jueves, 12 de febrero de 2015

PSOE: ENTRE TODOS LA MATARON...

Un nuevo y más que preocupante frente se abre en un PSOE en caída libre según las encuestas. Era ya lo que le faltaba al partido fundado por Pablo Iglesias, el tipógrafo: a perro flaco, todo son pulgas; y a menos de cien días de las próximas elecciones municipales y autonómicas. A buen seguro que el otro Pablo Iglesias, el profesor marxista, continuará frotándose las manos: como sigan precipitándose los acontecimientos de esta forma en el partido con el que rivaliza por el electorado situado ideológicamente más a la izquierda, solo tendrá que adoptar la posición que, justa o injustamente, se reprochó que tomaran en su momento tanto Aznar como Rajoy en sendas carreras por alcanzar la presidencia del Gobierno: limitarse a permanecer sentado para ver pasar el cadáver de su enemigo. Con los consiguientes perjuicios que para el sistema democrático se derivan de que un partido populista antisistema tome el relevo como principal referencia electoral de la izquierda política e ideológica, extremo (nunca mejor dicho) de cuyo riesgo no nos cansaremos en insistir.

El inefable pero simpático tertuliano (si adoptamos el calificativo, con evidente tono de aviso a navegantes, del periódico de Prisa) Antonio Miguel Carmona, candidato socialista a la Alcaldía de Madrid, ponía, no una, sino las dos manos en el fuego por Tomás Gómez, el hasta ahora líder de los socialistas madrileños; pero es evidente que Pedro Sánchez no, puesto que desde la secretaría general que todavía ostenta lo ha destituido e impuesto una gestora de manera tan fulminante como sorprendente. ¿Las razones fundamentales aducidas? Además de las magras expectativas electorales de Gómez como candidato (confirmadas en las dos anteriores elecciones autonómicas), su posible responsabilidad como Alcalde de Parla en el caso del sobrecoste del tranvía de la localidad, e incluso su probable implicación judicial en la trama Púnica. Eso sí, si se trataba de librar al partido de toda sospecha de corrupción, con Chaves y Griñán, encausados en la trama de los ERE fraudulentos de la Junta de Andalucía, continúa empero el señor Sánchez sin atreverse: tocarle el pelo a cualquiera de los dos prebostes del socialismo andaluz es como toserle a doña Susana, y esas son ya palabras mayores.

Pero no termina ahí la controversia: 'Invictus' Gómez, convencido de la debilidad del liderazgo de Sánchez, se niega a dimitir y plantea un pulso a la dirección nacional (o 'federal', según la terminología oficial) socialista. Y mucho ojo, que ya le presentó un órdago a la grande a un Zapatero en horas bajas y se lo ganó contundentemente: cabe recordar que, pese a amenazas nada veladas, se enfrentó en unas primarias a la candidata oficial del zapaterismo-rubalcabismo, Trinidad Jiménez, y logró imponerse con claridad. Sin embargo, en el caso que nos ocupa parece ser que no hay primarias que valgan (pese a la 'democracia interna' de la que presume el PSOE), aunque cabe reconocer que si por algo se ha caracterizado Tomás (... y no digo más, como le apellidó Chaves) es precisamente por no arrojar la toalla en los momentos más adversos; y ya ha tenido que afrontar varios.

El depuesto pero enrocado Gómez ha denunciado ser víctima de un contubernio (cómo no) a tres bandas entre 'la derecha (sic), El País y Ferraz'. Para acusar a la primera, se ha basado en las informaciones publicadas por el diario (monárquico y liberal-conservador) ABC sobre irregularidades en la financiación del tranvía de Parla que a él, como Alcalde empecinado en llevar a cabo tan oneroso proyecto para un municipio de tales características, le salpicarían; aunque muy escaso interés ha de tener la derecha política en eliminarlo como rival cuando sus candidaturas socialistas a la presidencia de Madrid han representado sendos seguros de vida para arrolladoras victorias del PP. Sea como fuere, con semejante señalamiento ha pretendido dar juego a una corriente dentro del PSOE que tacha a Pedro Sánchez de ser una especie de tapado del PP ('el niño mimado de la derecha'), y de ahí que sus partidarios se manifestaran en la sede socialista emitiendo esa misma consigna ('Sánchez y el PP, la misma m... es'). Según los cánones más sectarios, en último término siempre hay que buscar al peor enemigo fuera por mucho que lo tengas justo al lado tuyo.

