" del PP por su carácter "derechista" o "conservador", tales como Ciudadanos, PNV e incluso la antigua Convergència, se han convertido por arte de birlibirloque en "fuerzas del cambio"?
"Quousque tandem abutere, Sánchez, patientia nostra?". ¿Hasta cuándo abusarás, Sánchez, de nuestra paciencia?
No contento con boicotear de manera contumaz, irresponsable e intransigente al candidato y partido más votados y, con ello, la formación de ese nuevo Gobierno que necesita urgentemente España, pretende encima someter a los españoles a una inmensa tomadura de pelo; a una grandiosa pantomima del tenor de aquella "investidura" a la que se presentó faltándole 46 escaños. Porque si va a "hablar con todos" pero "sin postularse", ¿para qué entonces? ¿Planteará, tal y como ha sugerido, un indigerible tripartito con Podemos y Ciudadanos pese a, no solo el rechazo de los hiperlíderes de los partidos concernidos, sino a que desde su propio partido en Andalucía (esto es, Susana Díaz) le han pedido que "no engañe" con pacto tan "inviable"? ¿Tiene algo que acordar con las formaciones independentistas, vetadas por el propio Comité Federal del PSOE? ¿Y con qué arrestos va a dirigirse al PP tras sus frecuentes y rotundas negativas siquiera a establecer, no ya negociaciones, sino meras conversaciones con Rajoy? Por cierto: ¿los que él mismo definía como "aliados potenciales" del PP por su carácter "derechista" o "conservador", tales como Ciudadanos, PNV e incluso la antigua Convergència, se han convertido por arte de birlibirloque en "fuerzas del cambio"?
"Quousque tandem abutere, Sánchez, patientia nostra?". ¿Hasta cuándo abusarás, Sánchez, de nuestra paciencia?
viernes, 2 de septiembre de 2016
NO PIERDE RAJOY, SINO ESPAÑA
Como estaba previsto, 170 diputados votaron en la primera sesión de
investidura a favor de la candidatura de Mariano Rajoy, frente a los 180
en contra del resto de la Cámara. Faltaron solo seis para la mayoría
absoluta requerida, pues; recordemos que el candidato Sánchez se quedó a
46. Esta misma tarde habrá una segunda votación en la que bastará una
mayoría simple, esto es, más "síes" que "noes", aunque todo indica que,
a no ser que alguien convierta de repente su contumaz partidismo y sectarismo en
sensatez y amplitud de miras, se repetirá el mismo resultado y no habrá
todavía investidura y, por tanto, tampoco Gobierno en plenitud de funciones: parece harto difícil que un mínimo de once
diputados se abstengan para que esos 170 escaños sean suficientes.
Eso sí: desde una perspectiva puramente parlamentaria, un Rajoy muy superior al resto volvió una vez más a emerger en el Congreso. Hasta el punto que la principal conclusión que podemos extraer de esa primera sesión de investidura es que, tal y como estaba previsto, el candidato Rajoy perdió la votación, pero salió claramente reforzado de un debate que, pese al tono agresivo, casi general y ya rutinario de "todos contra el PP", ganó dialécticamente por goleada. Para ello, le bastó hacer uso de sus indiscutibles dotes de gran parlamentario, frecuentemente condimentados con su proverbial retranca galaica.
Y es que la España desoladora y apocalíptica que pintaba, y pinta, el estadista Sánchez no casa en absoluto con el hecho de que el PP y Rajoy hayan ganado recientemente las elecciones con 137 escaños y 8 millones de votos, y él mismo en cambio se haya quedado en la ridícula cifra de 85 diputados y 5'4 millones de sufragios: esto es, los peores resultados de la historia del PSOE. Así se lo recordó el propio presidente en funciones quien, con datos tan significativos en la mano, no tuvo impedimento alguno en espetarle el siguiente razonamiento: "si yo soy malo, ¿cuánto de malo es usted? ¿Pésimo?". Ciertamente demoledor.
Sobre la corrupción, "leitmotiv" de la inmisericorde intervención de Sánchez, Rajoy respondió detallando el paquete de medidas tomadas por su Gobierno, sin precedentes en nuestra democracia, y que por cierto tuvieron el voto en contra del PSOE. Porque, en efecto, "no es más limpio el político que más manifiesta su indignación por la corrupción, sino el que más se esfuerza por combatirla". Tras un duro rifirrafe, el candidato clausuró su "cara a cara" con el estadista socialista con la siguiente exhortación: "no le pido que nos apoye, sino que permita que haya Gobierno. Los intereses de España están muy por encima de los personales suyos, señor Sánchez". Pero, en este caso, es como pedir peras al olmo, porque ya se ha encargado de dejar claro el propio "Doctor No" que, para él, el bien de España es un asunto prescindible.
Con serenidad e ironía galaica logró también Rajoy contener el vendaval demagógico, populista y vociferante que a continuación levantaron en el Congreso los portavoces de Podemos y sus "confluencias": el trazo grueso de quienes no ganan elecciones ni de casualidad, pero se arrogan la exclusiva representatividad de "la gente". Concretamente, antológica fue su respuesta al Mesías Iglesias, cuyos conocidos y cargantes alardes de superioridad ética y moral dejó absolutamente por los suelos: "señor Iglesias, es usted estupendo, la quintaesencia de la virtud"; "¿somos genéticamente malos o nos hemos convertido en malos con el tiempo?"; "yo no le reprocho que levante el puño; mientras no sea obligatorio, señor Iglesias"; "algo debemos tener para que la 'gente' a la que usted tanto alude nos vote: así que hágale caso a la gente, señor Iglesias". Fue para enmarcar.