Sí es cierto que la intervención 'manu militari' de Sánchez en el PSM ha contado con el apoyo entusiasta del que ha sido durante décadas el diario de referencia del socialismo fetén: no había más que leer sus titulares del día siguiente, sazonados con una encuesta 'ad hoc' tan de urgencia como inverosímil y extravagante. Contar con el respaldo (o el repudio) de 'El País' lo significaba absolutamente todo dentro (e incluso fuera) del PSOE, aunque el periódico de Prisa ya no es lo que era. Y, obviamente, Ferraz, donde tiene su sede la actual dirección nacional (o 'federal') socialista encabezada (como puede) por Pedro Sánchez ha ideado y llevado a cabo la operación 'relámpago' contra Gómez, aunque éste, al afirmar también que su cese 'huele a Rubalcaba', desliza la idea de que una cierta 'vieja guardia' (la mar de prisaica, por cierto) que todavía sienta sus reales allí es la verdadera muñidora del ataque. Hipótesis nada disparatada si recordamos las advertencias del entonces 'hombre fuerte' del Gobierno de Zapatero a un Gómez empeñado en no allanarle el camino a Trinidad Jiménez; y ya sabemos cómo se las gasta el Rasputín cántabro.

Sea como fuere, este puñetazo en la mesa, este golpe de autoridad con el que Pedro Sánchez pretende dejar claro de una vez quién manda en el PSOE pese a la aparente fragilidad de su liderazgo, quizá debería haberse producido mucho antes para dar tiempo a recomponer los inevitables daños colaterales, y no a escasos tres meses de las elecciones municipales y autonómicas. Decía el poeta latino Horacio que la fuerza que no va guiada por la prudencia cae por su propio peso. Y encima Gómez, que sabe que a estas alturas poco tiene que perder, parece dispuesto a resistir 'erguido frente a todo', como le cantaría un actor progre al malvado Wert. Y mientras tanto, el silencio de doña Susana Díaz no puede ser más estruendoso. Entre todos la mataron...

lunes, 9 de febrero de 2015

EL ÉXITO DEL CINE ESPAÑOL, CON MENOS ESTADO

El tono y la intensidad fueron, desde luego, mucho más comedidos que en otras ocasiones, pero en la última Gala de los Goya (espectáculo que suele celebrarse a mayor gloria del sectario artisteo progre que prevalece en el cine español) no faltaron las consabidas quejas y protestas contra un Gobierno de la infame derecha que, como tal, maltrata al cine y sus artistas. Además de las pullas dirigidas al Ministro Wert, esta vez sí presente en la ceremonia, el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, amén de pedir la bajada del un IVA cultural 'maldito' (en la medida en que afecta al precio de las entradas de cine, claro), llegó a aseverar que la cinematografía debería contemplarse como 'un asunto de Estado' (en velada alusión a la escasez durante 2014 de partidas de subvenciones públicas al cine, sector que como es lógico tampoco se ha librado de las necesarias medidas de reducción del gasto).

En efecto, las cifras cantan: 2014, ciertamente, ha sido el año en el que el cine español ha disfrutado de menos subvenciones. Sin embargo, el mismo se ha saldado con un récord absoluto de taquilla; y muy a pesar del 'maldito' IVA cultural, e incluso de la crisis que desde hace décadas sufre el cine en general de resultas de la irrupción de Internet y otras formas de ocio. Pues bien: ¿no deberá el cine español su éxito sin precedentes, del que cabe congratularse, precisamente a la menor intervención del Estado y, por tanto, a haberse sometido en mayor medida a las reglas del mercado, esto es, al exclusivo interés por captar los gustos y demandas del público, y no del poder burocrático-político de turno? No por casualidad, una comedia como 'Ocho apellidos vascos', tan desternillante como sana (y con cuyo argumento se identifica el español medio), o películas de acción y genero policíaco como 'El Niño' o 'La Isla Mínima', han tenido la virtud de generar mucha más expectación y atractivo en el espectador que cualquiera de los panfletos guerracivilistas (con la subsiguiente división entre buenos-buenísimos y malos-malísimos) o ideológico-políticos (por supuesto, sesgados siempre hacia la izquierda) camuflados como películas 'comprometidas'.

En suma, se ha demostrado que hay calidad de sobra para lograr la atención y adhesión del espectador, y sin tener que esperar las desincentivadoras y contraproducentes 'ayudas' de un Gobierno que, además, debe emplear el dinero que sale de nuestros impuestos en otros menesteres de verdadero interés general.

jueves, 5 de febrero de 2015

UN RIESGO OFICIALMENTE 'BAROMETRIZADO'

Calentito y recién salido del horno (y de la cocina). Tal y como se barruntaba, el tan esperado barómetro del CIS de enero, cuyo trabajo de campo se realizó entre los días 2 y 12 del pasado mes, dibuja un posible escenario político inquietante de cara a las próximas elecciones generales, que tendrán lugar en noviembre, diciembre o incluso enero de 2016. El PP se mantiene y conserva la primera posición como partido más votado (con un 27,3%), mientras que, como se anunciaba, Podemos (23,9%) supera a un PSOE que vuelve a colocarse en mínimos (22,2%), lo que lleva a los de Iglesias Turrión al segundo lugar, a algo más de tres puntos del PP y casi dos sobre el PSOE; el cual, por primera vez en la democracia, pierde, al menos de momento, su 'estatus' como principal referencia de las opciones de izquierdas. Se sigue vaticinando, en suma, un panorama político de incertidumbre y con riesgo de inestabilidad, por cuanto un partido populista de ultraizquierda se ha metido de lleno y como una cuña entre el centro-derecha (UCD/PP) y el centro-izquierda (PSOE) que llevan desde 1977 alternándose en el poder.

Ahora bien: cabe puntualizar que sondeos llevados a cabos en fechas anteriores, como los de 'El Mundo' y 'Telecinco', llegaron a situar a Podemos en primer lugar; y que, en cambio, encuestas realizadas en días posteriores a la publicada por el CIS, como las de 'ABC', el propio 'Telecinco' y 'El Diario', señalan una ligera mejoría en el porcentaje de voto y mayor ventaja como primera fuerza política para el PP, e incluso una recuperación de la segunda posición por parte del PSOE y cierto desfondamiento de Podemos en el caso de 'El Diario'. Tendencias muy similares y, por tanto, significativas. Sea como fuere, debemos permanecer atentos a próximas, y es de esperar que abundantes, 'fotos fijas', que no otra cosa son las encuestas de intención de voto.

Mucho se ha disertado sobre las causas del alarmante desgaste experimentado por los dos grandes partidos nacionales (los 'tradicionales') durante estos años de larga crisis económica; en especial un PSOE que, pese a estar en la oposición, no es capaz de capitalizar un descontento con el Gobierno que se ha trasladado mayoritariamente a un partido antisistema (quizá, entre otras razones, porque Podemos representa lo que buena parte de la izquierda ha querido siempre ser pero nunca se ha atrevido ... hasta ahora). Y en cuanto al PP, si bien le queda el consuelo de mantenerse en primera posición, la misma se muestra tan precaria que no le garantizaría ni mucho menos seguir gobernando; además, no debería confiarlo todo a los posibles frutos electorales de la recuperación económica (como además queda otra vez patente en esta misma encuesta), y resulta asimismo muy dudoso que logre movilizar por sí solo un voto útil 'antiPodemos', nueva y legítima estrategia, si antes no se esfuerza en recuperar a tantísimos electores desencantados que no se guían precisamente por la economía: de nuevo, se trata de política pura y dura.

En cualquier caso, un riesgo ha quedado oficialmente 'barometrizado': la irrupción con posibilidades reales de gobernar, y al albur de la difícil digestión de una larga crisis económica, de una opción política populista antisistema. En Francia se llama Frente Nacional, en Grecia Syriza (que ya ejerce el poder con las primeras y nefastas consecuencias) y en España Podemos... pese a que se empeñen en presentarnos a estas dos últimas formaciones como absolutamente lícitas (e incluso razonables y hasta deseables) desde una perspectiva democrática frente a la repulsa total que merece la primera: ya se sabe, un extremismo, el de izquierdas, puede ser hasta bueno y benéfico, pero al otro no lo absuelven ni los votos que pueda llegar a conseguir (argumento que, en cambio, sí se suele utilizar para exculpar a la ultraizquierda). 