En cuanto a la intervención de Albert Rivera, este se centró en la defensa de las medidas propuestas por su partido y contenidas en el pacto de investidura; gracias a las cuales por ejemplo, y según aseveró, se han acabado los "recortes" en materia económica. En consecuencia, en su respuesta parlamentaria al líder de Ciudadanos, Mariano Rajoy expuso las razones por las que en su momento su Gobierno se vio en la obligación de reducir partidas de gasto público: se heredó un déficit galopante en una coyuntura de recesión económica y bajo la amenaza de intervención de Bruselas. Desde luego, a Rivera hay que agradecerle muy sinceramente su esfuerzo por contribuir a la gobernabilidad de España, pero también darle la bienvenida a la cruda realidad de la política tangible y la gestión de las cuentas públicas.
También con moderación en las formas pero con absoluta firmeza en la sustancia replicó Rajoy a los portavoces del separatismo catalán, ante los que reiteró su defensa sin ambages de la Constitución, las leyes y la unidad de España; una actitud que, como él mismo llegó a resaltar, cabe esperar de un presidente del Gobierno de la nación y que, ya de paso, dejaba sin coartada a cualquier tentación que pudiera albergar Sánchez de intentar pergeñar una alternativa que pasaría necesariamente por el soporte de las fuerzas secesionistas. Respecto de un nacionalismo como el del PNV, al menos hasta ahora pragmático y sin veleidades independentistas, tuvo el candidato un trato más exquisito, máxime habida cuenta de que muy posiblemente se pueda contar con su apoyo tras la celebración de las elecciones autónomicas vascas el 25-S; el mismo portavoz peneuvista, Aitor Esteban, pese a su incendiaria intervención ante la prensa en la víspera (muy propia de un ambiente de precampaña) y a su memorial de agravios durante el debate (qué sería de cualquier nacionalismo sin echar mano del victimismo), al final de su alocución dejó abierta la puerta a futuras negociaciones con el PP. En este caso sí parece aplicable aquella filosofía política que expresara el simpar Romanones: "tengan en cuenta que cuando digo jamás, siempre me refiero al momento presente".
En suma: tras la segunda votación de la sesión de investidura de Mariano Rajoy, que muy probablemente no será la única, quizá Pedro Sánchez haya conseguido tomarse cumplida venganza y desquitarse de su frustración personal de haber sido el primer candidato a la presidencia del Gobierno de nuestra democracia derrotado dos veces en el Congreso. Pero lo malo no es que haya sido vencido Rajoy, que bien al contrario se ha impuesto claramente en el terreno parlamentario y llenado de razones y argumentos para volver a intentarlo, sino que quien pierde es España, que continúa sin un Gobierno que afronte los importantísimos retos que tiene por delante. No parece que haya más remedio que esperar a octubre.
Eso sí: desde una perspectiva puramente parlamentaria, un Rajoy muy superior al resto volvió una vez más a emerger en el Congreso. Hasta el punto que la principal conclusión que podemos extraer de esa primera sesión de investidura es que, tal y como estaba previsto, el candidato Rajoy perdió la votación, pero salió claramente reforzado de un debate que, pese al tono agresivo, casi general y ya rutinario de "todos contra el PP", ganó dialécticamente por goleada. Para ello, le bastó hacer uso de sus indiscutibles dotes de gran parlamentario, frecuentemente condimentados con su proverbial retranca galaica.
Y es que la España desoladora y apocalíptica que pintaba, y pinta, el estadista Sánchez no casa en absoluto con el hecho de que el PP y Rajoy hayan ganado recientemente las elecciones con 137 escaños y 8 millones de votos, y él mismo en cambio se haya quedado en la ridícula cifra de 85 diputados y 5'4 millones de sufragios: esto es, los peores resultados de la historia del PSOE. Así se lo recordó el propio presidente en funciones quien, con datos tan significativos en la mano, no tuvo impedimento alguno en espetarle el siguiente razonamiento: "si yo soy malo, ¿cuánto de malo es usted? ¿Pésimo?". Ciertamente demoledor.
Sobre la corrupción, "leitmotiv" de la inmisericorde intervención de Sánchez, Rajoy respondió detallando el paquete de medidas tomadas por su Gobierno, sin precedentes en nuestra democracia, y que por cierto tuvieron el voto en contra del PSOE. Porque, en efecto, "no es más limpio el político que más manifiesta su indignación por la corrupción, sino el que más se esfuerza por combatirla". Tras un duro rifirrafe, el candidato clausuró su "cara a cara" con el estadista socialista con la siguiente exhortación: "no le pido que nos apoye, sino que permita que haya Gobierno. Los intereses de España están muy por encima de los personales suyos, señor Sánchez". Pero, en este caso, es como pedir peras al olmo, porque ya se ha encargado de dejar claro el propio "Doctor No" que, para él, el bien de España es un asunto prescindible.