Por tanto, y muy a pesar de las censuras y ataques (muchos realmente furibundos) de su legión de seguidores, defensores y voceros que últimamente pululan en las redes sociales (y que consideran 'intocables' y merecedores de patente de corso a sus ídolos; ellos, que deben su triunfo mediático a poner como chupa de dómine a todo lo que se mueve), no hemos de callarnos quienes queremos hacer ver lo que los dirigentes-fundadores de Podemos son e intentan ahora ocultar: esto es, una camarilla de ideólogos marxistoides, que tienen a la revolución soviética como faro ideológico (Monedero 'dixit'), al chavismo como referencia (las loas del Líder Máximo al comandante Chávez todavía resuenan), a la ETA como ejemplo de reacción ante la que tachan de democracia ficticia (ahí están las palabras de admiración del mismo Mesías), las prácticas, cuando menos, éticamente feas e irregulares de sus 'padres fundadores' sin que todavía hayan tocado poder y pese a que exigen a los demás un comportamiento impoluto, sus pulsiones liberticidas cuando vetan a periodistas que cometen el pecado de no comulgar con ellos... Porque, sí, son un partido populista comunistoide, y algunos vamos a seguir resaltándolo porque consideramos que su llegada al poder, no solo sería contraproducente y perjudicial para la economía en general, sino un peligro para nuestro sistema de convivencia democrática nacido en 1978 de un consenso nacional ejemplar (es decir, 'el candado' que pretenden abrir). 

Y luego que cada cual vote lo que considere oportuno llegado el momento: así es la democracia, así es un régimen de libertades.

martes, 3 de febrero de 2015

EL 'SUSANATO' Y SUS PRIMEROS DAMNIFICADOS

El principal problema que aflige al todavía secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (veremos si será merecedor del calificativo de 'el breve'), no es que tenga que competir con Podemos por el electorado más a la izquierda, y que para ello se adhiera al discurso más cenizo (si bien cabe felicitarse de que haya decidido sumarse a un pacto de Estado contra el terrorismo islamista, aunque haya sido más bien a regañadientes), sino que en su propio partido le ninguneen y hasta empiecen a segarle la hierba bajo sus pies: fue, por ejemplo, tremendamente significativa la reunión 'secreta' entre Zapatero e Iglesias Turrión (vaya dos patas para un banco), bajo el auspicio de Bono (qué boda sin la tía Juana). Eso sí, el señor Sánchez no estaría donde está si no hubiese contado con la bendición de doña Susana Díaz, aunque la misma, siempre al albur del 'Susanato' que lleva ideando y proyectando desde que Griñán, señalado judicialmente dentro del conglomerado de los ERE fraudulentos, le cediera la presidencia de la Junta de Andalucía, tenía desde el principio fecha de caducidad: la que ella misma pondría en cuanto decidiera dar el salto a la política nacional. Soporte muy débil y que acabará derrumbándose, llevándose a él mismo consigo; a no ser que atesore una inusitada capacidad de resistencia, claro, cualidad de la que no por casualidad se ha permitido presumir.

Pero no será Pedro Sánchez el único damnificado del iniciado proyecto del 'Susanato': sus hasta ahora socios de Gobierno lo son ya. En Izquierda Unida hay quien se arrepiente ahora de no haber emulado a sus 'camaradas' de Extremadura (abstenerse y dejar gobernar al partido más votado, como en Andalucía el PP), o haber actuado como en los tiempos de Luis Carlos Rejón (y Julio Anguita como coordinador general): situarse en una posición de equidistancia y no hacer de mera bisagra del PSOE con el gastado pretexto de impedir que gobernara la siempre infame derecha. Pero han preferido disfrutar siquiera de las migajas de un poder hegemónico, el del socialismo andaluz desde hace la friolera de 36 años (casi como Franco), e incluso ejerciendo el papelón de cómplices en la ocultación del escándalo de los ERE falsos. Hasta que la nueva gran lideresa del socialismo hispano ha decidido prescindir de ellos en la búsqueda de su gloria particular, como en su momento hará también con su supuestamente 'amadrinado' Pedro Sánchez. Luego que no se extrañen de que el nuevo partido de ultraizquierda les borre del mapa electoral.