Con serenidad e ironía galaica logró también Rajoy contener el vendaval demagógico, populista y vociferante que a continuación levantaron en el Congreso los portavoces de Podemos y sus "confluencias": el trazo grueso de quienes no ganan elecciones ni de casualidad, pero se arrogan la exclusiva representatividad de "la gente". Concretamente, antológica fue su respuesta al Mesías Iglesias, cuyos conocidos y cargantes alardes de superioridad ética y moral dejó absolutamente por los suelos: "señor Iglesias, es usted estupendo, la quintaesencia de la virtud"; "¿somos genéticamente malos o nos hemos convertido en malos con el tiempo?"; "yo no le reprocho que levante el puño; mientras no sea obligatorio, señor Iglesias"; "algo debemos tener para que la 'gente' a la que usted tanto alude nos vote: así que hágale caso a la gente, señor Iglesias". Fue para enmarcar.
En cuanto a la intervención de Albert Rivera, este se centró en la defensa de las medidas propuestas por su partido y contenidas en el pacto de investidura; gracias a las cuales por ejemplo, y según aseveró, se han acabado los "recortes" en materia económica. En consecuencia, en su respuesta parlamentaria al líder de Ciudadanos, Mariano Rajoy expuso las razones por las que en su momento su Gobierno se vio en la obligación de reducir partidas de gasto público: se heredó un déficit galopante en una coyuntura de recesión económica y bajo la amenaza de intervención de Bruselas. Desde luego, a Rivera hay que agradecerle muy sinceramente su esfuerzo por contribuir a la gobernabilidad de España, pero también darle la bienvenida a la cruda realidad de la política tangible y la gestión de las cuentas públicas.
También con moderación en las formas pero con absoluta firmeza en la sustancia replicó Rajoy a los portavoces del separatismo catalán, ante los que reiteró su defensa sin ambages de la Constitución, las leyes y la unidad de España; una actitud que, como él mismo llegó a resaltar, cabe esperar de un presidente del Gobierno de la nación y que, ya de paso, dejaba sin coartada a cualquier tentación que pudiera albergar Sánchez de intentar pergeñar una alternativa que pasaría necesariamente por el soporte de las fuerzas secesionistas. Respecto de un nacionalismo como el del PNV, al menos hasta ahora pragmático y sin veleidades independentistas, tuvo el candidato un trato más exquisito, máxime habida cuenta de que muy posiblemente se pueda contar con su apoyo tras la celebración de las elecciones autónomicas vascas el 25-S; el mismo portavoz peneuvista, Aitor Esteban, pese a su incendiaria intervención ante la prensa en la víspera (muy propia de un ambiente de precampaña) y a su memorial de agravios durante el debate (qué sería de cualquier nacionalismo sin echar mano del victimismo), al final de su alocución dejó abierta la puerta a futuras negociaciones con el PP. En este caso sí parece aplicable aquella filosofía política que expresara el simpar Romanones: "tengan en cuenta que cuando digo jamás, siempre me refiero al momento presente".
En suma: tras la segunda votación de la sesión de investidura de Mariano Rajoy, que muy probablemente no será la única, quizá Pedro Sánchez haya conseguido tomarse cumplida venganza y desquitarse de su frustración personal de haber sido el primer candidato a la presidencia del Gobierno de nuestra democracia derrotado dos veces en el Congreso. Pero lo malo no es que haya sido vencido Rajoy, que bien al contrario se ha impuesto claramente en el terreno parlamentario y llenado de razones y argumentos para volver a intentarlo, sino que quien pierde es España, que continúa sin un Gobierno que afronte los importantísimos retos que tiene por delante. No parece que haya más remedio que esperar a octubre.
martes, 30 de agosto de 2016
DISCURSO DE GUANTE BLANCO, PERO FIRME
Un discurso de altura el de Mariano Rajoy en la sesión de su investidura como presidente del Gobierno, como cabe esperar de alguien con verdadero
sentido de Estado. Empezó exponiendo las razones que le llevaron a
aceptar el encargo del Rey, principalmente tres: España necesita
urgentemente un Gobierno en pleno uso de sus funciones ante los retos
pendientes, los españoles han optado mayoritariamente en las urnas, en
dos ocasiones consecutivas y creciendo en votos y escaños, por el
Partido Popular, y no hay alternativa viable a un Ejecutivo dirigido por
él, a no ser que se construya una indigerible amalgama sostenida por
ultras y separatistas.
A continuación, ha detallado las medidas contenidas en su programa político, con referencias a sus acuerdos con Ciudadanos y Coalición Canaria, y con especial incidencia en economía, empleo y regeneración democrática; a su vez, ha ofrecido pactos nacionales en materia de educación, pensiones y financiación autonómica; también resaltó la importancia de la lucha contra el terrorismo yihadista como básica para la defensa de la libertad y la democracia, así como la heroica labor de nuestros militares en tantos confines del mundo (reconocimiento que, harto lamentablemente por cierto, solo obtuvo los aplausos de la bancada del PP).
Después, llegaría la parte más vibrante de su alocución: su firme defensa de la nación española frente al desafío independentista del nacionalismo catalán, con atinadas glosas a la primera de nuestras Constituciones, la gloriosa y liberal "Pepa" de 1812, a partir de la cual, basándose precisamente en la unidad de España y la soberanía de la nación, los españoles "de ambos hemisferios" pasaron de ser súbditos del monarca a ciudadanos libres e iguales; mención que, como cabía esperar, ha irritado especialmente al conjunto de nacionalistas y separatistas presentes en la Cámara (incluido a un enfadidísimo Aitor Esteban, portavoz del PNV, sin duda en campaña), de los que, de esta forma, el propio Rajoy ha querido dejar meridianamente claro que ni busca ni desea ningún tipo de apoyo directo o indirecto.