Porque, por mucho que algunos se empeñen en hacernos comulgar con ruedas de molino, la única razón que ha llevado a Susana Díaz a adelantar la fecha de las elecciones andaluzas es su propio y particular interés en adquirir y presentar el mérito de una victoria en las urnas, antes de que al fenómeno mediático de Podemos le dé tiempo de asentarse en Andalucía (y, de paso, pillar así al PP y a su nuevo candidato con el paso cambiado), y a la espera de que Pedro Sánchez se estrelle electoralmente en los comicios municipales y autonómicos de mayo. Y, entonces sí, tener el camino allanado para incluso aspirar a La Moncloa como 'presidenciable' socialista. Aunque las encuestas, al menos de momento, no le dibujan un panorama nada fácil: todavía muy lejos de la mayoría absoluta, frente a un PP a la baja pero rocoso y pisándole los talones, y a Podemos situado como tercera fuerza política. Con lo cual, de confirmarse tal estado de cosas el 22 de marzo, a doña Susana no le quedaría más remedio para gobernar que elegir entre el PP y Podemos (que, por cierto, y pese a su discurso 'anticasta', se ha ofrecido ya a hacer de Izquierda Unida, esto es, de soporte de un Gobierno del PSOE de Andalucía, el mismo que tiene en sus filas a tantísimos encausados por los ERE fraudulentos); el optar por uno u otro pacto podría tener su eco, repercusión y hasta reflejo en la misma política nacional.

lunes, 26 de enero de 2015

LA DEMAGOGIA, EN LA GRECIA DE ARISTÓTELES

'La turbulencia de los demagogos derriba los gobiernos democráticos'. Aristóteles, filósofo griego.

Ya nos lo advertía el Estagirita en su 'Política', nada menos que en el siglo IV a. C., y en la mismísima Atenas: la democracia, como forma pura de gobierno del pueblo, corre el riesgo de degradarse, corromperse y convertirse en demagogia cuando se imponen los demagogos, los meros 'aduladores del pueblo'. Pues bien, avanzado ya el siglo XXI, y 25 años después de la caída del Muro de Berlín y el subsiguiente colapso del totalitarismo comunista en la Europa del Este, el electorado griego se ha echado literalmente en brazos del populismo antisistema: no es solo que los ultraizquierdistas de Syriza hayan rozado la mayoría absoluta (el sistema electoral que antes denostaban les ha favorecido, y mucho, en esta ocasión), sino que los neonazis de Amanecer Dorado, cuyo líder se halla cumpliendo pena de cárcel, han logrado ser la tercera fuerza política.

Ha triunfado claramente, pues, el discurso extremista (y absolutamente demagógico) contra 'la austeridad' (antaño virtud de raigambre cristiana consistente en gastar en lo estrictamente necesario; ahora, y coincidiendo con la crisis moral desde hace años vigente, bicha), contra las políticas de ajuste y reformas económicas (muchas de ellas exigidas como contraprestación a los préstamos financieros, y que en Grecia no han llegado a aplicarse nunca del todo bien), contra 'la Troika' (es decir, fundamentalmente contra una Unión Europa que salió a su rescate a petición de la misma Grecia y, por cierto, con las aportaciones procedentes de los impuestos de todos los europeos; españoles, por tanto, incluidos) y contra el sistema en general (exprimiendo el uso de una demagogia fácil en los actuales y difíciles tiempos de 'digestión' de una larga crisis económica).

Así pues, nada impide que el 'Podemos griego' (pese a su sorprendente pacto con la derecha nacionalista griega; colectivista e intervencionista al fin y al cabo) aplique desde el primer día en que tome posesión del Gobierno su disparatado programa antieconómico basado en una ilimitada expansión del gasto público (cómo hacerlo posible es harina de otro costal), drásticas subidas de impuestos 'a los ricos' (que, como muestra irremisiblemente la experiencia, siempre termina afectando a las clases medias que cobran por nómina) y numerosos impedimentos al libre mercado (dentro de una ya de por sí muy intervenida economía griega). Y si finalmente el nuevo Ejecutivo heleno no paga la deuda de la manera pactada, es decir, incumple los contratos y compromisos adquiridos, siempre se puede salir de un euro en el que quizá jamás se debió entrar; máxime los 'recortes', 'sufrimientos' y 'penurias' que, según el mismo populismo demagógico victorioso, la integración en la moneda única europea ha terminado provocando en el noble y castigado pueblo griego.