Concluyó Rajoy con apelaciones directas a la otra gran fuerza política constitucionalista, esto es, al PSOE, para que, en esta situación excepcional para España, no impida la formación de un nuevo Ejecutivo; porque, además de que es obvio que "para que haya oposición, tiene que haber Gobierno", "no se me ocurre mayor daño a la democracia española que decir a los ciudadanos que su voto ha sido inútil en dos ocasiones y tener que repetir las elecciones generales por tercera vez": "¿o es que alguien aquí está pensando en convocar nuevamente a los españoles a las urnas? ¿Y cuántas veces estaría dispuesto a hacerlo?". Tras estas preguntas lanzadas, no al aire, sino al todavía líder del PSOE, finalizaba de esta guisa: "espero que, al final del debate, demostremos que hemos sido capaces de anteponer el interés de todos al interés particular y, en consecuencia, pueda salir de aquí el Gobierno que los españoles están esperando".
No resulta extraño que Pedro Sánchez, nada más terminar esta primera sesión de investidura, haya salido raudo del hemiciclo y sin atender a los medios de comunicación. Le hubiera sido muy difícil a "Mr. NoyNo" replicar rápida y espontáneamente a argumentos tan sólidos y contundentes. En suma, una intervención que, a la espera del verdadero debate de investidura que tendrá lugar a partir de mañana, cabe calificar de guante blanco, aunque con las dosis requeridas de claridad y firmeza.
A continuación, ha detallado las medidas contenidas en su programa político, con referencias a sus acuerdos con Ciudadanos y Coalición Canaria, y con especial incidencia en economía, empleo y regeneración democrática; a su vez, ha ofrecido pactos nacionales en materia de educación, pensiones y financiación autonómica; también resaltó la importancia de la lucha contra el terrorismo yihadista como básica para la defensa de la libertad y la democracia, así como la heroica labor de nuestros militares en tantos confines del mundo (reconocimiento que, harto lamentablemente por cierto, solo obtuvo los aplausos de la bancada del PP).
Después, llegaría la parte más vibrante de su alocución: su firme defensa de la nación española frente al desafío independentista del nacionalismo catalán, con atinadas glosas a la primera de nuestras Constituciones, la gloriosa y liberal "Pepa" de 1812, a partir de la cual, basándose precisamente en la unidad de España y la soberanía de la nación, los españoles "de ambos hemisferios" pasaron de ser súbditos del monarca a ciudadanos libres e iguales; mención que, como cabía esperar, ha irritado especialmente al conjunto de nacionalistas y separatistas presentes en la Cámara (incluido a un enfadidísimo Aitor Esteban, portavoz del PNV, sin duda en campaña), de los que, de esta forma, el propio Rajoy ha querido dejar meridianamente claro que ni busca ni desea ningún tipo de apoyo directo o indirecto.
Concluyó Rajoy con apelaciones directas a la otra gran fuerza política constitucionalista, esto es, al PSOE, para que, en esta situación excepcional para España, no impida la formación de un nuevo Ejecutivo; porque, además de que es obvio que "para que haya oposición, tiene que haber Gobierno", "no se me ocurre mayor daño a la democracia española que decir a los ciudadanos que su voto ha sido inútil en dos ocasiones y tener que repetir las elecciones generales por tercera vez": "¿o es que alguien aquí está pensando en convocar nuevamente a los españoles a las urnas? ¿Y cuántas veces estaría dispuesto a hacerlo?". Tras estas preguntas lanzadas, no al aire, sino al todavía líder del PSOE, finalizaba de esta guisa: "espero que, al final del debate, demostremos que hemos sido capaces de anteponer el interés de todos al interés particular y, en consecuencia, pueda salir de aquí el Gobierno que los españoles están esperando".
No resulta extraño que Pedro Sánchez, nada más terminar esta primera sesión de investidura, haya salido raudo del hemiciclo y sin atender a los medios de comunicación. Le hubiera sido muy difícil a "Mr. NoyNo" replicar rápida y espontáneamente a argumentos tan sólidos y contundentes. En suma, una intervención que, a la espera del verdadero debate de investidura que tendrá lugar a partir de mañana, cabe calificar de guante blanco, aunque con las dosis requeridas de claridad y firmeza.
lunes, 29 de agosto de 2016
CUANDO ESPAÑA ES PRESCINDIBLE PARA SÁNCHEZ
El pacto de investidura que, sin grandes alardes (puesto que, como se ha encargado de puntualizar el propio presidente Rajoy, no es comparable al de los Toros de Guisando), firmaron los portavoces de PP y Ciudadanos en el Congreso de los Diputados,
Rafael Hernando y Juan Carlos Girauta, se puede considerar en líneas generales positivo y saludable, ya que contempla reformas tan
atinadas y oportunas, y además tan apegadas a la letra y al espíritu
constitucionales, como que 12 de los 20 vocales del Consejo General del
Poder Judicial sean elegidos por los propios jueces, o la elección
directa de los alcaldes por los vecinos. Pero, sobre todo, se trata de
un acuerdo que, contando con la anunciada adhesión de Coalición Canaria,
garantiza el apoyo de 170 diputados a la investidura de Mariano Rajoy
como presidente del Gobierno: más que los 169 con los que presentó José
Luis Rodríguez Zapatero en 2008, que los 166 y 168 de Adolfo Suárez en
1977 y 1979 respectivamente... y, por supuesto, que los escasísimos 131 que
consiguió aglutinar Pedro Sánchez en sus dos intentos (si se pueden
definir así) de obtener la confianza de la Cámara.