En Grecia a partir de ahora saborearán las mieles de la tierra prometida por la nueva (pero casposa) izquierda mesiánica. Así lo ha querido la mayoría en las urnas. Adelante, pues. En otros lares de la vieja Europa a buen seguro que se tomará cumplida nota.

sábado, 24 de enero de 2015

LA NACIÓN ESPAÑOLA TAMBIÉN ES CASTA

El Intocable y Providencial Mesías de la Santa y Madre Izquierda tuvo a bien plasmar en un artículo que escribió en 2008, y a propósito del gran papel de nuestra magnífica Selección de baloncesto en las Olimpiadas de Pekín, su aprensión hacia nuestros símbolos nacionales, a los que se permitió reputar como herencias del franquismo. Si este señor, Dios y los votantes españoles no lo quieran, consiguiera su objetivo de conquistar el Gobierno ('el cielo') y, de paso, hacer trizas el consenso constitucional ('el candado') del 78, ¿qué himno nos impondría para sustituir a la vigente 'cutre pachanga fachosa' (que, para los ignorantes e iletrados a los que se dirige, no inventó Franco, sino que data de los tiempos de Carlos III)? ¿El de Riego de la idealizada (pero desastrosa) II República, o quizá directamente 'La Internacional' del comunismo y demás izquierda, esa sí, casposa (con las debidas referencias a 'los pobres del mundo' y la 'famélica legión' de quienes se están forrando más que 'la casta')?

¿Y qué bandera en lugar de la rojigualda (que tampoco ideó el Caudillo, sino que también surgió durante el mandato del llamado Rey ilustrado)? ¿La tricolor, construida en su momento de manera tan artificial que hasta se basó en un error histórico (el supuesto color morado de la bandera de Castilla, que no era tal), o, puestos a evitar los equívocos, la roja comunista de toda la vida con su hoz y su martillo?

No estaría de más que concretara estos extremos, si bien sí ha dejado claro que le repugna tanto el 'nacionalismo español' (vamos, la misma existencia de España, su larga historia y su unidad política como nación de ciudadanos libres e iguales) como respeta y admira a otros nacionalismos que son de carácter etnicista, disgregador y, en suma, antiespañoles; en especial el catalán (sabido es que se adhiere al 'derecho a decidir' del separatismo) y, por supuesto, el vasco (qué decir de los elogios y piropos que le ha dedicado a 'la lucha' de los etarras y sus adláteres).

Parece ser que, para Iglesias Turrión, la nación española, no es que sea ya un 'concepto discutido y discutible' como sostenía su ínclito y recién descubierto contertulio, sino también casta. Y debemos saber a estas alturas lo que ello significa e implicaría.

viernes, 23 de enero de 2015

VEINTE AÑOS SIN GOYO


 Hoy se cumplen 20 años del asesinato de un héroe de España y la libertad: Gregorio Ordóñez. Me permito reproducir aquí un particular y modesto homenaje que le rendí ayer en un artículo en el diario La Opinión de Murcia. #GoyoNoTeOlvidamos

A Gregorio Ordóñez, Goyo para los amigos, le picó desde muy joven el gusanillo de la política: de ahí que se afiliara a las Nuevas Generaciones de Alianza Popular y, tras una breve etapa como periodista, llegara a ser elegido concejal con apenas 24 años. Pero no en cualquier lugar de España: nada menos que en San Sebastián, capital de Guipúzcoa, la provincia vasca donde el entonces hegemónico nacionalismo vasco, y especialmente la rama proetarra, siempre había logrado más adhesiones en las urnas; y no en una época cualquiera: fue durante aquellos años de plomo en los que la banda asesina ETA y sus adláteres imponían el miedo en la sociedad vasca por medio del crimen y la extorsión. Pues bien, Goyo creía firmemente que ya era hora de cambiar tan vil y lamentable estado de cosas, o al menos de intentarlo; y él quiso poner su granito de arena, con el que finalmente construyó toda una montaña que llegó a mover los cimientos del terror instalado política y socialmente en el País Vasco.