170 escaños, esto es, situarse a solo seis de la mayoría absoluta, debería ser un argumento de peso; al que hay que sumar el hecho, nada desdeñable al menos en democracia, de que Rajoy, al contrario que Sánchez, comparecerá ante la sede de la soberanía nacional habiendo sido el candidato a la presidencia que más votos ha cosechado en las urnas, y de manera nítida. Pero ni los razonamientos políticos más contundentes, y ni tan siquiera el interés general de España, harán apearse del burro al empecinado "Míster No", que va a lo suyo: a resistir como líder del PSOE todo el tiempo que sea menester, y pese a que este corra en contra de España.
Cabe recordar que cuando Pedro Sánchez organizó aquella pantomima en el Congreso y pretendía hacernos creer a todos (Rey incluido) que podía reunir los apoyos necesarios para ser el nuevo jefe del Ejecutivo, llamó a Mariano Rajoy y este acudió raudo a reunirse con él, y sin que el entonces presidente de las Cortes, Patxi López, hubiese fijado todavía fecha para el debate de investidura. Pues bien: sin embargo, el estadista Sánchez ha estado semanas negándose tan siquiera a ponerse al teléfono cuando Rajoy intentaba contactar con él, bajo la peregrina coartada de que antes de dignarse a mantener cualquier reunión debía concretarse una fecha para la investidura. Una actitud ciertamente lamentable: porque no se trataba ya de guardar un mínimo de consideración y respeto al que sigue siendo presidente de todos los españoles, además de claro ganador de las elecciones generales y candidato propuesto por el Rey (argumento, por cierto, que en el PSOE de Sánchez utilizaban hasta la saciedad, incluso para justificar "trágalas" por los que debía pasar entonces el PP), sino simple y llanamente de tener educación. Eso sí: durante todo ese periodo de tiempo tuvimos la oportunidad de verle en revistas y periódicos, aunque luciendo palmito en bañador junto a su respetable esposa.
Hasta que, con el debate de investidura ya fijado y anunciado, y tras la confirmación del pacto entre PP y Ciudadanos, no tuvo más remedio que acudir a su rehuido encuentro con Mariano Rajoy. Tan a regañadientes que, tras cometer la heroicidad de "aguantar" 20 minutos con el todavía presidente en funciones, no tuvo empacho alguno en declarar a la prensa: "ha sido una reunión perfectamente prescindible". La respuesta de Rajoy no se hizo esperar: "el diálogo por España nunca es prescindible". Touché. Tras semejante "zasca", el estadista debería pensar en aumentar aun más las dimensiones de esa gran bandera nacional que se atreve a ponerse de fondo.
170 escaños, esto es, situarse a solo seis de la mayoría absoluta, debería ser un argumento de peso; al que hay que sumar el hecho, nada desdeñable al menos en democracia, de que Rajoy, al contrario que Sánchez, comparecerá ante la sede de la soberanía nacional habiendo sido el candidato a la presidencia que más votos ha cosechado en las urnas, y de manera nítida. Pero ni los razonamientos políticos más contundentes, y ni tan siquiera el interés general de España, harán apearse del burro al empecinado "Míster No", que va a lo suyo: a resistir como líder del PSOE todo el tiempo que sea menester, y pese a que este corra en contra de España.
Cabe recordar que cuando Pedro Sánchez organizó aquella pantomima en el Congreso y pretendía hacernos creer a todos (Rey incluido) que podía reunir los apoyos necesarios para ser el nuevo jefe del Ejecutivo, llamó a Mariano Rajoy y este acudió raudo a reunirse con él, y sin que el entonces presidente de las Cortes, Patxi López, hubiese fijado todavía fecha para el debate de investidura. Pues bien: sin embargo, el estadista Sánchez ha estado semanas negándose tan siquiera a ponerse al teléfono cuando Rajoy intentaba contactar con él, bajo la peregrina coartada de que antes de dignarse a mantener cualquier reunión debía concretarse una fecha para la investidura. Una actitud ciertamente lamentable: porque no se trataba ya de guardar un mínimo de consideración y respeto al que sigue siendo presidente de todos los españoles, además de claro ganador de las elecciones generales y candidato propuesto por el Rey (argumento, por cierto, que en el PSOE de Sánchez utilizaban hasta la saciedad, incluso para justificar "trágalas" por los que debía pasar entonces el PP), sino simple y llanamente de tener educación. Eso sí: durante todo ese periodo de tiempo tuvimos la oportunidad de verle en revistas y periódicos, aunque luciendo palmito en bañador junto a su respetable esposa.
Hasta que, con el debate de investidura ya fijado y anunciado, y tras la confirmación del pacto entre PP y Ciudadanos, no tuvo más remedio que acudir a su rehuido encuentro con Mariano Rajoy. Tan a regañadientes que, tras cometer la heroicidad de "aguantar" 20 minutos con el todavía presidente en funciones, no tuvo empacho alguno en declarar a la prensa: "ha sido una reunión perfectamente prescindible". La respuesta de Rajoy no se hizo esperar: "el diálogo por España nunca es prescindible". Touché. Tras semejante "zasca", el estadista debería pensar en aumentar aun más las dimensiones de esa gran bandera nacional que se atreve a ponerse de fondo.
miércoles, 10 de agosto de 2016
170 PRÁCTICAMENTE SEGUROS
A no ser que concedamos la razón a quienes las han tachado de
brindis al sol, de fútiles alardes de un supuesto celo "regenerador"
utilizados solamente como justificación para levantar vetos tan contumaces como
absurdos, las
propuestas o "condiciones" presentadas por Albert Rivera para negociar el
voto a favor de Ciudadanos a la investidura de Mariano Rajoy
merecen ser debatidas y tratadas con el suficiente detenimiento. Así
por ejemplo: ¿por qué pide ahora C's situar el límite de la dimisión en
la mera imputación, y no en la apertura de juicio oral como se acordó en
aquel "pacto de investidura" que firmó el mismo Rivera con Pedro Sánchez? ¿La comisión de investigación exigida, puesto
que se circunscribe a la financiación del PP y no a la de los demás
partidos, se convertirá en una coartada para convertir el poder
legislativo en una especie de juzgado político-mediático con sentencias
previamente decididas y redactadas, tal y como está ocurriendo por
ejemplo en la Asamblea Regional de Murcia? ¿La supresión de los
aforamientos, que en cualquier caso requeriría una reforma
constitucional, y por tanto un acuerdo político más amplio, afectará
solo a cargos representativos y/o políticos, o será general, por lo que
implicaría también a jueces, magistrados y policías?
Asimismo: ¿la limitación de mandatos es una medida "ad hoc" (o más bien "ad hominem"), o tiene una verdadera intención "regeneradora"? ¿Cómo se concreta esa reforma electoral que, de introducir todavía más proporcionalidad al sistema, no haría sino redundar en una inestabilidad política cuyas nefastas consecuencias, sin ir más lejos, estamos ahora sufriendo? En cuanto a la no concesión de indultos a condenados por corrupción política, no habría nada que alegar, dado que es una práctica hace años inexistente, ya que el mismo Gobierno de Rajoy se encargó de destarrarla de manera definitiva.
Se trata, en suma, de materias lo suficientemente complejas y delicadas como para tomárselas en serio y estudiarlas antes de dar un "plácet" precipitado. De ahí que Rajoy, como presidente del Partido Popular, haya visto la ocasión propicia para convocar a su Comité Ejecutivo Nacional, que tendrá la palabra al respecto. Es de suponer que quienes, entre vetos, negativas y largas, han dejado pasar más de un mes antes de allanarse a entablar negociaciones para formar Gobierno, no tendrán ahora impedimento alguno en esperar una semana.
Cabe reconocer en cualquier caso que, contempladas en su generalidad, son seis "condiciones" perfectamente asumibles, por mucho que, respecto de la tan mentada "regeneración política", quepa esperar que no se continúe aplicando una determinada vara de medir en Andalucía, por lo demás muy laxa, y otra distinta para el resto, Congreso de los Diputados y futuro Gobierno de la nación incluidos. Eso sí: se ha echado de menos una concreta "medida-estrella" propugnada por los "naranja" en campaña electoral: el cambio en el modo de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, que sí sería verdaderamente "regeneradora" por cuanto garantizaría en mayor medida la independencia judicial. El tiempo dirá si se trata de una propuesta de reforma olvidada y abandonada... de nuevo.
Sea como fuere, puesto que de lo que se trata es de que tengamos por fin un Gobierno que empiece a tomar decisiones de enjundia en esta hora crítica para España, bienvenidas sean esas estipulaciones que, debidamente discutidas, concretadas y depuradas, han de llevar finalmente a un acuerdo de investidura. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, de los 176 necesarios en primera vuelta, están ya prácticamente asegurados 170 diputados que votarán "sí" a la candidatura de Mariano Rajoy.
Asimismo: ¿la limitación de mandatos es una medida "ad hoc" (o más bien "ad hominem"), o tiene una verdadera intención "regeneradora"? ¿Cómo se concreta esa reforma electoral que, de introducir todavía más proporcionalidad al sistema, no haría sino redundar en una inestabilidad política cuyas nefastas consecuencias, sin ir más lejos, estamos ahora sufriendo? En cuanto a la no concesión de indultos a condenados por corrupción política, no habría nada que alegar, dado que es una práctica hace años inexistente, ya que el mismo Gobierno de Rajoy se encargó de destarrarla de manera definitiva.
Se trata, en suma, de materias lo suficientemente complejas y delicadas como para tomárselas en serio y estudiarlas antes de dar un "plácet" precipitado. De ahí que Rajoy, como presidente del Partido Popular, haya visto la ocasión propicia para convocar a su Comité Ejecutivo Nacional, que tendrá la palabra al respecto. Es de suponer que quienes, entre vetos, negativas y largas, han dejado pasar más de un mes antes de allanarse a entablar negociaciones para formar Gobierno, no tendrán ahora impedimento alguno en esperar una semana.