Ahora que la popularidad de los políticos en general se encuentra bajo mínimos, Goyo en cambio encarnaba el mejor ejemplo de la más noble, generosa y grandiosa vocación política. Porque, en efecto, demostrando un carácter y una valentía realmente inusitados, sobre todo por aquellos pagos, dio una voz clara, rotunda y contundente a los muchos donostiarras y vascos en general que, pese a su forzado silencio, deploraban las injusticias y desmanes derivados de un nacionalismo obligatorio y la dictadura impuesta por los pistoleros. Pero no solo rompió moldes como inagotable e implacable azote dialéctico del terror etarra: como concejal delegado y primer teniente de alcalde que fue supo mostrarse sensible a las necesidades y demandas de los ciudadanos y las posibilidades de mejora de la capital donostiarra y actuó en consecuencia. De ahí que como gestor municipal se ganara también la simpatía, el aplauso y el apoyo de cada vez más vecinos.

La subsiguiente cosecha electoral no tardaría mucho en llegar: así, bajo la presidencia de Goyo, el Partido Popular pasó de ostentar una presencia anecdótica en el ayuntamiento de San Sebastián a, primero, situarlo como fuerza política decisiva para propiciar un pacto con el PSE y el PNV con el fin de evitar un gobierno municipal proetarra (lo que llevaría por primera vez al socialista Odón Elorza a la alcaldía donostiarra); y apenas tres años después, como partido más votado en las elecciones europeas de 1994, lo que supuso todo un hito histórico. Por tanto, gracias a sus posiciones políticas firmes y absolutamente comprometidas, Goyo había adquirido méritos suficientes como para tener posibilidades de llegar a ser nada menos que alcalde de San Sebastián, pronóstico que se hubiese tachado de delirante cuando empezó su carrera política allá por 1983. Sin embargo, ahí estaba, casi al alcance de la mano.

Pero que un españolista que, encima, cantaba las verdades del barquero rigiera la capital donostiarra y la convirtiera en una especie de ciudadela de la resistencia contra la dictadura del terror en plena Guipúzcoa no lo iban a permitir esos mismos matones que la llevaban imponiendo a sangre y fuego. De tal manera que los criminales etarras, totalitarios marxista-leninistas, volvieron a aplicar su siniestra máxima: donde hay pistolas y bombas, que se quite la voluntad popular. Y, cumpliendo sus amenazas, lo asesinaron un 23 de enero, hace veinte años, como es propio de semejantes alimañas: cobardemente. Habían conseguido matar a la persona, pero no a su espíritu combativo e indomable. Así, el testigo de Goyo como candidato a Alcalde de San Sebastián lo cogió un insigne donostiarra, de largo historial en la lucha contra el terrorismo etarra: Jaime Mayor Oreja, siempre dispuesto a dar la cara en las peores circunstancias. Y con él y el recuerdo de Goyo el PP logró ganar las elecciones municipales de 1995 en la ciudad de la Bella Easo y, lo que fue especialmente satisfactorio, consiguió superar en votos por primera vez en la historia a Herri Batasuna, la marca política etarra de entonces.

Fue, pues, un éxito sin precedentes, si bien Mayor Oreja fue apartado del gobierno local por un pacto 'tripartito' del PSE de Odón Elorza, que a partir de ese momento se transmutó en pronacionalista, con los nacionalistas de PNV y EA.El extraordinario ejemplo de la valentía y la firmeza de Goyo estuvo siempre presente en la batalla sin cuartel que desde distintos frentes se mantuvo contra la banda terrorista ETA y que, con la épica contribución de tantos de quienes también dieron su vida por España y la libertad, condujo a los indudables logros de, en especial, las legislaturas de Aznar.

Y ahora que, por desgracia, la que parecía una victoria incontestable de nuestro Estado de Derecho frente a un terrorismo derrotado policial, política y socialmente, lleva tiempo viéndose empañada por graves reveses en el terreno judicial y político (sin ir más lejos, los proetarras de Bildu gobiernan la alcaldía de San Sebastián; gracias, eso sí, a que fueron los más votados en las urnas, aunque también debido a la ausencia de altura de miras, o más bien de gallardía, de quienes no han querido reproducir aquel pacto de 1991 entre PP, PSE y PNV), más que nunca es necesario defender la memoria de todo un héroe de nuestra democracia: Gregorio Ordóñez. Su legado de coraje y entereza frente al totalitarismo etarra no ha de quedar en vano.