Cabe reconocer en cualquier caso que, contempladas en su generalidad, son seis "condiciones" perfectamente asumibles, por mucho que, respecto de la tan mentada "regeneración política", quepa esperar que no se continúe aplicando una determinada vara de medir en Andalucía, por lo demás muy laxa, y otra distinta para el resto, Congreso de los Diputados y futuro Gobierno de la nación incluidos. Eso sí: se ha echado de menos una concreta "medida-estrella" propugnada por los "naranja" en campaña electoral: el cambio en el modo de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, que sí sería verdaderamente "regeneradora" por cuanto garantizaría en mayor medida la independencia judicial. El tiempo dirá si se trata de una propuesta de reforma olvidada y abandonada... de nuevo.
Sea como fuere, puesto que de lo que se trata es de que tengamos por fin un Gobierno que empiece a tomar decisiones de enjundia en esta hora crítica para España, bienvenidas sean esas estipulaciones que, debidamente discutidas, concretadas y depuradas, han de llevar finalmente a un acuerdo de investidura. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, de los 176 necesarios en primera vuelta, están ya prácticamente asegurados 170 diputados que votarán "sí" a la candidatura de Mariano Rajoy.
miércoles, 3 de agosto de 2016
LA LARGA CAMINATA, VIA CRUCIS PARA ESPAÑA
En pleno desafío separatista del nacionalismo catalán, a Pedro Sánchez, más
estadista que nunca, no se le ocurre mejor argumento para sostener su
contumaz bloqueo al ganador de las elecciones que instar a "las
derechas" a que se pongan de acuerdo, porque, según proclama, "la
izquierda no va a apoyar a la derecha". Vamos, que el todavía líder
formal del socialismo español contempla la situación política nacional
actual con tales cánones de normalidad que no considera necesario superar,
siquiera por una vez, esa tradicional división puramente ideológica
entre "izquierda" y "derecha" e incluso se permite sugerir a Mariano Rajoy que
pacte con esa misma "derecha" nacionalista que persigue la independencia
de Cataluña y la ruptura de la unidad de España. E insiste en que el
PSOE "no va a apoyar aquello que quiere cambiar": ¿quizá por ejemplo la
su tan denostada reforma laboral, para más inri el mismo día en que el
antiguo Inem hacía público que el paro, tras su mayor recorte en un mes
de julio desde 1997, se sitúa nada menos que a su nivel más bajo desde
agosto de 2009?
Difícilmente cabe mayor irresponsabilidad, frivolidad, sectarismo y, sobre todo, desconexión con la realidad. Desde luego, si el estadista Sánchez continúa procediendo con tamaña ausencia de generosidad, patriotismo y altura de miras, terminaremos desembocando en unas terceras elecciones que sí se merecerían ciertos adalides del veto y del bloqueo, pero no una sociedad española que, harta de tener que volver a pronunciarse en coyuntura tan impresentable políticamente, muy posiblemente emitiría un veredicto todavía más inapelable y concluyente contra quienes se empeñan en no asimilar unos resultados electorales que les han sido cada vez más adversos e impedir la formación de un nuevo Gobierno que necesita urgentemente España y demandan los españoles.
Por su parte, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, pese a que asegura mantenerse en la llamada abstención "técnica" en la segunda votación de la investidura de Rajoy, ha acordado con el candidato a la presidencia del Gobierno propuesto por el Rey abrir una vía de comunicación permanente entre PP y C's para alcanzar pactos en materia económica, fundamentalmente sobre el techo de gasto y los Presupuestos Generales del Estado, y para la defensa de la Constitución y la unidad de España: ciertamente, los retos más importantes y que cabe afrontar con la mayor urgencia, y en los que ambos partidos tienen amplias coincidencias. Y es que ya iba siendo hora de dejar atrás tacticismos cortoplacistas y vetos estériles y de ponerse a trabajar por el bien de España: parece ser que por fin se ha dado, en palabras del propio Rajoy, "el primer paso de una larga caminata", que habrá de conducir a que el voto en blanco de los "naranja" termine convirtiéndose en un "sí", y que con ello Rivera no desaproveche la ocasión para influir directamente o incluso formar parte de un Gobierno que implante esas reformas políticas, económicas e institucionales que propugna para España. Aunque a ese respecto cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿se atreverá a asumir el correspondiente desgaste?
Aun así, de llegar a buen puerto las negociaciones que se inician a partir de hoy, los 170 escaños que sumarían "las derechas" (Sánchez "dixit", que no "pixit") de PP, Ciudadanos y Coalición Canaria (que cabe esperar que se sumaría al pacto) se quedarían todavía a seis de la mayoría absoluta, por lo que seguiría siendo necesaria la abstención de la "izquierda" del PSOE para que la investidura de Rajoy saliera adelante, y en segunda votación. Pero, por desgracia, el estadista Sánchez se mantiene incólume en su "no" dogmático y mezquino, y de momento no hay visos de que cambie su posición de bloqueo a un Gobierno sostenido por el partido y candidato vencedores en las urnas por segunda vez consecutiva. De no dar su brazo a torcer, la única alternativa que impediría la convocatoria de unas terceras elecciones sería, no la que llaman vía 179, sino la 175: que el PNV, "derecha" nacionalista pero pragmática y, al menos de momento, sin pretensiones separatistas, se incorporara al acuerdo y aportara finalmente sus cinco diputados. Pero en tal caso tendríamos que esperar a después del 25 de septiembre, fecha de las elecciones autonómicas vascas, y a que los "jeltzales" precisen del concurso del PP para conservar Ajuria Enea... Y todavía sería también necesario contar al menos con una abstención, la del diputado de Nueva Canaria Pedro Quevedo (que se presentó bajo las listas del PSOE), para que Rajoy saliera investido como presidente del Gobierno con el siguiente y ajustadísimo "marcador" del Congreso de los Diputados en segunda votación: 175 votos a favor, 174 en contra y 1 en blanco.
"Larga caminata" se presentaría en tal caso, desde luego. Demasiado larga: un auténtico "via crucis", cuyo principal responsable tendría nombre y apellidos: Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Los intereses de España, sus compromisos con la Unión Europa y hasta su preservación como nación no podrían esperar tantísimo. En realidad, tras nada menos que seis meses de estancamiento, no pueden esperar todavía más, pese a la cortedad de miras de alguien que, ensimismado en su mirada al ombligo, está sometiendo a España a un "via crucis" que no se merece.
Difícilmente cabe mayor irresponsabilidad, frivolidad, sectarismo y, sobre todo, desconexión con la realidad. Desde luego, si el estadista Sánchez continúa procediendo con tamaña ausencia de generosidad, patriotismo y altura de miras, terminaremos desembocando en unas terceras elecciones que sí se merecerían ciertos adalides del veto y del bloqueo, pero no una sociedad española que, harta de tener que volver a pronunciarse en coyuntura tan impresentable políticamente, muy posiblemente emitiría un veredicto todavía más inapelable y concluyente contra quienes se empeñan en no asimilar unos resultados electorales que les han sido cada vez más adversos e impedir la formación de un nuevo Gobierno que necesita urgentemente España y demandan los españoles.
Por su parte, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, pese a que asegura mantenerse en la llamada abstención "técnica" en la segunda votación de la investidura de Rajoy, ha acordado con el candidato a la presidencia del Gobierno propuesto por el Rey abrir una vía de comunicación permanente entre PP y C's para alcanzar pactos en materia económica, fundamentalmente sobre el techo de gasto y los Presupuestos Generales del Estado, y para la defensa de la Constitución y la unidad de España: ciertamente, los retos más importantes y que cabe afrontar con la mayor urgencia, y en los que ambos partidos tienen amplias coincidencias. Y es que ya iba siendo hora de dejar atrás tacticismos cortoplacistas y vetos estériles y de ponerse a trabajar por el bien de España: parece ser que por fin se ha dado, en palabras del propio Rajoy, "el primer paso de una larga caminata", que habrá de conducir a que el voto en blanco de los "naranja" termine convirtiéndose en un "sí", y que con ello Rivera no desaproveche la ocasión para influir directamente o incluso formar parte de un Gobierno que implante esas reformas políticas, económicas e institucionales que propugna para España. Aunque a ese respecto cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿se atreverá a asumir el correspondiente desgaste?
Aun así, de llegar a buen puerto las negociaciones que se inician a partir de hoy, los 170 escaños que sumarían "las derechas" (Sánchez "dixit", que no "pixit") de PP, Ciudadanos y Coalición Canaria (que cabe esperar que se sumaría al pacto) se quedarían todavía a seis de la mayoría absoluta, por lo que seguiría siendo necesaria la abstención de la "izquierda" del PSOE para que la investidura de Rajoy saliera adelante, y en segunda votación. Pero, por desgracia, el estadista Sánchez se mantiene incólume en su "no" dogmático y mezquino, y de momento no hay visos de que cambie su posición de bloqueo a un Gobierno sostenido por el partido y candidato vencedores en las urnas por segunda vez consecutiva. De no dar su brazo a torcer, la única alternativa que impediría la convocatoria de unas terceras elecciones sería, no la que llaman vía 179, sino la 175: que el PNV, "derecha" nacionalista pero pragmática y, al menos de momento, sin pretensiones separatistas, se incorporara al acuerdo y aportara finalmente sus cinco diputados. Pero en tal caso tendríamos que esperar a después del 25 de septiembre, fecha de las elecciones autonómicas vascas, y a que los "jeltzales" precisen del concurso del PP para conservar Ajuria Enea... Y todavía sería también necesario contar al menos con una abstención, la del diputado de Nueva Canaria Pedro Quevedo (que se presentó bajo las listas del PSOE), para que Rajoy saliera investido como presidente del Gobierno con el siguiente y ajustadísimo "marcador" del Congreso de los Diputados en segunda votación: 175 votos a favor, 174 en contra y 1 en blanco.
"Larga caminata" se presentaría en tal caso, desde luego. Demasiado larga: un auténtico "via crucis", cuyo principal responsable tendría nombre y apellidos: Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Los intereses de España, sus compromisos con la Unión Europa y hasta su preservación como nación no podrían esperar tantísimo. En realidad, tras nada menos que seis meses de estancamiento, no pueden esperar todavía más, pese a la cortedad de miras de alguien que, ensimismado en su mirada al ombligo, está sometiendo a España a un "via crucis" que no se merece.
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